Corto Maltés y los estados modificados de consciencia

Juan Carlos Usó. Noviembre 2025

Pretender a estas alturas introducir a Corto Maltés puede resultar pretencioso y hasta ridículo, pues el famoso personaje de cómic es harto conocido. Como es sabido, Corto Maltés, a quien su creador ―el historietista, dibujante y escritor italiano Hugo Pratt― transfirió algunos rasgos de su propio perfil biográfico, es un enigmático lobo de mar de nacionalidad británica que vive en las primeras tres décadas del siglo XX. Nacido en la capital de Malta en 1887, hijo de un marinero de Cornualles y una prostituta sevillana de etnia gitana, conocida como la «La Niña de Gibraltar», Corto Maltés pasó su infancia en Córdoba, donde fue iniciado en el estudio de la cábala y el Talmud por un rabino llamado Ezra Toledano. Un día, una gitana amiga de su madre quiso leerle la mano y descubrió que no tenía línea de la fortuna. Corto, entonces, se grabó una a su gusto con la navaja de afeitar de su padre, aunque no le gusta que nadie la vea.

Hugo Pratt

A partir de ese momento comienzan las aventuras de este «pícaro con un corazón de oro», que se desarrollan en doce novelas gráficas, publicadas entre 1967 y 1988, que cubren el período comprendido entre 1904 y 1925 y tienen como escenario numerosos países a lo largo y ancho de todo el mundo.

Tintín como antecedente

Así como Alejo Alberdi analizó los estados alterados de consciencia en la serie de «Las aventuras de Tintín» (ver Cáñamo, núm. 114, junio de 2007, pp. 40-43, primera parte y Cáñamo, núm. 117, septiembre de 2007, pp. 42-45, segunda parte), no nos consta que nadie se haya ocupado del mismo asunto en las historietas protagonizadas por Corto Maltés. Esta laguna seguramente tiene que ver con el hecho de que Hugo Pratt (1927-1995), aunque reconoció haber probado las drogas que eran más comunes en su época, asimismo afirmó que nunca le interesaron particularmente, ni por tanto formaron parte de sus prioridades. De hecho, Pratt señaló que, en su juventud, lo que le impulsó a viajar no fue el leitmotiv «sexo, drogas y rock’n’roll», sino las obras de arte, llegando a mencionar a De Chirico y Picasso, a quienes consideraba sus «rock stars» particulares. Es decir, el tema de las drogas aparece ocasionalmente en su ficción para ambientar o como parte de la trama en ciertas aventuras, pero no parece haber sido una obsesión ni para el autor ni para su obra.

Sin embargo, aunque así sea, no está de más hacer un somero repaso en sentido psicoactivo de las historias de Corto Maltés, que encarna un prototipo de adalid atípico, totalmente alejado de los cánones del héroe clásico.

Corto Maltés

Primera referencia

En Las etiópicas (1972), Hugo Pratt nos ofrece una cruda mirada al África colonial. Con los últimos coletazos de la Primera Guerra Mundial (1914-1918), las potencias europeas llevan la contienda hasta el continente africano en su afán por dominar las colonias. En las cuatro historias que componen la aventura, vemos a Corto Maltés recorrer el Reino Mutawakkilita de Yemen, el Imperio etíope, el Protectorado británico de Somalilandia y otros lugares.

En la historia titulada “De otros Romeos y de otras Julietas”, cuya acción se desarrolla en Abisinia, un nativo llamado Cush ―una de las creaciones más queridas de Pratt― acompaña a Corto Maltés, cuando se encuentran con Shamael, el gran brujo que puede escuchar la voz de los muertos. Una vez llegados a la aldea de Cush se enteran de que su hermano Rhomh ha sido acusado de raptar a su amada Fala Mariam, que es hija de Ras Jacob, jefe de una tribu cristiana. El matrimonio entre un musulmán y una cristiana está absolutamente prohibido, por lo que el choque entre las tribus parece inevitable, al menos hasta la intervención de Shamael… Durante este episodio, nuestro héroe, en medio de esta difícil situación fuma hachís con su amigo. Bajo su influencia, tiene una serie de visiones y recuerda efectivamente a varias mujeres de su pasado, aunque la lista varía ligeramente dependiendo de la edición.

Las etiópicas

Tres lugares secretos

La segunda referencia la encontramos en Fábula de Venecia (1977), cuya historia se desarrolla en una Venecia esotérica y oculta, durante el ascenso del fascismo en 1921. Corto Maltés recibe una invitación para recorrer los rincones secretos de la ciudad de los canales en busca de una esmeralda fabulosa: la Clavícula de Salomón. Pero nuestro héroe no es el único participante en esta búsqueda, siendo perseguido por un grupo de jóvenes fascistas que aman y practican la violencia. Corto se salva irrumpiendo en medio de una reunión masónica. Pistas y enigmas se entrecruzan con disparos y emboscadas sobre el telón de fondo de la capital de la región del Véneto, que, con su laberinto de callejuelas, canales y patios escondidos, siempre ha sido un escenario perfecto para historias de misterio y donde la magia y la fantasía se entrelazan con la existencia. En una de las viñetas de esta, en la que se mezclan mito y realidad, y en las que las leyendas se adueñan de la narración, ejerciendo su magnetismo sobre varias generaciones de lectores, Hugo Pratt describe el siguiente pasaje:

“Hay en Venecia tres lugares mágicos y escondidos: uno en la calle dell’Amor degli Amici; otro en las proximidades del puente de le Maraveglie, y el otro en la calle dei Marrani, cerca de San Geremia, en el viejo Ghetto. Cuando los venecianos se cansan de la autoridad establecida acuden a estos tres lugares secretos y, abriendo las puertas que se encuentran al fondo de los patios, se van para siempre a países maravillosos y a otras historias”.

Hay en Venecia tres lugares mágicos…

Por supuesto, esos tres lugares existen, es decir, son reales. La calle del Amor de los Amigos se encuentra muy próxima a la basílica de Santa María Gloriosa dei Frari, en el llamado Campo dei Frari, en pleno corazón del sestiere o distrito de San Polo. El denominado puente de las Maravillas, que es uno de los más de cuatrocientos puentes que tiene Venecia, se ubica en el distrito de Dorsoduro, cruza el río de San Trovaso, conectando Fondamenta Toffetti y Fondamenta Priuli. Este puente de ladrillos rojos, con elementos góticos y escudos de armas en piedra de Istria, está rodeado de un aura de misterio y romance. El nombre podría derivar de una familia noble veneciana o de las maravillas que ofrece el panorama desde este punto. Por último, la calle de los Marranos ―término despectivo que se daba a los judíos que fueron forzados a convertirse al catolicismo por la Santa Inquisición, pero que siguieron practicando su religión en secreto― se halla en el gueto.

Calle del amor de los amigos

Puente de las maravillas

Calle de los marranos

Gueto viejo

En principio, la interpretación del párrafo en cuestión dentro de la obra sería preferentemente esotérica y metafórica. Los “tres lugares mágicos” representarían puertas o vías de escape o evasión ―a través del sueño, la imaginación o el misterio― de la opresiva realidad de la época, caracterizada por el ascenso de los camisas negras del Partito Nacional Fascista (PNF). De hecho, al final de la historia, el propio Corto Maltés reflexiona sobre si la legendaria esmeralda “está hecha de la misma materia que los sueños”, sugiriendo el que la frontera entre el sueño y la realidad puede difuminarse hasta resultar prácticamente irreconocible.

Por otra parte, la existencia de puertas secretas que conducen a otros mundos es un motivo clásico en la literatura fantástica, estrechamente relacionado con el anhelo humano de trascender la realidad cotidiana, que sugiere un deseo de libertad y, a la vez, una conexión con lo sobrenatural.

En este sentido, los tres lugares mencionados ―calle dell’Amor degli Amici, ponte delle Maraveglie y calle dei Marrani―, en el contexto descrito por Pratt, serían portales para un viaje interior o fantástico, no necesariamente inducido químicamente. Dicho de otro modo, que el encuadre literario y la intención de Pratt apuntarían a la fuga, a la fantasía y al esoterismo como alternativa a la autoridad, más que al uso de alucinógenos.

La hipótesis psicoactiva

Sin embargo, aunque la cita, por sí misma, no sugiera directamente que los venecianos ingirieran alguna sustancia visionaria o alucinógena, no podemos perder de vista que entre el siglo IX y 1797, cuando fue invadida por las tropas del general Napoleón Bonaparte, la República de Venecia ―conocida como La Serenissima― fue una ciudad-Estado independiente que funcionó como centro neurálgico del comercio entre Oriente y Occidente. Esta circunstancia facilitó la importación de mercancías exóticas, incluidos productos con propiedades medicinales y psicoactivas. Entre dichos productos debemos mencionar, como mínimo, el hachís y, sobre todo, el opio, comúnmente utilizado en la elaboración de remedios antiguos como la triaca ―también conocida como theriaca o triaca magna―, una preparación muy compleja y costosa, considerada una panacea y consumida por personas pudientes y acomodadas, a menudo como tónico o para dormir, aunque también se empleaba como analgésico, sedante y, en algunos casos, con fines eutanásicos. Por no mencionar otros agentes vegetales psicoactivos autóctonos de Europa, y bien conocidos, como la belladona, que se empleaba en la medicina popular para inducir el sueño o como analgésico, y también muy empleada por las damas ―haciendo infusión con sus hojas― para blanquear el cutis y cuyos jugos también utilizaban para provocar la dilatación de las pupilas (midriasis), todo ello con fines estéticos (de ahí el nombre “bella donna”).

Podemos concluir diciendo que la idea de una huida a un mundo desconocido, de ensueño o alternativo, es un concepto muy recurrente en la literatura y el arte, especialmente de signo fantástico. Y, en efecto, cabe la posibilidad de que Pratt recurra a esta interpretación simbólica de la evasión mental, la fuga de la realidad o el refugio en la imaginación y la fantasía como una forma de escape de las frustraciones de la vida cotidiana o la autoridad. Pero tampoco podemos descartar que esos “países maravillosos y otras historias”, como metáforas de la fuga de la realidad y la imaginación como refugio, evoquen experiencias de auténticos viajes psiquedélicos.

Otras referencias

En la aventura titulada La casa dorada de Samarkanda (1980), un manuscrito de Lord Byron, escondido en la cúpula de la mezquita de Kawakly, en la isla de Rodas, sirve como punto de partida para esta aventura, ambientada entre 1921 y 1922 y cuya acción se desarrolla en Turquía, Azerbaiyán y el mar Caspio. Nuestro héroe se propone encontrar el fabuloso tesoro de Alejandro el Magno, siguiendo las huellas de la legendaria Ruta de la Seda. Sin embargo, Corto Maltés interrumpe su búsqueda cuando se entera que su amigo Rasputín ―que ya había aparecido en varias aventuras anteriores y asimismo aparecería en otras posteriores― se encuentra preso en una cárcel de Samarcanda (República de Uzbekistán), conocida como “La casa dorada”.

La casa dorada de Samarcanda

Desfilan por esta historieta toda una serie de personajes fascinantes, como Stalin y el oficial otomano y líder del panturquismo Enver Pashá, y grupos no menos fascinantes como derviches giróvagos, adoradores del demonio y miembros de la Secta de los Asesinos o Hashashins, fundada por Hasan-i Sabbah en el siglo XI y cuyo apelativo provenía del uso que hacían de hachís. Y todo ello sin contar a los diversos ejércitos que combaten en la región, por lo que el protagonista debe enfrentarse a situaciones extremadamente difíciles. De hecho, cae en manos de los bolcheviques y se libra por muy poco de acabar ante un pelotón de fusilamiento.

La mención a las drogas es lacónica, pero aleccionadora, pues hace referencia a su buen amigo Rasputín, que sigue fiel a su reputación de no ser precisamente un dechado de virtudes, “usando drogas cuando no toca”. Lo cual alinearía a Corto Maltés/Hugo Pratt con la política que hoy conocemos como reducción de riesgos y daños.

El filtro de Paracelso

Seguramente, la historia en la que se manifiesta un estado alterado de consciencia más intenso es Las helvéticas (1987). En esta aventura, que transcurre en 1924, Corto Maltés acompaña a su amigo Jeremiah Steiner en un viaje hasta la localidad suiza de Montagnola, en el cantón del Tesino (la Suiza de habla italiana), donde reside el escritor alemán Hermann Hesse. El futuro Premio Nobel de Literatura, que asume el rol de catalizador en esta historieta, proporciona a Corto Maltés un extraño brebaje, denominado “filtro de Paracelso”, y, crucialmente, le presta un libro titulado Parzival, relacionado con el ciclo artúrico, cuyo efecto combinado sumerge a nuestro héroe en un extraño sueño en el que se funden magia, alquimia y leyenda, transportándolo a una búsqueda del Santo Grial. En el fondo, se trata de un recurso literario para mezclar realidad y fantasía, por lo demás muy prattiano.

Las helvéticas

El libro en cuestión nos remite al famoso poema épico escrito por Wolfram von Eschenbach a principios del siglo XIII, que sirvió de base para la famosa ópera Parsifal de Richard Wagner. Por lo que respecta al “filtro de Paracelso”, que sin duda alude al elixir de la vida y/o la piedra filosofal, en ningún momento se desvelan los ingredientes de la pócima maravillosa, pero el hecho de que se atribuya a Theophrastus Phillippus Aureolus Bombastus von Hohenheim, más conocido como Paracelso, nos ofrece algunas pistas. No en vano Paracelso, a quien se le atribuye la frase dosis sola facit venenum («la dosis por sí sola hace al veneno»), fue el primero en entender que ciertos venenos, administrados en pequeñas dosis, podían funcionar óptimamente como medicamentos.

De alguna manera, la ingesta del filtro se vincula al tema de la alquimia, asociándose con el rejuvenecimiento o la eterna juventud, e incluso con la inmortalidad, algo que viene a subrayar la naturaleza atemporal, prácticamente inmortal, de Corto Maltés y su conexión con lo oculto y los misterios ancestrales, como el continente perdido de Mû, cuya búsqueda centrará la última aventura de nuestro héroe.

La resurrección de Corto Maltés

Hemos aludido a Mû, el continente perdido (1988) como la última aventura de Corto Maltés. Sin embargo, después de dos décadas de silencio, el guionista Juan Díaz Canales y el dibujante Rubén Pellejero decidieron certificar ese carácter inmortal de Corto Maltés con la publicación de Bajo el sol de medianoche (2015), álbum al que siguieron los espléndidos Equatoria (2017) y El día de Tarowean (2019). Luego les tomó el relevo una pareja creativa de origen francés, formada por el guionista Martin Quenehen y el dibujante Bastien Vivès. Juntos firmaron Océano negro (2021) una aventura independiente, renovadora, original y absorbente que reinterpreta en clave actual al marino más melancólico del siglo XX, actualizándolo para hacerlo funcionar en el entorno cambiante del siglo XXI. Estos mismos autores publicaron posteriormente una nueva entrega titulada La reina de Babilonia (2024), ofreciendo una versión insólita, pero muy respetuosa, del célebre personaje de Pratt.

Mû, el continente perdido

La reina de Babilonia

Naturalmente, el regreso de Corto Maltés de la mano de otros autores distintos a su creador original, ha suscitado división de opiniones. Así, mientras unos no le encuentran mucho sentido al retorno de este personaje aparentemente cínico, individualista y egocéntrico, pero marcado por la lealtad y la solidaridad humana, época completamente distinta a la que le corresponde, otros, en cambio, piensan que Pratt se sentiría orgulloso de ver cómo estos jóvenes creadores han continuado dando vida, como se merece, a este héroe del cómic.

Sea como sea, debemos constatar que la adicción a las drogas es el desencadenante de la acción en el último álbum mencionado, pues la mayor parte se desarrolla a partir de su intento de ayudar a Marcus, un amigo pirata que lucha contra una severa drogadicción. Una fiesta en un yate privado es la primera etapa de un descenso a los infiernos que conduce a Corto Maltés desde los exclusivos festejos de la jet set veneciana hasta el corazón sangrante de Irak, pasando por la costa croata, los arrabales de Sarajevo y las callejuelas de Estambul por un camino que está empedrado de buenas (y malas) intenciones, pero también de traficantes de drogas, terroristas y agentes de la CIA.

Desde luego, los estados alterados o modificados de consciencia tienen mayor peso en las aventuras de Tintín que en las de Corto Maltés. Pero, aunque solo fuera por rendir un pequeño tributo a este héroe romántico, en contradicción con su aparente cinismo, merecía la pena realizar este párvulo inventario psicoactivo.

ulises.online
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.