El puto neXus2025 (de los cojones)

Martín S. Bellaco. Octubre 2025

Un cronicón largo e hiperadjetivado de nuestro lenguaraz enviado especial a Málaga, Martín S. Bellaco.

Martín S. Bellaco

Martín S. Bellaco

¡Buenas tardes! Yo soy un tío bastante guay, la verdad. Y guapo, encima. Mi abuela me lo decía siempre: “¡Ay!, mi Jesusete, ¡¡el niño más guapo de Cuatro Caminos!!”. No lo digo sólo por vacilar, que también lógicamente, sino para que se pongan ustedes correctamente en situación y puedan entender cabalmente lo que viene: el jueves 9 de octubre del año en curso, llegaba a Málaga un tío guay, listo para hacerse el guay en un evento mega guay, que habían organizado los super-ultra-guays integrantes de la Familia Ulises, más conocida desde entonces como “Los de la Droga”, en Rincón de la Victoria y costas aledañas.

En Málaga, la cosa de la Droga venía ya calentita del día anterior, cuando el simpar José Carlos Bouso había presentado su último libro -como todos los suyos, de lectura obligada-, un bonito tochete titulado “Medicina psiquedélica. Manual para pacientes, clínicos, usuarios y curiosos” (Ed. Kairós). Lo hizo en ese templo cultural que es el tercer piso de la Librería Proteo en la capital malaguita y bajo los auspicios del incansable curator y culturizator Héctor Márquez, tocado con un elegante sombrero gris para la ocasión. Ese mismo jueves, en idéntico escenario y con el mismo maestro de ceremonias (esta vez con un coqueto y pintón sombrero azul índigo), el maestro Juan Carlos Usó presentó por enésima vez su imprescindible tomaco “Historia del ocio nocturno en España” (El Desvelo Ediciones), que ya se deberían haber leído ustedes un par de veces como mínimo. Entre el público se distinguían foráneos, foráneas y foránees con pintas extrañas, sonrisas cómplices y pelos bizarros, que la gente más puesta identificó rápidamente como la vanguardia de los asistentes a Nexus 2025: Consciencia, cultura y visión psiquedélica. A eso, con su venia, es a lo que vamos.

El tercer piso de la librería Proteo

La cosa comenzaba oficialmente el viernes 10 de octubre, aunque la noche del jueves, esa avanzadilla de “Los de la Droga”, liderada por un Bouso que oficiaba de capitán local, ya estuvo animando las terrazas del centro de La Cala del Moral con sus risas extemporáneas, sus pupilas levemente dilatadas y sus simpáticas batallitas drogófilas. Tras un sueñecito reparador, un paseíto frente al Mediterráneo, un papeo friendly con Gaia en muy buena compañía (ese Bruno Galindo de moda) y una breve siesta para coger aún más fuerzas ante lo que se venía, nos fuimos encontrando todas, todos, todes y totus, como el que no quiere la cosa, en el Restaurante Liceo Playa, uno de los tres marcos incomparables en los que se escenificó este Nexus 2025, que ya es Historia, así con mayúsculas, de Las Cosas de la Droga.

Plaza de La Cala del Moral

Abrió el fuego nuestro inigualable Maestro de Ceremonias -que ejerció como tal durante todo el fin de semana-, Miguel Castejón, el hombre con la sonrisa más amplia del Universo, quien presentó, con su habitual y discreto savoir faire, el inefable cónclave, para dar paso, a continuación, al siempre elegante Héctor Márquez, que esta vez cubría su privilegiado cráneo con un distinguido sombrero azul celeste. Héctor tuvo un sentido recuerdo para los Maestros de la Droga que han abandonado este plano temporal en los últimos años, que han sido muchos y muy importantes, por desgracia. Tras nuestro librero malaguita de cabecera, llegó el entremés cómico de las psiquedélicas jornadas: el docto extremeño Jonás Sánchez Pedrero y éste, su escasamente humilde servidor, conminados a presentar la revista Ulises, así in yeneral, y su flamante último número, el 27, en particular. Les confieso que éste, su seguro servidor, estaba un poco abrumado. Acababa de conocer en persona a un nutrido grupo de seres maravillosos, a la mayoría de los cuales sólo había tratado virtualmente o de oídas. Constaté, además, que se trataba en general de personas aún más guays que éste, su pimpante servidor, lo cual, estadísticamente, es difícil, difícil y complicado. En fin, entre eso y que mi compañero de faena, el eminente Doctor Sánchez Pedrero, hizo un lírico y brillante recorrido por la historia de la revista Ulises desde 1997, que se había traído preparado de casa y que culminó, en un rapto de populismo oratorio, repitiendo hasta dos veces la palabra “enjundia”, que viste muchísimo y que arrancó el lógico aplauso enfervorecido de la concurrencia, me encontré solo ante el abismo… Para colmo de desgracias psiquedélicas y oprobio de mi eminente persona, no funcionaba la tecnología que debía proyectar en pantalla grande las imágenes de la nueva revista y, por si el desaguisado no fuera suficiente, tampoco había disponibles ejemplares físicos del novísimo Ulises 27… Hete aquí que debía presentar una revista fantasma, salvo por el taco de folios que me había imprimido en mi domicilio. Ante semejante panorama y, a qué negarlo, bajo la influencia de una leve chispa alcohólico-cannábica maridada con detalles estimulantes de calidad, opté por tirar del único género que domino, el cachondeo gratuito, para pasar aquel trance. Mal que bien, cubrí el expediente sin tener que recurrir a contar chistes de Eugenio. En todo caso, como no hay pruebas de la existencia real en este plano físico del mítico Ulises 27, pues la peña se tuvo que tragar lo que yo dijera o dijese. Ocasión que me sirve para que ustedes entiendan hasta que punto la confianza mutua es una de las señas de identidad de “Los de la Droga”.

Héctor Márquez

Tras mis hiperbólicas chaladuras, le tocó el turno al nunca suficientemente bien ponderado Juan Carlo Usó y su oblicua perilla desigual, que nos dio una magnífica charla sobre “Málaga en la deriva de Ulises”, con especial atención a Torremolinos, y me humilló doblemente: primero por su sapiencia y buen hacer y, segundo, porque a él (que puta casualidad) si le funcionaba la tecnología y pudo ilustrar sus doctas palabras con unas bonitas imágenes ad-hoc proyectadas sobre un sabanón. Consecuentemente se llevó otra merecida ovación. Porca miseria!

Juan Carlos Usó

La primera noche de este Nexus 2025 ya legendario, la cerró un poeta. Tócate los cojones. Este, su voluntarioso servidor, que sólo admira un poco a cuatro o cinco poetas, todos ellos muertos y enterrados, se tuvo que comer la tonante lectura del gigantesco Antonio Orihuela, que me llegó al alma y me dejó transido y acongojado como palomita nueva. A Antonio tampoco le funcionó mucho la tecnología, en este caso la lumínica, pero, en su caso (¡otra puta casualidad!), fue deshecho el entuerto. Rápidamente salió al quite el siempre atento Miguel Castejón, para iluminarle los papeles con su teléfono inteligente. Que fue ya lo que me faltaba, la voz rotunda de Orihuela, su verbo restallante, festoneado por el mágico efecto de la luz plateada que dibujaba en su cara un antifaz metálico de bombillas LED hasta convertirle, qué sé yo, en un sobrecogedor Ginsberg o en un Kavafis de ultratumba, que nos dejó estremecidos y con los ojos brillantes bajo la noche malaguita. Ya les digo que tiene cojones la cosa.

Miguel Castejón y Antonio Orihuela

Algo debieron echarme en la droga aquella noche fatídica, pues de ahí en adelante todo en Nexus 2025 me resultó raro e incierto. Incierto no quiere decir falso, como creen el común de los infraseres y sus representantes políticos en el siglo 21, sino dudoso o escasamente claro. Aclarada la cuestión, prosigo. Este, su intrépido servidor, compartía habitación -en catres separados, ojo, que hablamos de dos señores mayores y cisgénero, como se dice ahora- con el celebérrimo Juan Carlos Usó. Para terminar tan inolvidable velada y celebrar su recién comenzado sexagésimo sexto cumpleaños, no sé bien a que suerte de prestidigitación farmacológica me sometió mi popular compañero, maestro y amigo, pero me vi trasladado a un mundo metálico de altas e inalcanzables cumbres teñidas de blanco nuclear, sobrevoladas por mágicas gaviotas de alas luengas y mecido por una música étnica que reverberaba en todos mis pobres chakras de chavalote del Cuatroca. Por aquellos paisajes sinápticos alterados vagué, como quien dice, estupefacto, durante algo más de una hora que pareció una semana y, a la vez, un fugaz instante. Todo era nuevo y, al mismo tiempo, tremendamente familiar. Estrambótico pero molón. Tras regresar, descender o volver a materializarme, allí seguía yo, un menda de mediana edad en pijama, tumbadito en el camastro de mi hotel junto a un Usó que me sonreía, entre beatífico y áulico, con la perilla bailando. Voy a repetirlo porque me obsesiona y aterra: algún desaprensivo, desaprensiva o desaprensive me echó algo en la droga, pues a mi rara vez me pasan esas cosas tan raras… Fuera como fuere, y aunque suene raro, me dormí como un angelito.

El sábado 11 de octubre era el día grande de este Nexus 2025. Al despertar me dolía la tocha y también la cabeza. Supuse que aquellas gigantescas gaviotas onírico-psiquedélicas habrían entrado en mi loca cabecita por vía nasal, pero vaya a usted a saber. Preguntado Usó, que amaneció con cara de oráculo impertérrito, dio la callada por respuesta y esbozó una sonrisa mefistofélica con la perilla tiesa. Con las mismas tiramos hacia Rincón de la Victoria. Nosotros, he de aclararlo, no nos ubicábamos como el resto de sabios, ponentes, invitados y curiosos de este Nexus 2025 en Rincón de la Victoria, sino que habíamos quedado relegados a la más modesta -y más auténtica- Cala del Moral. No sabremos nunca a que se debió tan inopinado apartheid, quizá fue el típico error informático annarrosiano, quizá, como le pasaba a la España de Franco, porque nos tienen envidia los demás, pero el hecho cierto es que estábamos a un largo trecho andando, mediano en coche, del resto de integrantes de la Familia Ulises. Así y todo, nos presentamos a la hora señalada, es decir a las diez (que “Los de la Droga” también madrugan), en el fastuoso Hotel Rincón Sol, dispuestos a todo, esto es, a ponernos, a coscarnos, a aprender, a partirnos de risa y a emocionarnos.

Mesas temáticas

Todo eso fue precisamente lo que empezó y acabó sucediendo ese sábado de gloria en el salón del sótano del hotel, a dónde era dirigida la concurrencia gracias a un cartel con una flecha descendente que rezaba así: “Grupo Nexus”… Según bajabas las escaleras, en un rinconcillo antes de entrar al salón propiamente dicho, había montado un stand con los productos artísticos y psiquedélicos de diversos miembros de la Familia Ulises, así como una selección de libros de varios de los autores presentes y de muchos más, que se había cargado desde Málaga nuestro librero favorito, Héctor Márquez, que repitió con el vistoso sombrero azul índigo para la cultureta jornada sabatina.

Abrieron el fuego de las mesas temáticas dos mujeres extraordinarias con un tema catártico y bonito: “Psicodelia, arte y delirio. La estética del trance”. Primero, la encantadora Elif, que nos deleitó con su pintura virtual en Instagram y nos relató sus experiencias autocurativas mediante los psiquedélicos y el arte. Tras ella, la magnífica Celia Emily Casey, abundó en ese extático maridaje y se remontó al Baile de San Vito… Tras la oportuna pausa, que aproveché para tomarme dos cañas con Canti Casanovas, un ídolo al que no había tenido ocasión de conocer personalmente antes (esa es otra Magia fundacional de la Familia Ulises: juntarnos), volvimos a nuestro resplandeciente salón en el inframundo bien abiertos de orejas.

Elif

Hay que decir, para abundar en el oprobio inmotivado a mi singular persona, que la cosa tecnológica funcionó perfectamente durante todo el puñetero sábado… ¡Ay! Al mediodía se plantaron en la mesa tres titanes venideros para pontificar serenamente sobre un precioso concepto: “De Torremolinos a Burning Man. Travesías psicodélicas del fin del siglo XX a nuestros días”. Empezó el jodío de Antonio Orihuela, que no contento con alardear con nocturnidad de su poesía cargada de Presente, le dio también a la prosa, con una disertación sobre el Off Torremolinos vintage que resultó bastante complementaria a la que nos había dado Usó la noche anterior. A continuación, un maquinón del calibre de Luis Otero (otro al que por fin puse cara y cuerpo tras años de incierta virtualidad e intercambios postales) nos deleitó con las siempre gratas cuestiones de la botánica recreativa y los lapsus en las leyes represivas del caduco prohibicionismo. Completaba el cuadro un miembro local de la familia Ulises, Juan Ramón Cuadros, más conocido en mi casa, por su apostura, como Superbizarrote. A Superbizarrote le conocimos, también en Málaga, hace dos años, cuando presentamos el número 25 de Ulises en La Invisible y ya dio muestras de su aquilatada psicotronía y de su esencia outsider a machamartillo. Pero Juan Ramón alcanzó su prime, como se dice ahora, en este Nexus 2025 y todos le aplaudimos con fervor. No podía ser de otra forma. Para más inri, Superbizarrote invitó a dos camaradas espirituales malaguitas, uno de los cuáles subió al estrado para relatarnos la fantástica y descacharrante historia de como convencieron a El Corte Inglés para que, en el año 2010, les patrocinara unos encuentros sobre la Droga, bien camuflados culturalmente, a los que asistió el mismísimo Jonathan Ott. Según el testimonio de los compañeros, los difuntos Escohotado y Dragó pidieron una minuta de 5.000 y 6.000 euros (no quedó claro si respectivamente) y, al no recibir tamaño estipendio, no se personaron. Seguro que, en el más allá, se arrepienten sus espíritus inmortales de semejante peseterismo.

Entre risas nos fuimos a comer, que no sólo de droga y de charlas sobre droga viven “Los de la Droga”… Mi emperillado maestro Miyagi de Castellón y este, su esforzado servidor, le dimos a la gamba, a la almeja y al bacalao en una deliciosa Peña de Pescadores en La Cala del Moral que nos había chivado Bouso. Ya que nos habían hecho luz de gas con el Hotel los del Grupo Nexus no íbamos encima a bailarles el agua. Total que después fumarnos un trócolo gordo y la consiguiente y merecida siesta, volvimos al Hotel para proseguir con la instrucción psiquedélica, pues todavía nos quedaban los platos fuertes. La tarde arrancó con una propuesta valiente y muy necesaria: “Curar juntos. Psicodelia, cuidado y redes de apoyo”, a cargo de tres Diosas de la Droga: Missa Mejías, Aura Roig y Tre Borràs. En mi siempre fundamentada y serendipítica opinión, esta pedagógica charla y el posterior diálogo con el público asistente (¡ustedes son formidables!), fue una de las cumbres más altas de Nexus 2025. Puedo añadir, sin temor a equivocarme, que en esa mesa había más huevos que en dos regimientos de legionarios y en todo el puto escalafón de los toreros fachas, valga la redundancia reaccionaria…

«Curar Juntos»

Me seco la lagrimita y sigo, que vienen curvas. Sin tiempo para recuperarnos se sentaron a la mesa Israel Sales, el rey del copal (otro tío más guay que yo, hay que joderse), Ana Elda Maqueda, con su voz suavesita y sus argumentos claros y contundentes, el evangelista Juan Delavida e Igor Domsac, alto y grande en todos los sentidos posibles. Hago aquí otro inciso, no para que se jodan, que también, sino para glosar con el ejemplo otra característica troncal de la Familia Ulises: el eterno reencuentro. Hacía más de dos décadas que no nos juntábamos Igor y este, su prolijo servidor. Desde aquellos lejanos pero también emocionantes años finiseculares de la vieja lista de correo de Energy Control en Yahoogroups, del nacimiento de la revista Interzona, de la irrupción de la editorial Amargord y un largo etcétera. Visto con casi un cuarto de siglo de perspectiva, aquello fue un punto de inflexión muy importante, casi diría crucial, en el antiprohibicionismo patrio: se juntaron Alejo, Bouso, Kaude, Edu, Hipólito, Raúl, Santi, Jordi, Nuria, Prisca, NoName, Luis, Igor y muchos, muchos más, cuyos nombres tanta Droga me hace olvidar, ¡ay! Sí, yo también estaba ahí, pelusones, era Joe D’Allessandro, el de Mondo Brutto, el que contaba los chistes de Eugenio. Vale, hecho el inciso, retomo para decir que estos cuatro emperadores de la psiquedelia nos dieron una magistral clase sobre “Códigos expansivos. Psicotecnologías del siglo XXI”. Una joyita. Hay que destacar, por muy informativa y clarificadora, la intervención de Ana Elda, que puso los puntos sobre las íes en torno a la salvia divinorum; de nuevo gente más guay, más lista y más guapa que este, su achorlitado servidor, me obligaba informarme mejor y cambiar de opinión. ¿He dicho ya que tiene cojones la cosa? Pues nos faltaba el evangelista Juan que nos ofreció un desgarrador, pero simpático y optimista, relato de la llegada de la DMT a su vida, la profunda transformación que ello supuso, y su nueva andadura como evangelista y facilitador de la sagrada dimetiltriptamina a la Humanidad en general. Entre el público, su señora aprovechó para ilustrarnos con garbo sobre una golosina tan apetecible como la 4-AcO-DMT. Ahí es nada.

Israel Sales

Para culminar el pequeño gran milagro acontecido en aquel sótano, nos faltaba otro hito de la Droga: “MDMA para la paz en tiempos oscuros”. En principio iban a impartir tan luminosa charla Constanza Sánchez, Jorge Ollero y el simpar José Carlos Bouso, pero ciertos accidentes personales leves, dejaron a Bousoman solo ante el peligro. Es la hostia el puto Bouso, cuando te crees que ya estás al tanto e informado de lo que tienes que saber, va el puto Bouso y te lleva un paso más allá. Menudo cabrón. Al no poder abordar él solito la mesa temática prevista nos hizo un delicioso recorrido por la historia de la MDMA y sus más que evidentes capacidades para liquidar los impulsos violentos, enfrentar con serenidad nuestros propios demonios y ponernos en el lugar del otro, condición sine quanom para poder considerarnos auténticos seres humanos. Como bien dice el buen Bouso: la droga total. Y yo, que ya le iba cogiendo el punto a los palabros “empatógeno” y “entactógeno” pues me la tengo que envainar de nuevo, porque ahora el puto Bouso nos dice que casi mejor “contactógeno”. Hala, jódete. Toda la puta vida estudiándome lo de la recaptación de serotonina, lo de los receptores de 5H nosequé y 5H nosé cuantos para hacerme el guay y llega ahora el andoba éste y nos sale con que también hay que estudiar la influencia de la liberación de oxitocina durante el ciego de MDMA. Ya les digo yo que cuando la peña va, Bouso vuelve. Menos mal que luego nos lo explica todo divinamente. El sótano, que había alcanzado un lleno hasta la bandera cuando subió al estrado nuestro sabio farmacólogo y, además, amigo, le dedicó un largo y sentido aplauso. Gracias, Maestro.

En fin, podría extenderme hasta el infinito y más allá con todo lo que se dijo ese día por parte de los eminentes ponentes y su muchas veces iluminador diálogo con el señorial público asistente, pero no lo voy a hacer por no darles más la turra. Lo tienen todo (o lo tendrán pronto) en la web de Ulises, cortesía del hercúleo Chistophe Sion, alma máter de Hokusaifilms, que grabó lo que aconteció con exquisita profesionalidad y siempre con la sonrisa puesta. Otro individuo que dejó en nada mis ínfulas de figurón. Por enésima vez. Como el encargado de todo lo relacionado con el sonido, un tío verdaderamente guay, Ramón el canario, que me explicó por fin que demonios significa eso de “malpaís”. Gracias mil por ser como eres, Ramón. ¿Ven? Me acuerdo de “Los de la Droga” y me pongo blandengue… Su puta madre.

Cristophe Sion

Salimos del sótano ya atardeciendo y dirigimos nuestros pasos, a la vera del Mediterráneo, al chiringuito El Muro. Previsto estaba que éste, su analógico servidor, bajo el pseudónimo de DJ Pirriqui, deleitara a la concurrencia con una asombrosa selección de temarracos de baile los años cuarenta. No creo que a estas alturas sorprenda a nadie que no fue posible. La cosa que pasa fueron de nuevo insolubles problemas tecnológicos y mi perenne tendencia a estamparme contra los algoritmos digitales. Porco Dio! Bueno, eso y que Luis Otero tuvo el fallo garrafal de mentar, con nombre y apellidos, al segundo Presidente democrático de la Transición, que probablemente sea el rey de los cenizos (¡no digan su nombre siquiera mentalmente!), sí, ese mismo, el que vivió un golpe de estado el día de su investidura y el que, posteriormente, convocó unas elecciones anticipadas que no sólo perdió, sino que significaron la desaparición de su partido político… Ante los hechos consumados, opté por no hundirme, me di media vuelta y vi a Usó luciendo una banda conmemorativa de su sexagésimo sexto aniversario y, como es natural, le cantamos todos aquello de “Es un muchacho excelente” mientras él sonreía hecho un gamberro. Dirigiendo el coro de “Los de la Droga” estaba Don Jordi. Me cabe otro inciso, porque Don Jordi vendría a ser, de algún modo, el factótum de todo esto. Siempre desde la atalaya de esa sonrisa que parece que le hubieran adherido con pegamento Imedio al careto, Don Jordi nos vigilaba, nos alentaba y nos daba su beatífica bendición Profidén. Siempre le habíamos conocido como Xavi, el de Ulises, pero en Málaga descubrimos que, en realidad, se llama Don Jordi, que le pega mucho más, donde va a parar. Loor a Don Jordi.

«Don Jordi»

«De Torremolinos a Burning Man»

Jonás & JC

De la música se acabaron encargando el siempre fiable Israel Sales y un vallisoletano de bien, el gran Sergio. Fueron tantas las personas maravillosas que conocí esa noche y esos días que los dedos se me hacen huéspedes para nombrarlas. Sergio vino a Nexus 2025 con Noemí, otra joya de persona de quién sabía, pero a quien no conocía. Como tampoco conocía a Miguel y a su compañera, Rosalía, dos personas extraordinarias y dos pilares de la Familia Ulises. No quiero olvidarme tampoco de la bonhomía de Miguel, el del moñete, ni del compatriota almeriense, natural de María, con los que tantas risas compartí, ni de Ramón, mi fitosabio de cabecera de aquí en adelante, ni de la chica del gato, ni de la evanescente y gentil pintora psiquedélica Marina Ruty, ni de mi enfermera malaguita favorita, ni, por supuesto, de nuestra guía espiritual Rocío, auténtico ancla en la deriva costasoleña de Ulises, que lucía unas pupilas como faros de Alejandría… La noche me confunde, eso está claro, porque me estaré dejando a muchas personas notables, pero tendrán que disculparme porque estaba bajo la influencia de lo que fuera que me echaran en la puta Droga. ¡Chispas! Hablando de Droga, precisamente, esa noche tuvo lugar otro gran momento mágico de este Nexus 2025. Entrada ya la madrugada, apareció por sorpresa en el chiringuito, el rapsoda de marras, señor Orihuela, que vaya usted a saber dónde había estado haciendo sus cosas poéticas. El caso es que nos pusimos a hablar de Los Simpson, una serie que, desde mi óptica superguay, es la cumbre de la Cultura Occidental. Pues hete aquí, de nuevo, que no soy tan guay como creo, sino menos. Orihuela me habló de un capítulo que yo no había visto (¡jódete!) y en el que el Señor Burns y su enamorado escudero, el cobista Smithers, visitaban Marrakech e intentaban comprar Droga, ante lo que un comerciante marroquí les espetaba: “¡¿Droga?! ¡¡Aquí todo está hecho con Droga!! Sólo dinero americano, señor, el nuestro también está hecho con Droga”. Se pueden imaginar que aquello fue ya el acabose y se convirtió en el leit-motiv de este Nexus 2025: unos encuentros en los que TODO estaba hecho con Droga.

Obviaré los detalles más escabrosos de tan fantástica noche malaguita. Tan sólo tres apuntes: el personal del chiringuito El Muro nos atendió, soportó y cuidó con elegancia y categoría, es más, antes de cerrar nos sacaron una ronda de cervezas a la terracita frente al mar y nos pusieron los toldos para cubrirnos de la humedad del relente, ¡gracias, estáis hechos de Droga!; el ya a esas alturas mítico Usó, se mantuvo con la banda de cumpleaños toda la noche y sólo se la quitó para meterse, tan contento, en el sobre y, por último, destacar el Misterio de las Cápsulas: por algún motivo, 25 cápsulas de selecto origen obraban en mi poder aquel sábado, pero, por algún otro motivo, mis bolsillos estaban vacíos cuando me derrumbé como un fardo en la modesta cama de nuestro hotel… ¿Casualidad? ¿Causalidad? ¿Genética? ¿Entorno? ¡Ay, Málaga y sus misterios hechos de Droga!

Mas Nexus 2025 no daba tregua, así que hubimos de conformarnos con sobar cuatro horitas y arrastrar nuestros pies hasta el señorial Club de la Tercera Edad de La Cala del Moral (otro atinado soplo de Bouso) para el obligado desayuno bien cargadito de café. Después de la cafeína y un detalle de espabilina, tiramos de nuevo para Rincón de la Victoria. Los actos finales del encuentro de “Los de la Droga” iban a celebrarse y se celebraron, de vuelta, en el Restaurante Liceo Playa. Allí mismo, en la playa, arrancó la última jornada con Pablestina “quien condujo una sesión de danza libre consciente frente al mar. En ella, los cuerpos se movieron sin palabras, en un ejercicio de presencia y distensión”. Menos mal que Igor Domsac lo vio y lo contó en su preciosa crónica de Nexus 2025 en la web de ICEERS, porque éste, su somnoliento servidor, estaba todavía en proceso de espabilarse… Hacía un domingo maravilloso, tanto que parecía que la climatología celebraba también el encuentro de la Familia Ulises, así que unos cuantos de sus integrantes no dudaron en darse un refrescante chapuzón en un mar Mediterráneo tan brillante que parecía hecho de Droga. Entre cervezas, picoteo, cachondeo y el lógico comentar la jugada de la víspera fuimos haciendo tiempo en el Liceo Playa a la espera de una nueva aparición estelar del simpar Bouso. El simpar Bouso se había retirado temprano la noche anterior con intención de madrugar y ensayar su proyectada actuación musical de sobremesa. Ya les digo yo que a este hombre hay que darle de comer aparte (y no dejar nunca sin vigilancia el grifo de cerveza). Pasadas las tres de la tarde, como aperitivo a lo que se venía, Igor subió al escenario (por si no es ya lo suficientemente alto) para deleitarnos con sus cuentos dramatizados y sus rapeos improvisados, mientras el daliniano Juano Tramontano le marcaba el ritmo con un teclado. Igor nos dejó a todos boquiabiertos. E, inmediatamente después, aparecieron sobre el escenario el simpar Bouso enarbolando una preciosa guitarra, acompañado por otro semidiós de la Familia Ulises, Juano Pórtico (aka Juano Tramontano), enérgico con su guitarra eléctrica. Ambos nos ofrecieron un show vibrante, de indudables aires dylanitas que a éste, su melómano servidor, le supo a gloria. No iba a ser la única actuación de la tarde, por supuesto, pero entre bolo y bolo había que amenizar a la concurrencia, de lo que se encargó con buen tino DJ Kara Kan. Enterado de mis desventuras como pinchadiscos, trató de paliarlas proponiendo que nos alternáramos a los platos, pero no hubo tu tía. Esta vez la excusa fue la compatibilidad de Linux (¡los cojones!). El poder maléfico de aquel fugaz y gafado Presidente del Gobierno con pinta de interventor del Banco Popular seguía cebándose en mi graciosa persona…

…and the Martianits!

El resto de la tarde lo amenizaron Francisco Villalobos, con su entusiasta set acústico y su entregada interpretación, y el dúo La Puerta Giratoria, que no eran sino el ya mentado Juano, con su característico careto pintado con exquisita maestría, y su prometida, la inimitable Victoria García y su rotunda voz. La peña se quedó loquita con ellos. He de aclarar que el Restaurante Liceo Playa no había cerrado para nosotros, sino que estableció una especie de perímetro por el que nos movíamos “Los de la Droga”, quedando el resto del local para el público en general que, ora se reía, ora flipaba, ora se reía y flipaba. Un nutrido grupo de raros, “Los de la Droga”, partiéndose de risa, bailando, cantando y pasándoselo de puta madre. Atenta a todo, Marina Ruty demostraba que el arte puede ser todavía un acto de revelación, mientras la heroica Missa, con su sempiterna cestilla de Caperucita de la Droga, comenzó a dibujar un mandala que devino obra colectiva con la intervención, una vez más de todas, todos, todes y totus los que habíamos apurado los segundos de este encuentro mágico e inolvidable.

La Puerta Giratoria

Francisco Villalobos

El acto musical final y cierre de Nexus 2025, fue la actuación del grupo local And The. A mi me habían dicho que iba a ser una cosa experimental de ruido y performance musical, casi casi catártica. Sin embargo, en la madrileña opinión de éste, su cabroncete servidor, aquel amago de despiporre final, no pasó de eso, de amago. Lo que antes llamábamos una chuminada festiva con gente disfrazada. Pero a mi no me hagan mucho caso, que bastante desgracia tengo yo por tener que hacerme siempre el guay, como buen madri-leño. Lo importante: a esas alturas daba todo igual, paró la música y las sonrisas seguían en todo lo alto. Tanto que, para mi asombro, un auténtico señor de los que se visten por los pies, Miguel, el del moñete, consiguió lo que nadie había logrado: que me funcionara el puto pincho USB y fuera por fin compatible la tecnología. Obrado el prodigio, me puse dos decenas de clásicos del punk de 1977 que disfruté yo y los cuatro que había a mi lado, porque aquello sonaba muy bajito. Pero bueno, que conste en acta que por fin me llevé una alegría. Usó, Don Jordi y el resto de patriarcas se retiraron prontito alegando diversas excusas, mientras los últimos de la Victoria, agrupados en un par de pequeños contingentes, nos fuimos al chiringuito el Muro, que se había convertido un poco ya en nuestra casa en la madrugada malaguita. Bousoman, liberado por fin de sus responsabilidades organizativas, tenía cara de querer expansionarse todo lo posible y los ojillos le chispeaban en concordancia. Por suerte, quedaban aún bastantes pájaros nocturnos de la Familia Ulises para acompañarle, porque éste, su castigado servidor, era ya más piltrafa que persona. Una piltrafa bastante guay, pero una piltrafa, casi casi un escombro. Disimulé un rato, hasta que pude darme el dos y regresé a la Cala del Moral hecho un guiñapo, un guiñapo muy guay, pero, a la postre, guiñapo.

Igor Domsac

Pablestina

And The

Lo bueno que tiene levantarte de la cama un lunes después del Nexus es que te levantas sonriendo. Y así, sonriendo, empaqué mis cuatro cositas y un buen taquito de libros que me llevé de recuerdo de tan inolvidables jornadas y encaré la autovía camino de Fernán Power… El aire parecía más limpio, el sol brillaba con intensidad mayor de la acostumbrada y las gaviotas, que me sobrevolaban en espiral, crotoraban a coro ¡¡Todo está hecho con Droga!!

La sonrisa, se lo puedo asegurar, aún me dura. ¡Gracias!

————————–

Nota de la Asociación Universo Ulises:

Nuestro total agradecimiento a Clínica Synaptica por patrocinar el evento y a Dragon Fungi, Aula Savia, El Tercer Piso de Librería Proteo y Hokusai Films por su activa colaboración.

ulises.online
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.