Terapias psicodélicas: aggiornamento

José Joaquín Beeme. Junio, 2026

Se abren paso, no sin resistencia, las terapias psicodélicas en el Bel Paese. O eso es lo que quisieran algunos adelantados que, a mucha honra, proceden de la sanidad pública. Un ejemplo singular es el doctor Mauro D’Alonzo, psiquiatra, psicoterapeuta y activista que trabaja en el departamento de salud mental de Bari, capital de Apulia.

D’Alonzo fundó Eutopia, servicio de medicina integrada con psicodélicos que opera en contextos urbanos y se propone ayudar a procesar traumas, adicciones y depresión acogiéndose a una psiquiatría transcultural y eco-social.

Es también cofundador y presidente de la Sociedad Italiana de Medicina Psicodélica (SIMEPSI), nacida en 2024 con el objetivo de investigar y desarrollar terapias clínicas asistidas por psicodélicos. Especialidad terapéutica para la que D’Alonzo se tituló, pionero en su país, en el Instituto de Estudios Integrados de California, universidad privada con sede en San Francisco y especializada en psicología, antropología y espiritualidad bajo la égida de Sri Aurobindo, filósofo-yogui de Calcuta.

La SIMEPSI se define como red «transdiagnóstica y multidisciplinar”, integrada efectivamente por psiquiatras, psicólogos, psicoterapeutas y neurofisiólogos, que actúa como plataforma de intercambio de información, a nivel nacional e internacional (tienden puentes con PAREA, Alianza Europea para el Acceso y la Investigación Psicodélica que, desde Bruselas, manda sus recomendaciones al Europarlamento), y se propone, sumando competencia científica y experiencia preclínica y clínica, validar pautas para la implementación de terapias psicodélicas. Sin descuidar el trabajo divulgativo para que se abra paso una cultura —una mayoría social— más tolerante y receptiva, evitando, por otra parte, el sensacionalismo y las fórmulas milagrosas. Surgía precisamente el año en que se celebró, gracias al Departamento de Psicología y Ciencias Cognitivas de la Universidad de Trento en Rovereto, el primer congreso italiano centrado en esa nueva medicina, que tuvo las “Terapias emergentes en la ciencia psicodélica” como eje temático. La cuestión, ahora mismo, es verificar ensayos clínicos cuantificando riesgos y efectos adversos, establecer una formación acreditada para los profesionales sanitarios, unificar modelos de intervención, afinar escalas de valoración psicométricas, determinar cuáles fármacos usar y cómo dosificarlos en condiciones de seguridad (sobre la base de una medicina traslacional que incluye, pero no privilegia, al laboratorio farmacéutico); introducir, en definitiva, otro paradigma, una nueva aproximación epistemológica y antropológica al paciente.

Junto a la asociación romana Luca Coscioni, que promueve la investigación en favor de los derechos y las libertades civiles, SIMEPSI ha lanzado un llamamiento al gobierno italiano para que permita tratamientos experimentales con psilocibina, y organizado una recogida de firmas solicitando a la Comisión Europea que financie la investigación psicodélica, en contraste con la medicina oficial que continúa anclada en los tradicionales psicofármacos.

En una comunicación para la Sociedad Italiana de Psicopatología (recogida en su órgano oficial, Journal of Psychopathology), D’Alonzo propone traspasar nuevas fronteras terapéuticas amparándose en estudios de referencia (Johns Hopkins, Stanford, UCLA y el Imperial College, entre otros) que muestran la eficacia de MDMA, psilocibina, ibogaína, LSD y DMT para tratar el ansia y la depresión en pacientes oncológicos terminales, la depresión resistente (en Italia es legal la Esketamina, que la multinacional Janssen / Johnson & Johnson obtuvo de la ketamina y se vende en farmacias como Spravato), el trastorno obsesivo-compulsivo, la dependencia de alcohol, nicotina, heroína y cocaína, o los trastornos alimentarios. Siempre, subraya, en un contexto terapéutico controlado, psico-educativo y preventivo, dado el carácter psicotomimético de tales sustancias, a fin de garantizar la reducción de daños.

De manera que propone “nuevas-antiquísimas sustancias estigmatizadas, con la actitud de apertura que es típica de la salud mental”. Tras la experiencia psicodélica, no obstante, el paciente habrá de resignificar sus vivencias a través de la integración psicológica.

Todo, claro está, en espera de que la autoridad regulatoria dé vía libre a algunas de estas moléculas potencialmente curativas. A día de hoy, MDMA, LSD y psilocibina están rigurosamente prohibidas en cuanto sustancias estupefacientes recogidas en la tabla 1, junto a opiáceos y cannabinoides, del decreto presidencial 309/1990.

ulises.online
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