Proselitismo lisérgico de Cary Grant en la prensa española

Juan Carlos Usó. Marzo, 2026

Uno de los focos más interesantes de diseminación del ácido lisérgico entre finales de la década de los 50 y principios de los 60 de la pasada centuria ―cuando todavía era un fármaco legal― fue el Hollywood dorado de aquellos años.

Los principales médicos facilitadores de la sustancia eran el doctor Oscar Janiger, que ocupaba una cátedra asociada de Psicología en la Facultad de Medicina de California y tenía establecida su consulta en Winton Place, en una pequeña casa en el distrito central de Wilshire (Los Ángeles), y los doctores Mortimer Hartman y Arthur L. Chandler, que dirigían el Instituto Psiquiátrico de Beverly Hills de forma muy discreta en una callejuela tranquila, donde ―según testimonio de la actriz Esther Williams― “nadie notaba las idas y venidas”. Curiosamente, así como los doctores Janiger y Chandler eran psiquiatras, el doctor Hartman era un radiólogo e internista que había recibido cinco años de análisis freudiano clásico en Nueva York, durante los cuales se había convertido en un entusiasta del ácido.

La nómina de celebridades y demás magnates de la industria del ocio que se interesaron ―a través del viejo método del boca a boca― y fueron iniciados en el uso terapéutico de LSD por estos y otros médicos, como Sydney Cohen, es bien conocida: además de la ya citada Esther Williams, las actrices Sallie Brophy, Betsy Drake, Rita Moreno, Judith Braun, Roberta Haynes, Judy Balaban y Dyan Cannon, los actores James Coburn, Jack Nicholson, Denis Hopper, el cómico Lord Buckley, los directores de cine Sidney Lumet y Stanley Kubrick, el pianista, compositor y director de orquesta André Previn, el superagente de talentos de Hollywood Jay Kanter, la escritora Anaïs Nin, el escritor Aldous Huxley, los filósofos Alan Watts y Gerald Heard, el novelista Christopher Isherwood, el empresario-editor Henry Luce y su esposa, la autora teatral Clare Boothe Luce, y un largo etcétera.

Pero si hubo alguien que no solo se aventuró ―por recomendación de su tercera esposa Betsy Drake― en una terapia psiquedélica, sino que se convirtió en un auténtico apóstol de la dietilamida del ácido lisérgico fue el actor Cary Grant. En efecto, el atractivo galán, en la cima de su carrera cinematográfica, poco después de que se estrenase la película Con la muerte en los talones concedió una entrevista a la revista bimensual Look en la que llegó a declarar: “por fin, estoy cerca de alcanzar la felicidad”. Esa revelación en alguien que arrastraba el peso de una infancia traumática, las consecuencias de un consumo poco moderado de alcohol, quién sabe si una latente homosexualidad, dos divorcios y cuyo tercer matrimonio hacía aguas por todos los costados, no era algo baladí. Y todo ello gracias a los maravillosos efectos del psicofármaco conocido como LSD-25.

En España, periódicos como el diario nacional-sindicalista pucelano Libertad, fundado originalmente por el líder ultraderechista Onésimo Redondo en 1931, e Imperio, diario de Zamora de Falange Española de las J.O.N.S., se hicieron eco de las declaraciones del conocido actor:

“—He seguido un tratamiento especial. Me han hecho absorber ácido lisérgico. Es un medicamento empleado para escrutar el espíritu. La experiencia hasta el momento no está más que en estado de estudio y apenas puedo decir gran cosa. Sin embargo, sé que gracias a ella he conseguido una felicidad como no había conocido hasta ahora”.

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Libertad (28 diciembre 1959)

A pesar de estar considerado todavía como un fármaco legal, pocos conocían las sorprendentes propiedades del ácido lisérgico, pues su uso estaba en plena fase experimental. En España tan solo algunos psiquiatras sabían de qué iba la cosa. De hecho, Ramón Sarró Burbano, Carlos Ruiz Ogara, José Luis Martí-Tusquets, Enrique González Monclús, Juan Rof Carballo y su ayudante, A. González Morado, ya habían avanzado los resultados de sus experimentos en publicaciones especializadas, como Medicina Clínica, la Revista de Psiquiatría y Psicología Médica de Europa y América Latina y el Boletín del Instituto de Patología Médica. Pero su interés, más que en “escrutar el espíritu”, se centraba en el poder psicomimético de la sustancia, es decir, en su supuesta capacidad de imitar los síntomas psicóticos, como alucinaciones y alteraciones del pensamiento, provocando estados mentales muy diferentes a los ordinarios. Así, estos primeros experimentos consistieron en administrar la sustancia a personas sanas ―empezando por los propios psiquiatras interesados― que se prestasen voluntariamente, a fin de provocar un estado psicótico artificial y pasajero, con el objetivo último de estudiar la fenomenología del delirio esquizofrénico.

Tan solo el doctor Ramón Sarró, que ya había realizado ensayos con mescalina en pacientes del Hospital Mental de la Santa Cruz de Barcelona durante los años 30 y en 1955 había asistido al Congreso Americano de Psiquiatría, celebrado en Atlantic City (Nueva Jersey, EE.UU.), donde tomó parte en un coloquio sobre el ácido lisérgico presidido por el escritor Aldous Huxley y en el que se puso de relieve la analogía de los efectos de esta sustancia con los producidos por la mescalina, había ido un poco más lejos. En efecto, el titular de la cátedra de Psiquiatría de la Facultad de Medicina de Barcelona había reconocido públicamente la posibilidad de que “personas de capacidad artística e imaginativa” pudieran beneficiarse de las propiedades psiquedélicas de la sustancia.

Sin embargo, la suerte del ácido lisérgico estaba echada. En mayo de 1962 Cary Grant y Timothy Leary comieron juntos en Hollywood. El actor ya era legendario entre los entusiastas del LSD por su elocuente promoción del producto y a Leary le impresionó su comprensión de las complicaciones particulares de la investigación del ácido lisérgico. También le pareció emocionante que una estrella del celuloide de la talla de Cary Grant se mostrara entusiasmado con la idea de rodar una película sobre la sustancia. A falta de un guion, la idea no prosperó y es que a esas alturas la droga experimental había escapado del control de los psiquiatras y se había infiltrado en la cultura juvenil underground como droga sacramental y también lúdica, lo que comenzó a alarmar a las autoridades, activando la maquinaria prohibicionista. De hecho, en España, a principios de 1964 el semanario Triunfo se apresuró a vincular su uso con el suicidio.

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Triunfo (4 enero 1964)

Pocos días después de que Cary Grant volviera a contraer matrimonio, esta vez con la también actriz Dyan Cannon, en el verano de 1965, cuando se calcula que los investigadores ya habían publicado más de 2.000 artículos científicos que describían el tratamiento de entre 30.000 y 40.000 pacientes con mescalina, psilocibina y ―sobre todo― LSD, el periódico El Diario Palentino reprodujo un artículo firmado por Lou Larkin en el que especulaba sobre la “eterna juventud” del actor, vinculándola precisamente a su consumo del ácido lisérgico:

“[…] sobre el particular tiene una larga teoría, en la que mezcla también la realidad de una reciente droga a cuyo tratamiento estuvo sometido. Bajo control médico se sometió al empleo de la LSD-25, la más reciente que han logrado los laboratorios norteamericanos para que el hombre conserve, por lo menos aparentemente, un cierto aire juvenil por muchos años que se tengan. Y Cary Grant ha rebasado la «barrera de los sesenta»”.

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El Diario Palentino (19 agosto 1965)

Y no solo eso, sino que también replicó las palabras del propio actor sobre su envidiable aspecto físico, que Cary Grant atribuía a los efectos balsámicos del ácido lisérgico sobre su mundo interior:

“—Esta droga —me dice— me produjo sueños extraños y fantásticos. Pero alivió mi subconsciente y esto, para un hombre como yo, cuyos más hondos deseos son la paz y el entendimiento, es algo prodigioso”.

Pocos días después el diario Pueblo reprodujo ―en cuatro episodios― un extenso reportaje de Roderick Wann titulado “Cary Grant. El último de los «grandes» de Hollywood”. Ya en la primera entrega se hacía una breve referencia al uso de LSD por parte del actor:

“Este es el hombre que hace diez años descubrió una nueva dimensión de la vida, sumergiéndose en lo desconocido bajo los efectos de una de las más potentes drogas usadas en la psiquiatría: la L.S.D. o ácido lisérgico de diethilamido”.

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Pueblo (24 agosto 1965)

Pero la mayor cantidad de información al respecto se publicó en la cuarta entrega, donde se daba voz al médico que le había facilitado la sustancia, el doctor Mortimen Hartman, a quien erróneamente se calificaba de psiquiatra:

“El doctor Mortimer Harman, psiquiatra de Cary Grant, dice, refiriéndose al ácido lisérgico de diethilamide que muchas veces ha utilizado con Cary Grant en sus consultas psicológicas:

—El L.S.D. vacía el subconsciente e intensifica las emociones multiplicándolas por cien. Rompe las barreras que bloquean la memoria, de modo que las experiencias pasadas, incluso aquellas de la primera infancia, pueden ser revividas. Posteriormente, da una mayor seguridad en sí mismo y facilita las relaciones con los demás. Algunos de los que la han tomado dicen que finalmente han logrado saber el sentido de su vida”.

El periodista afirmaba que Cary Grant se había sometido “a más de 70 sesiones de psicoanálisis con L.S.D.”, lo que le había permitido ir “conociendo cosas sobre sí mismo que él ignoraba”, dejando que fuera el propio actor quien explicara el proceso:

“—Por primera vez en mi vida, después de ello, estuve en condiciones de enfrentarme con la vida y con la gente de un modo real. Todos nosotros necesitamos del afecto de los demás, pero la mayoría no sabemos cómo ganarlo. Para un actor, sobre todo, es necesario saberse ganar el afecto y el cariño de la gente.

Ahora todo ha cambiado en mí —continuó diciéndome Cary—. Mi postura frente a la mujer es del todo diferente. Podría ser ahora un buen esposo. He aprendido a reconocer mis faltas y a aceptar mis responsabilidades. Al mismo tiempo, he comprendido la necesidad de tener tolerancia con las propias faltas y las de los demás. Hasta ahora, cuando amaba a una mujer, lo hacía con tal pasión que acabábamos por destruirnos mutuamente. Ahora estoy en condiciones de amarla del mismo modo que ella me ame. Si encuentro una mujer que me comprenda, en la cual pueda volcar mis ideas, mis emociones y mis energías, y ella me corresponde de igual modo, podríamos ser felices. Antes me protegía con barreras de vanidad, de hipocresía… Pero eso ya pasó”.

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Pueblo (27 agosto 1965)

El artículo reforzaba las palabras del actor con otros testimonios, como el de Richard Gehman, uno de los más conocidos críticos de Hollywood, quien había afirmado:

“—Cary Grant ha logrado algo que pocas estrellas consiguen: convertirse en un hombre con una mentalidad humana ajustada, razonable y sana. Es mucho más dinámico y emprendedor de lo que nunca soñó que podría llegar a serlo. Hablando de un modo un tanto literario, podríamos decir que parece como si viviera una segunda juventud, un resurgir emocional y físico”.

El reportero Roderick Wann afirmaba que “todos los amigos del actor” reconocían, “un tanto asombrados”, la transformación experimentada por Cary Grant y, para corroborarlo, reproducía las palabras de uno de ellos:

—El cambio que ha sufrido después del tratamiento es verdaderamente extraordinario. Ha perdido su reticencia, su ironía. Es mucho más atento, está más alerta y se hace cargo de las cosas mucho mejor que antes.

Según el autor del reportaje el cambio favorecía “extraordinariamente” al actor, permitiéndole “sacar mejor producto de su vida”. Y él mismo así lo reconocía:

—Por fin he aprendido a vivir.

Probablemente gracias a ese aprendizaje, Cary Grant conoció las mieles de la paternidad al poco de cumplir 62 años, cuando, fruto de su unión con Dyan Cannon. Pero si el nacimiento de su hija Jennifer vino a colmar de alegría y felicidad su vida privada, no debió ocurrir lo mismo con su actividad psiconáutica, pues el estatus legal de la sustancia no tardó en dar un vuelco total. En efecto, el 6 de octubre de 1966 el gobernador Edmund Gerald Brown prohibió el uso y la experimentación con LSD en el Estado de California. Tras la prohibición inicial californiana se produjo una reacción en cadena por todo el mundo. En España “los alucinógenos en general y con carácter especial los denominados L.S.D.-25, mescalina y psilocibina” quedaron sometidos al régimen de control de estupefacientes mediante una orden de 31 de julio de 1967, publicada en el Boletín Oficial del Estado.

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Boletín Oficial del Estado (17 agosto 1967)

La prohibición del ácido lisérgico también influyó ―y no poco― en la trayectoria personal de Cary Grant. Su matrimonio con la actriz Dyan Cannon entró en crisis y se vio envuelto de nuevo en otro proceso de divorcio cuando todavía no hacía ni tres años que habían contraído nupcias. Así, en la primavera de 1968 varios periódicos españoles se hicieron eco del sonado divorcio, en el que el ácido lisérgico ―sobre el que ya pesaba un fuerte estigma― jugó un papel fundamental, siendo utilizado en su contra.

Por ejemplo, El Noticiero Universal, de Barcelona, destacaba el hecho de que el actor fuera “aficionado al uso de la droga alucinógena LSD”, vinculando dicha farmacofilia a los “malos tratos” alegados por su mujer en la demanda de divorcio.

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El Noticiero Universal (22 marzo 1968)

Por su parte, el diario Pueblo incidía en la misma cuestión, reproduciendo la acusación de Dyan Cannon ante el tribunal: “Una vez me pegó, después de tomar LSD”.

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Pueblo (22 marzo 1968)

Ningún medio hablaba ya en términos de terapia o tratamiento con LSD. Así, el diario 7 Fechas reconocía que la afición de Cary Grant por la nueva droga prohibida “influyó decisivamente” en el fallo de los jueces a la hora de pronunciarse en favor de la demanda presentada por su mujer.

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7 Fechas (23 abril 1968)

Curiosamente, ningún medio se hizo eco del testimonio del prestigioso psiquiatra y psicoanalista Judd Marmor quien testificó que Cary Grant le había dicho que el LSD había fomentado “su compasión por los demás, le había ayudado a comprenderse a sí mismo y a curar su timidez y ansiedad”. Gracias a dicho testimonio, al actor se le concedieron dos meses al año con su hija y un régimen de visitas flexible.

El 16 de marzo de 1970 la Hoja del Lunes editada por la Asociación de la Prensa de Alicante dedicó un extenso artículo al Hollywood de los años 60 y volvió a sacar a colación el asunto de su paternidad tardía y el tema del divorcio, vinculando el “mal comportamiento” del actor al uso de LSD.

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Hoja del Lunes (16 marzo 1970)

En abril de 1971 se celebró en Madrid un “coloquio periodístico sobre la droga y los drogadictos”, y aunque ya habían pasado más de cinco años del nacimiento de su hija Jennifer, el periodista que Juan Aparicio ―que hacía las veces de moderador― destacó “lo que la paternidad de Cary Grant debía al LSD”, algo que recogieron y difundieron periódicos como Baleares, Mediterráneo, de Castellón, y Los Sitios, de Gerona.

“Cinelandia: el infierno de la droga” fue el título elegido por la Hoja del Lunes de Burgos para encabezar un artículo de corte sensacionalista, publicado el 17 de septiembre de 1973, en el que se hacía un somero repaso de algunos casos sonados de actores y actrices que se habían tenido problemas por su afición a ciertas sustancias psicoactivas: Pierre Clémenti, Elliott Gould, John Wayne, Tony Curtis, Liz Taylor y, por supuesto, Cary Grant. De él se decía ―falseando por completo la realidad― que admitía “los devastadores efectos de la droga”, algo que nunca reconoció el actor, ni en público, ni en privado, sino todo lo contrario. Pero el rotativo burgalés insistía en que el ácido lisérgico fue el agente químico que “provocó fuertes escándalos que dieron al traste con su matrimonio”. Y que, según su ex esposa, bajo sus efectos “se volvía insoportable”, habiendo llegado “a golpearla brutalmente”.

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Hoja del Lunes de Burgos (17 septiembre 1973)

En realidad, Dyan Cannon no solo acusó a Cary Grant de malos tratos físicos, sino que bastantes años después de su divorcio llegó a declarar al rotativo británico Daily Mail que el actor la había “obligado a ingerir” LSD para convertirla en una “esposa nueva y reluciente que se fusionaría en un solo ser con su esposo sin esfuerzo alguno”.

En fin, ¡cosas del ácido!

Por último, con motivo del 80 cumpleaños del actor, el diario castellonense Mediterráneo realizó un breve repaso a su biografía, destacando en un tono mucho más amable que durante los años 60 había experimentado “bajo control médico con LSD porque quería ser feliz”.

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Mediterráneo (19 enero 1984)

No sabemos con certeza si Cary Grant alcanzó la tan ansiada felicidad, pero su deuda con la sustancia y su gratitud con la persona que lo inició en su consumo fue tal que por lo visto en su testamento legó diez mil dólares (10.000 $) a su «sabio Mahatma», tal y como solía referirse al doctor Mortimer Hartman.

Incluso años después del fallecimiento del actor algunos medios han seguido informando acerca del amor químico que llegó a sentir Cary Grant por tan maravillosa droga. Así, por ejemplo, en julio de 1993 el crítico musical Diego A. Manrique en un documentado artículo titulado “La saga de los psiconautas”, publicado en la revista Letra Internacional se refería al galán como el “principal converso” de la psiquedelia dentro del mundillo del cine de Hollywood y en agosto de 2010 la revista XL Semanal dedicó un extenso artículo al asunto, titulado “Cuando Hollywood alucinaba”, destacando el hecho de que Cary Granty fue el único de su época que se atrevió a hablar públicamente de sus experiencias con LSD.

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XL Semanal (22-28 agosto 2010)

En la mayoría de foros, Timothy Leary pasa por ser el mayor prosélito de la psiquedelia. Sin embargo, el activista Abbie Hoffman siempre sostuvo que Henry Luce, editor de las revistas Time y Life ―donde se enfatizó el potencial del LSD y otros alucinógenos en varios artículos y reportajes de gran alcance― contribuyó a popularizar el ácido mucho más que el ex profesor de Harvard. Bien, dejemos que Luce y Leary se disputen el oro y la plata, pero de lo que no nos cabe ninguna duda es que la medalla de bronce en la modalidad de propagandista del ácido lisérgico le corresponde al actor Cary Grant por derecho propio.

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