Chino el Indio

Entrevista realizada por Equipo Ulises.
Mayo, 2024

El equipo de Universo Ulises está de enhorabuena. Hoy entrevistamos a una de las voces más auténticas del panorama underground peninsular: Chino el Indio, alma mater de Mota Blues. Guitarrista y cantante de la banda asturiana que, con epicentro en Pola de Siero, desde hace varios lustros se ha convertido en un referente para todos aquellos que quieran abrirse paso con insobornable independencia. Al poco de conocerle, comprobamos que detrás de su estética existía una firmeza de planteamientos lejana a cualquier pose. Entonces, compartía edificio con otros artistas de la escena alternativa, en una comunión poco usual.

Los lectores de la web de Ulises ya conocen la propuesta de Mota Blues, que dispone de un espacio propio en nuestro universo desde hace meses. Hoy queremos profundizar en su propio universo que se antoja complejo e interesante.

Muy buenas Chino, sé que estáis inmersos en la grabación de un nuevo disco titulado “Fumetamorfosis”, de sugerente título y del que hablaremos más adelante, pero podrías comentarnos cómo y cuándo nacieron los “Mota”.

Mota Blues nace en 2012 en El Berrón (Asturias) cuando un grupo de colegas alquilamos una nave situada a las afueras del pueblo para convertirla en un reducto musical underground. Nuestra generación nos ofreció reggaetón, cocaína y discotecas, pero nosotros decidimos responderle con hogueras, psilocibes y guitarras. Nos pasábamos día y noche improvisando. Justo en una época en la que mi vida se estaba yendo a la deriva… ¡Boom! Apareció aquel oasis de felicidad. Esa es la atmósfera en la que Mota Blues nace para, a través de la música, acercarle a la peña nuestra filosofía de vida.

Chino, el Indio

«Fogata Blues» (2013), «M» (2016), «Las 4 Estaciones» (2017) y «Buen Viaje» (2018) son los discos que hemos podido disfrutar de la banda hasta ahora. En la presentación del grupo en la web de Ulises, podemos leer que vuestra filosofía reflexiona sobre «el nihilismo, el primitivismo, el surrealismo y el hedonismo». ¿Cómo os enfrentáis a la composición de los temas?

Ahora mismo leo todos esos “ismos” que os respondí y me parto, pero son ciertos. Es muy difícil definir lo que haces cuando no encuentras otros grupos de esa onda. En nuestro directo, el show tiene tanta importancia como la música. Nos flipa que el público sea un miembro más del espectáculo y retomar la idea del rock contra las normas. Siempre suelo meterme en algún lío y me encanta. Me mola que la gente muy normativa sienta vergüenza o ganas de irse porque ese espíritu me hizo amar esta música. Hacer un canuto a pachas con el público, celebrar una comunión con absenta, hacer raves durante la cuarentena, gritarle a la policía si aparecen, poner barra libre de BHO pa la peña… ¡Siempre a bloque! ¡Eso es Mota!

Respecto a la composición de nuestras letras, tengo que decir que se hacen prácticamente solas. Todas las frases que cantamos, fueron apuntadas en cachos de papel estando por ahí de comedia. ¡Plas! Cuando pasa algo que me pone el cerebro a funcionar, entro al bar, pido servilleta y boli, y esas notas se van al bolso pequeño de los tejanos. De ahí, a la mañana siguiente, las paso a un cajón de casa que está a rebosar. Lo que queda es como armar un puzzle.

“En nuestro directo, el show tiene tanta importancia como la música”

Puzzles expansivos en cualquier caso. Perdona que personalice, pero además de mucho concierto y carretera, también tienes el título de “Guitarrista Profesional” (promoción 2012/2018) del Conservatorio Profesional de música de Oviedo (algo que tu calidad como guitarrista no precisaba certificar). Sin embargo, lo que a muchos nos llamó la atención es la voz con que te enfrentas al micrófono. ¿Entiendo que tiras de técnica, no?

Algo de técnica debo de tener, porque no me hago daño, pero soy totalmente autodidacta con la voz rota. Cuando montamos nuestro primer grupo con doce tacos, éramos tres guitarras eléctricas, bajo, batería, teclado y yo. No teníamos equipo de voces y empecé a cantar usando un ampli prestao de quince watios y un micro de los chinos. Primero probé con mi timbre normal. Nada. No se me oía ni una micra entre tanto instrumento. Pero cuando se me mete algo en la cabeza, no paro hasta conseguirlo. ¿Qué hice? Empecé a gritar como un puto demonio y entonces… ¡Venga! No solo se oía, si no que todo se entendía y, además, viniendo de un hobbit como yo… ¡Acojonaba! ¡Fue como descubrir un poder!

Respecto a lo que dices del Conservatorio, me parece que si alguien quiere romper las normas no está mal que las conozca. Ese fue mi juego ahí. Mucha gente de la música de bar te dice: «¿Pa qué te metiste al Conservatorio?», mientras que mucha peña del Conservatorio se ríe de los grupos de rock solo porque consideran que su nivel técnico es inferior. Me encanta estar en ese punto. En el punto de mira. Es divertido ver cómo los puristas te critican por todos lados mientras tú vas a tu rollo con una sonrisa en la jeta.

Un hobbit con mucho poder

Pues más fuego para los puristas porque vuestra música destila una multitud de influencias musicales como el «blues, country, psicodelia, rockabilly, reggae, folk, progresivo, música étnica», con el rock como hilo conductor. ¿Ninguna veleidad de tecno o electrónica?

¡Ja,ja,ja! ¡Nos pillaste! El «Fumetamorfosis» viene con un tema electrónico que se llama «Ivagination». Un rollo drum & bass super acelerao con una buena recopilación de movidas que el público grita en nuestros bolos.

La verdad es que amo todos los géneros musicales menos el reggaetón y esas historias rollo Operación Triunfo o Eurovisión que me huelen demasiado a industria. Me gusta ver tocar a peña que se sobra, ya sea por técnica o por actitud. Si hacemos un símil, me gusta más la música que se asemeja a una chuleta de vaca vieja que a un Happy Meal. Por eso pasamos por tantos géneros, tratando siempre de acercarlos al campo macarra y rockero. A veces, es una putada porque no encajamos en los festivales de géneros cerrados pero… ¡Que les jodan! Nosotros hacemos lo que nos mola, no lo que se vende mejor.

A lo largo de su historia la banda ha tenido cambios. Por la batería han pasado Rubén Mol (quien fue miembro de Ilegales y de quien hay un vídeo en la sala Savoy de Gijón donde se marca un solo de virtuoso. Javier Espina, Guille Monge y Tony Tamargo. A las cuerdas del bajo Matt Airey, instrumento que ahora toca Christian Ramos. A menudo cuentas con Gary Parfitt a la armónica para «bolear» a dúo. ¿Es difícil contar con una formación estable?

Siempre tuve la paja mental de hacer un grupo familia, vivir todos en el mismo sitio, pasarnos el día tocando… Así fue como comenzó todo, pero el día a día en este siglo va a un ritmo imparable. Hay curros, movidas y situaciones que te plantea la vida que son muy difíciles de compaginar. Al final, de los que empezamos, yo fui el único que decidió apostar al 100% por la música como curro, aunque me jode llamarlo así porque para mí es una pasión. Es una de las cosas que me hace querer seguir estando vivo. Entiendo que es una apuesta arriesgada pero, si no lo hiciera, pasaría toda la vida arrepintiéndome de no haberlo intentado.

A día de hoy, considero a Mota Blues una especie de cooperativa de colegas que entendemos la música y la vida de una forma muy similar. Yo soy el padre de la criatura y, por lo tanto, llevo el timón pero estoy rodeado de gente que respalda la idea. En el «Fumetamorfosis» estamos trabajando más de diez músicos en cinco estudios y eso me parece brutal. Me gusta mucho hacer piña con la gente en esta época tan individualista. Aunque me suponga mil quebraderos de cabeza, sigo convencido de que un grupo de humanos es más fuerte que uno solo.

Coincidimos entonces, Chino. Que sepas que desde fuera se percibe que vais ampliando la tribu. La fotógrafa Leti Cienfuegos, se ocupa de la imagen del grupo, los vídeoclips, y en el tema “Camaleón” hasta se marca un coro.

Leti es la mítica parte de Mota a la que le gusta estar en la sombra. Además de ser mi pareja, lleva currando con nosotros desde el principio. Ella hace las portadas, diseños, me ayuda con todo lo que tiene que ver con la imagen y, ventajas de vivir juntos, ella graba los vídeos que luego editamos mano a mano. Es una pasada porque es fotógrafa profesional y puedo preguntarle cómo se hace cualquier cosa que se me ocurra. Además, toca la guitarra y canta. Tenemos un proyecto musical llamado Smooth donde toco con ella y con Aloha, otra colega. Volviendo a la idea de cooperativa de la que te hablaba antes, decidí que las dos debían estar ahí con nosotros. Al final, siento que toda mi gente está ahí.

Por lo que se ve es una cooperativa bien organizada. El 6 de abril de 2019, los Mota hicisteis un encuentro psicodélico inspirado en los cuentos de Lewis Carroll, las pinturas de Dalí y el espíritu de Woodstock ’69. Lo llamasteis MOTALAND, un espacio nómada que aparece y desaparece. Con la colaboración de treinta currelas, hicisteis setas gigantes con juegos de luces, una cabeza de serpiente cuya boca fue la entrada al evento, un cañón que disparó 30.500 papeles de liar, un canuto enorme que llevasteis como estandarte al escenario, una exposición fotográfica de la banda, una zona chill out para el público cannábico. Convocasteis a la gente en una ubicación concreta y, desde allí, les dirigisteis al lugar secreto a bordo del Motabus siguiendo a los Conejos Blancos. El resultado: una ceremonia en la que 300 personas se unieron para poder disfrutar del espíritu de los 60 en plena época de la censura. ¡No está mal! Cuéntanos aquella experiencia.

Fue una noche bestial para el grupo y para el público. ¡Ese tipo de curros son lo que nos definen! Queremos que la idea de las raves de rock sea una propuesta viva en la escena. Esos espacios donde la gente puede sentirse libre y hacer lo que le dé la gana de verdad. Un espacio donde los psicodélicos podemos estar cómodos. No queremos entradas con unos precios desorbitados, apoyamos que la gente pueda consumir más sustancias que alcohol en un espacio seguro, no queremos atenernos a un horario de cierre o al resto de normas que rigen un local, no creemos en los macroconciertos, no creemos en lo artificial que nos ofrece la industria… ¡Esta es nuestra manera de funcionar! ¡Somos el «¡hazlo tú mismo!». Somos artesanos de la onda sonora, no somos pijos enchufaos de una puta productora.

Además, la idea de integrar todas las artes en un solo espectáculo me parece preciosa. Música en directo, fotografía, performance, escultura… Es como cerrar el círculo. Es una comunión. ¡Bendita la hora en la que vi el documental de Woodstock siendo un enano! ¡Sigo creyendo que ese espíritu se puede resucitar!

Resucitando el espíritu de Woodstock

En la presentación del videoclip “Sub Machine Ganja”, aparece que contasteis con la colaboración de Cáñamo Valley, MiMaría hempworks, Asturbreeders y Cerveza Caleya. ¿Fue un apoyo logístico, en metálico o en especie?

La peña de Mimaría me puso en contacto con Cáñamo Valley y estos pusieron la localización. Asturbreeders nos ayuda en especies, es decir, siempre nos regala parafernalia fumeta para repartir en los conciertos y nos han llevado como invitados a sus catas de cannabis emitidas online. En cuanto a la gente de Caleya, se encargaron de darle difusión a nuestro trabajo en redes. Nos gusta trabajar con marcas locales de calidad. Trabajo en equipo, una vez más. Además de ellos, la revista Cáñamo también colaboró celebrando su 25 aniversario en la web con nuestro vídeo.

La mota da nombre al grupo y ya has citado los psilocibes, pero ¿hay alguna otra sustancia que os haya aportado vías de autoconocimiento o ayudado en la composición de los temas?

Siempre seremos grandes defensores de la marihuana. Nos sentimos muy identificados con esta planta tan estigmatizada por nuestra sociedad. Estoy seguro de que las horas que paso tocando, dibujando y escribiendo habrían sido muchas menos sin ella… ¡O mucho más aburridas! ¡Ja,ja,ja! Me gustan los cauces sensoriales por los que me lleva. Según los últimos estudios, más de tres millones de personas son usuarios cotidianos de cannabis en España. Ya es hora de normalizarlo y comenzar a explorar todas las ventajas que la planta puede brindarnos. Hay que educar a la gente para acabar con las mafias y el narcotráfico. ¡No más multas idiotas! ¡No a la prohibición!

Quiero también hacer especial hincapié en la cerveza. Esa bebida que, ya en tiempos medievales, se vendía en las casas que tenían una escoba en la puerta y que era fabricada por señoras con gorro de pico. Nos gusta rubia, negra, tostada, artesana, lager… ¡Me encantan los poderes que tiene para pegarle un tiro en la cabeza a la vergüenza!

Mota Blues, pura mota

Ya hemos hablado de que estáis inmersos en la grabación de vuestro nuevo disco. Creo que os cogió la pandemia cuando os disponíais a grabar “Fumetamorfosis” (2024), toda una declaración. ¿Qué puedes adelantarnos?

Los de la cuarentena fueron tiempos extraños. En aquel momento, la grabación del disco se paralizó y nos pareció que había que demostrar quienes éramos. Por eso, entre otro amigo y yo, creamos el Fire Forest Fest. Un espacio donde, además de los Mota, tocaron grupos como Wet Cactus (Cantabria) o Doctor Sax (Euskadi). Era un espacio verde enorme donde acogíamos grupos de 300 personas. Tenía un escenario hecho por nosotros, zona de acampada, parking pa furgonetas, parrilla, barra… ¡Fue precioso ofrecerle esa opción a la peña que no quería estar aislada!

Con toda esa actividad, el disco pasó a ser algo secundario, pero seguimos componiendo un montón de temas. Ahora mismo, todo está a punto de caramelo para lanzarlo a la vuelta del verano. La verdad es que tengo ganas de enseñaros todo ese trabajo, tío. ¡Joder! ¡Muchas ganas!

Aislados en el Fire Forest Fest

¡Y nosotros de verlo! Tanto curro tendrá frutos maduros. Con trabajos anteriores habéis recorrido Asturias, Galicia y León, con incursiones en Madrid. ¿Dónde os gustaría veros? ¿Alguna ambición oculta y confesable?

Cualquier escenario donde se junte una buena tropa es crema porque nuestro mensaje no cambia. Personalmente, me gustan mucho los torneos de skate porque la mentalidad es muy similar y además de tocar, disfruto viendo la competi. Los festivales también me molan porque, puede que haya grupos con más nombre pero, a salvajes nunca nos ganan. Si por mi fuera, estaría todos los días en la carretera de bolo en bolo con los Mota. Es adrenalina. El escenario es un sitio donde estoy a gusto. Me gusta la idea de aportar lo que pueda a la cultura underground de este país. Lleguemos donde lleguemos, lo haremos sin padrinos y con una sonrisa en la cara como la del niño que se mete por donde le dicen que está prohibido.

Creo que navegamos por márgenes paralelos, chino. No sé si quieres decirle algo a los lectores de Ulises, antes de que acabemos esta entrevista.

Pues quiero daros las gracias una vez más por el trabajo que hacéis. Siento que hay muchas cosas en común en nuestros principios. Da gusto que queden lugares donde la libertad manda. Recordarle también a la peña que, si quieren apoyarnos, pueden suscribirse a nuestros canales de Youtube, Spotify  e Instagram y disfrutar de nuestro curro sin pagar ni un pavo.

¡Larga vida a la comedia, chavales!

Chino en plena fumetamorsosis

Muchas gracias por atendernos. ¡Salud y larga vida!

Esperemos que esta entrevista encienda la inquietud en los lectores del Universo Ulises por acercarse a la música de Mota Blues, que de la mano de Chino El Indio, prenden con entusiasmo los escenarios que pisan. Riffs de pura psiquedelia, slides que transportan a otra dimensión y unas letras que explotan con retranca en la cabeza. ¡No se los pierdan!

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