Psiconáutica italiana / 1. Alucinante florilegio

José Joaquín Beeme

Fundación del Garabato

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Federico di Vita es un periodista romano que escribe de gastronomía y lleva, desde 2021, el podcast Illuminismo psichedelico, donde entrevista a científicos, artistas e intelectuales para tomar el pulso a la cuestión palpitante. Cuenta que, mientras escuchaba trance en la playa, pensó que se podía ir más allá de los enfoques médico-terapéuticos de Richard Miller o Michael Pollan (otro recensor culinario) y así se propuso coordinar el ensayo colectivo La scommessa psichedelica (Quodlibet, 2021), libro que ha suscitado un notable eco crítico y que ofrece múltiples perspectivas sobre el renacimiento psicodélico activado por el centenario Hofmann de 2006, con la consiguiente vuelta al debate cultural y político de las sustancias psicotrópicas alentadas por la contracultura y con ella, porque minaban la política belicista de Nixon, proscritas. Resumo sus contenidos siguiendo el orden de las intervenciones.

Traza el editor una historia universal de la psicodelia desde la antigüedad chamánica hasta la “Edad de oro” hofmanniana, desde el “Medievo psicodélico” que trajo el prohibicionismo hasta la actual desguetización en interés de la industria farmacéutica y sus dividendos. Pasando por el evangelio al teléfono de Ginsberg o las alegres gotitas de Linda Christian, la madre de Romina Power. Más adelante, Di Vita tira de su propia experiencia y describe cómo vivir continuos síndromes de Stendhal en la era de su reproductibilidad técnica.

Peppe Fiore, giallista napolitano que busca ensanchar las posibilidades del imaginario y la fantasía, propone el trip report como un subgénero de la literatura de viajes, con ejemplos como los que narró el bioquímico californiano Shulgin en sus PIHKaL y TIHaL, a propósito, respectivamente, de la fenetilamina y la triptamina.

Francesca Matteoni, que cuenta su práctica con la ayahuasca en las colinas toscanas, se ocupa de las plantas sagradas del chamanismo y las pone en relación con la conciencia ecológica en Occidente. “Acaso el viaje al otro mundo no sea más que una anábasis, un camino onírico hacia el interior, poniendo así fin a la búsqueda de los fines para aprender a estar en la germinación de las visiones.” Como recuerda la biofísica Gail Bradbook, fundadora de Extinction Rebellion, hay numerosas pruebas empíricas de que los medicamentos psicodélicos propician una fuerte conexión con la naturaleza.

Ilaria Giannini aborda el poder terapéutico de las plantas mágicas frente a los psicofármacos: ayahuasca o ketamina contra la pandemia difusa de la depresión, psilocibina e ibogaína para contrastar las adicciones, LSD como paliativo del miedo a la muerte en enfermos terminales. Una auténtica “medicina psicodélica” para reprogramar el cerebro y combatir ese malestar de fondo cuyos síntomas alertaban a la antisiquiatría y que ahora, covid y crisis climática mediante, se convierten en emergencia psiquiátrica, en aumento los pensamientos negativos en bucle.

Precisamente la esketamina, el antidepresivo liberado por Trump, es objeto de estudio por Agnese Codignola, autora de una notable historia del LSD: un caso de apropiación farmacológica (modificando la molécula de la ketamina, conocido anestésico con efectos disociativos) que anuncia seguramente nuevas formas de control y explotación de los principios psicodélicos. Como si los hongos mágicos pudieran ser objeto de patente.

Marco Cappato, político radical y presidente de la asociación Luca Coscioni para la libertad de investigación científica, enfrenta el binomio psicodelia-política encuadrando los alucinógenos dentro del movimiento emancipatorio global y abogando por un postulado libertario contra un “Estado Ético” que limitase la autodeterminación individual.

El novelista y epigramista Vanni Santoni, que introdujo en Italia la idea de renacimiento psicodélico, toca cuestiones de legalización y beneficio económico, una vez superado el oscurantismo y sin caer en los riesgos de la domesticación o de la mercantilización por obra de la Big Pharma: “un fármaco que tenga efectos para reducir o superar el miedo a la muerte, favoreciendo un pensamiento holístico, sistémico y menos autorreferencial, cuando no una Weltanschauung espiritualista, sería deseable al menos para recordarnos que la salud sólo puede ser ya colectiva, es decir, inseparable de la salud del planeta.” En ese sentido, las sustancias psicoactivas se mostrarían eficaces para desarrollar un “pensamiento anti-ideológico”.

Silvia Dal Dosso y Noel Nicolaus, del colectivo multidisciplinar Clusterduck, sondean la psicodelia en campo informático, por ejemplo a través de la memesfera que ha ido generando internet: los estratos de significado de un meme, sugieren, recuerdan el conocimiento simultáneo que propicia la experiencia psicodélica.

Edoardo Camurri, filósofo y conocida voz del periodismo cultural radiofónico, identifica en su “gnosticismo ácido” (paráfrasis del comunismo ácido de Fisher) una batalla en curso entre las fuerzas aperturistas y las fuerzas que propugnan un cierre de la visión, una clausura espiritual. Oposición tal vez simplista (magia blanca vs. magia negra, almas que suben o bajan, autoconciencia o delegación algorítmica, acceso al paraíso o prejuicio teológico) que seguramente incita a tomar partido, desenmascarar rivales, buscar aliados.

Voz discrepante la de Carlo Mazza Galanti, que en su ensayo “Fantadrogas y pseudorrealidad” denuncia “un espiritualismo cada vez más teñido de cultura empresarial y valores tardocapitalistas, como ya ocurrió con la new age”, ahora que se pretende “remediar una serie de enfermedades, todas eminentemente sociales, eludiendo su génesis y su sentido profundamente económico, cultural y político” mediante “una resolución individual de problemas sistémicos”.

A Chiara Baldini, promotora musical, interesa la relación entre los antiguos cultos mistéricos y los festivales psytrance. La danza de las bacanales, por ejemplo, converge en ritmos y ebriedades con un rave contemporáneo: ambas facilitan la superación de fatales dualismos (sujeto-objeto, espíritu-materia, mente-cuerpo, individuo-universo) hasta lograr un pleno sentido de pertenencia y fusión con la totalidad: “Delante de la catástrofe climática, es más necesario que nunca redescubrir los instrumentos que puedan volver a acercar a los hijos pródigos a la Gran Madre.”

Y, para evitar que el renacimiento psicodélico degenere en hedonistas clubes de élite o en pura rapacidad capitalista, considerando el “proletariado psicodélico” que en los 80 seguía afluyendo a la India o al Nepal, Andrea Betti alias Tibet sugiere una “liberación cognitiva”, es decir, una nueva conexión con experiencias espirituales que el tosco materialismo de la sociedad de consumo se empeña en negar o amordazar.

Cierra el volumen un pseudo-glosario, a cargo de Gregorio Magini, con entradas como la muerte del ego o el mito del psiconauta, la visión simbólica o la conciencia y sus mechas espirituales.

La apuesta que da título al libro, que podría alinearse al deseo formulado por Albert Hofmann (en lugar de una guerra contra las drogas, una droga para acabar con las guerras), cabe dirigirla a nuestro ecosistema editorial: ojalá alguien recoja el guante y acometa, si no la traducción de páginas tan estimulantes como éstas, una empresa de semejante calado. Casi un imperativo de servicio público.

ulises.online
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