Conocemos al doctor Fernando Caudevilla Gálligo desde hace más de veinte años, concretamente desde el 8 de febrero de 2002. Si recordamos la fecha con tanta exactitud es porque ese día se presentó el libro Spanish trip (La aventura psiquedélica en España) en la Fnac de Madrid. Oficiaron como maestros de ceremonias ―además del propio autor del libro― Antonio Escohotado, Fernando Sánchez Dragó y Olvido Gara «Alaska» y en el turno de ruegos y preguntas el entonces flamante Licenciado en Medicina y Cirugía, desde el público, protagonizó una intervención en la que ya se retrató como un personaje singular.

Dr. Fernando Caudevilla (foto El Mundo)
Especialista en Medicina Familiar y Comunitaria y Experto en Drogodependencias, posee una dilatada experiencia como médico en Atención Primaria, en Centros de Menores en Cumplimiento de Medidas judiciales y en su consulta privada, desde aquel día hemos ido coincidiendo con él en cursos de verano, fiestas psicoactivas, proyectos editoriales y encuentros de índole privada… y nunca nos ha dejado indiferentes. Porque… ¿dónde habéis visto otro médico que luzca con tal prestancia una camiseta con el eslogan «Nice People Take Drugs»?

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Además de una web propia, el doctor Caudevilla posee una envidiable experiencia docente y ha participado en numerosos congresos científicos sobre temas de su especialidad. También es autor de numerosas publicaciones de índole científica y divulgativa, entre las que nos permitimos destacar su libro Éxtasis (MDMA), publicado por Ediciones Amargord en 2005, y sus colaboraciones en El Salto.

Libro Éxtasis (2005)
Por si todo esto pudiera parecer poco, ha sido Asesor-Médico de la ONG Energy Control, miembro del Grupo de Trabajo sobre Chemsex del Plan Nacional sobre SIDA del Ministerio de Sanidad y también miembro del Grupo de Intervención en Drogas de la Sociedad Española de Medicina Familiar y Comunitaria. ¿Hay quién dé más?
¡Pues, sí, hay más! Porque Fernando Caudevilla es el protagonista principal de «un novelo» de reciente aparición titulado Doctor X. El médico de la Dark Web, escrito al alimón por José Ángel Mañas y Jordi Ledesma y publicado por La Esfera de los Libros, que acaba de presentarse en Madrid, y la rumorología apunta a un posible salto al mundo audiovisual.

Libro Doctor X (2024)
Antes de preguntarle por el libro nos gustaría saber de dónde viene su interés por las drogas, porque mucho nos tememos que su apetito intelectual por las sustancias psicoactivas es anterior a su paso por la Facultad de Medicina… ¿O estamos equivocados?
Mi interés por las drogas coincide, en el tiempo, con mi paso por la Facultad de Medicina a mediados de los noventa del siglo pasado. No estuvo relacionado con mis estudios académicos (creo recordar que la MDMA o la LSD ocupaban seis líneas de mis apuntes). Más bien con mis referentes culturales de la época. Dos lecturas: la Historia general de las drogas, de Antonio Escohotado y Drogas y cultura de masas, de Juan Carlos Usó. Y también los Fangoria de los noventa, cuando Alaska organizaba conferencias en el club Morocco con Shulgin o Hoffmann.
La Santísima Trinidad que cambió mi trayectoria profesional está configurada por Escohotado, Usó y Alaska. Y, por cosas del destino y de forma natural, en los tres casos la admiración intelectual ha derivado en profunda amistad personal. Me siento inmensamente afortunado por eso.
En lo que sí tenéis razón es que mi apetito fue primero intelectual. A la práctica pasé sobre el 2005 o así.

Dr. X con una de las personas de su particular Santísima Trinidad
Ya que hemos mencionado su interés intelectual por las drogas y su posterior salto a la autexperimentación práctica, nos asalta una duda: ¿nunca ha tenido problemas en el ejercicio de su profesión de médico por ese currículum suyo tan drogófilo?
No entiendo muy bien que quiere decir «drogófilo». Se puede interpretar como crítico con las políticas de drogas imperantes. Supongo que ser heterodoxo te hace perder oportunidades. Pero uno no puede ir en contra de sus ideas. Por otra parte, en mi opinión cualquier análisis con criterios objetivos sobre las políticas de drogas lleva a la conclusión de que son ineficaces, aparte de crueles, salvajes e incivilizadas.
Si por «drogófilo» se entiende mis intereses personales, tengo un perfil público en el que se intuyen pocos fantasmas en armarios sexuales o farmacológico-recreativos. Supongo que eso puede causar rechazo en algunos pacientes (y profesionales), pero es atractivo para otros.
Hablando de armarios sexuales, el denominado chemsex ―esa práctica en la que precisamente se fusionan sexo y drogas― es otro de los temas de su especialidad. ¿A qué se debe el actual silencio de los medios de comunicación, después del fragor mediático de hace unos años? ¿Ha dejado de estar de moda? ¿Las personas que se entregan al chemsex son más conscientes del riesgo que corren y actúan de manera más precavida?
Creo que aquí se mezclan también bastantes cosas diferentes. Es cierto que hay algunos patrones de consumo particularmente susceptibles de causar problemas como el GHB o la metanfetamina (por su potencial de dependencia o escaso margen de seguridad). Pero no es un problema de salud pública, es un fenómeno que afecta a una minoría dentro de una minoría. Dicho esto, existen patrones de consumo muy problemáticos y colectivos particularmente vulnerables (inmigrantes, trabajadores del sexo, personas con escaso apoyo social…) y hay que destinar recursos para la atención y prevención.
Resulta curioso que, en el seguimiento de mujeres obesas, niños hiperactivos, soldados de guerra o enfermos de narcolepsia (algunos ejemplos del uso terapéutico de metanfetamina y GHB a lo largo de la historia) no se haya comunicado la tendencia a la lujuria como efecto adverso de estos fármacos.
Hay otra cuestión importante. En este caso medios de comunicación y profesionales han contribuido a configurar la realidad en lugar de describirla. El pistoletazo de salida del chemsex fue un estudio en tres barrios de Londres en 2010 que describió por primera vez el fenómeno vinculándolo a tres drogas concretas: GHB, mefedrona y metanfetamina. A partir de ahí preventólogos y periodistas decretaron que esas eran las drogas de chemsex cuando ni siquiera se había detectado en España en aquel momento. En mi humilde opinión, una dosis media de MDMA, quizá aderezada con una chispa de 2C-B, puede ser mucho más interesante con fines libidinosos.
En el tratamiento mediático del asunto suelen destacar las descripciones explícitas de orgías que duran tres días con una actividad sexual frenética en la que el placer se multiplica hasta el infinito por los efectos de las drogas, ilustradas con cuerpos apolíneos, musculados y sudorosos ¿Información o promoción? El mensaje subliminal que transmiten algunos de estos reportajes en prensa y TV es de homofobia («¡mira a lo que se dedican los maricones ahora que ya no le tienen miedo al SIDA, y encima las consecuencias de su drogadicción las tendremos que pagar con nuestros impuestos!»), mucho más sutil y perversa que los chistes de Arévalo. Este tratamiento mediático me parece mucho más nocivo que rasgarse las vestiduras por lo que Martes y Trece hicieran en los ochenta.
Y el silencio se debe a eso a la necesidad de novedades con las que impactar al espectador independientemente de su trascendencia. Mitos, exageraciones y problemas reales se turnan para mantener al espectador escandalizado… o facilitar que pinche un enlace.

Dr. Fernando Caudevilla (foto El País)
Entendido, una cosa es el fragor mediático y otra un problema real de salud pública… Por cierto, sabemos que estuvo trabajando en primera línea del frente durante los años de la pandemia COVID. ¿Qué nos puede contar de su experiencia como médico bajo la presidencia de Isabel Díaz Ayuso?
Si, es cierto, estuve en primera línea como las cajeras, los conductores de autobús, los de los servicios de limpieza y los militares (¡sí, he dicho los militares!). Pero claro, todos esos no eran héroes porque no les daban aplausitos por la noche.
Y, con el debido respeto, creo que la pregunta está mal planteada. La actual presidenta fue elegida en las urnas seis meses antes del Apocalipsis Vírico. Pero antes estuvo Esperanza Aguirre (que por lo menos tiene sangre azul y es Gil de Biedma) e Ignacio González, un delincuente con aspecto de putero condenado por robar cinco millones de euros. Su gestión y empeño en dinamitar la Sanidad Pública ha sido refrendada en múltiples ocasiones durante veinte años por el pueblo soberano. También la de Isabel Díaz Ayuso en 2021. Cristina Cifuentes fue la única Presidenta de la Comunidad de Madrid del PP que se opuso a las políticas sanitarias neoliberales. Casualmente, tuvo que dimitir en 2019 tras revelarse que había robado… una crema del Mercadona diez años antes.
Todo esto viene a confirmar lo que sospecho desde 2010, cuando RTVE impidió que Karmele Marchante, elegida por el público, fuera a Eurovisión. Lo de la democracia es un engaño y mejor nos iría con el Despotismo Ilustrado o la Rebelión de la Inteligencia Artificial.
Creo que ustedes, los del Equipo Ulises, tienen pinta de republicanos, comunistas o quizá algo peor. No voy a caer en su burdo intento de mezclar política y COVID. Supongo que en mi respuesta se intuye que tras la pandemia acabé mal de la cabeza y con ganas de meter algún tiro en la nuca. Y no voy a decir más porque entonces no van a comprar la novela y yo ya no quiero ser médico sino superhéroe del ciberespacio. Siguiente pregunta. Cambio de tema.

Dr. X con otra de las personas de su particular Santísima Trinidad
Nos preguntamos si con lo de «algo peor» ha pretendido insinuar que somos anarquistas… Pero, ¡no se hable más y cambiemos de tema!… Hemos presentado Doctor X. El médico de la Dark Web como «un novelo», pero en el libro se cuenta el cierre por parte del Gobierno de los Estados Unidos de Silk Road, también conocido como «el Amazon de las drogas», una escandalosa página de la Dark Web en la que se podían adquirir drogas y fármacos desde cualquier parte del planeta y sus consecuencias… ¿Cuánto hay de verdad y cuánto de ficción en este libro?
Disculpen, no quise decir «anarquistas, me refería a «pansexuales, «veganos» o ese tipo de perversiones. Pero, sí, vamos a cambiar de tema… Lo de mezclar realidad y ficción es un recurso muy interesante porque siempre puedes echar mano de él. Los novelistas han construido la historia a partir de horas y horas de entrevistas (como si fuera una folklórica añeja), además de la información disponible en la Red.
El ritmo de la novela exige forzar situaciones. Pero como no nos oye nadie… entre ustedes y yo… lo poco que no sucedió pudo haber sucedido perfectamente. Como suele suceder, la realidad supera a la ficción.
¿Cuál fue su papel en Silk Road?
Mi papel fue, básicamente el mismo que llevaba haciendo desde el año 2000. Abrir un espacio en un foro sobre drogas (el de Silk Road) para hablar sobre drogas y salud con personas que las utilizan. Lo mismo que en el foro de Energy Control o Cannabis Café. Una estrategia de prevención reconocida por la Organización Mundial de la Salud (OMS) que se llama «prevención selectiva o indicada» y que viene a ser lo mismo que la «reducción de riesgos». Mi actividad, además, fue pública desde el primer momento, porque el nick del «Doctor X» estuvo vinculado a mi web y a mi identidad desde el comienzo.

Dr. Fernando Caudevilla (foto El País)
¿Y abrir un hilo sobre drogas y salud le puso en el punto de mira de las fuerzas del orden y seguridad estadounidenses?
No creo que fuera ese el problema. Como decía antes, el nick de Doctor X estuvo vinculado a mi identidad real desde el primer momento. Cirrus, uno de los administradores del foro de Silk Road que continuó después en Silk Road 2.0 (al igual que yo) resultó ser un agente del FBI infiltrado. Así que las fuerzas del orden de Estados Unidos sabían perfectamente quién era yo y qué estaba haciendo.
Fue el Poder Judicial el que me puso en su punto de mira. Silk Road fue clausurado en octubre de 2013 tras la detención de Ross Ulbricht, un joven de 26 años a quien se identificó como Dread Pirate Roberts, el cerebro de Silk Road. En la parte final del proceso, en el que se condenó a Ross a dos cadenas perpetuas, su defensa me pidió testificar. Yo presenté una declaración escrita, que fue retorcida y manipulada por Katherine Forrest, Jueza Federal del Distrito Sur de Nueva York. Sus injurias y calumnias hacia el Doctor X ocupan siete de los ochenta folios de la sentencia.
En efecto, Ross Ulbricht y todas las personas que participaron en Silk Road, ya fuera como administradores o moderando foros, acabaron en la cárcel. Todos menos uno: usted. ¿Deberíamos ampliar su nick a Lucky Doctor X?
Mi existencia transcurre en el punto del espacio-tiempo más civilizado del Universo conocido: Europa en el siglo XXI. No se me ocurre ni otro momento histórico ni un lugar mejor en el que haber nacido. En Europa dar información en un foro de Internet sobre drogas y salud no es un delito. ¡Eso si es una suerte!
En el libro hay abundantes referencias al maestro Antonio Escohotado. Sabemos que en los últimos años de su vida se puso en sus manos como paciente, cuando nos consta que no era muy amigo precisamente de los galenos. ¿Cómo fue esa relación médico-paciente?
La versión que Antonio le dio a Ricardo Colmenero sobre nuestra relación en el libro Los penúltimos días de Escohotado no es exacta. Yo no le pedí a Antonio ser su médico. Su hijo Jorge y él urdieron un plan en 2018 para atraparme en sus redes y yo caí encantado en su telaraña.
Las visitas médicas se prolongaban toda la tarde e incluían merienda e interminables discusiones sobre cualquier tema trascendente o trivial. Antonio tenía una desconocida faceta petarda, que enlaza con los otros dos vértices de mi Santísima Trinidad de la que les hablaba al principio. Además de paciente, Antonio en poco tiempo se convirtió en mi amigo. Supongo que nada de esto es ortodoxo desde el punto de vista convencional de la relación médico-paciente, pero así sucedió.

Dr. X con José A. Mañas y Jordi Ledesma el día de la presentación del libro
En la novela se hace referencia a la búsqueda de un eutanásico por parte de Antonio Escohotado. A propósito, ¿qué piensa de la eutanasia y de la ley que regula su práctica en España?
Antonio estaba obsesionado con el tema de la eutanasia. Más que a la muerte, le tenía miedo a la decrepitud. Sufrió muchísimo (y me dio muchísimo la lata) con este asunto cuando luego falleció de forma tranquila, plácida y natural en menos de 48 horas. Antonio murió a los pocos meses de la aprobación de la Ley de Eutanasia, a la que podría haberse acogido pero que nunca fue necesaria en su caso. Y de la ley, ¿qué les voy a decir? Pues que me parece todo muy sensato y muy de sentido común.
Pero, una cosa es la letra y otra la aplicación de la ley… Lo decimos porque nos consta que varias personas que la han solicitado, amparándose precisamente en la ley, han terminado suicidándose por habérseles denegado o por pura desesperación ante el dilatado compás de espera…
Es cierto que he escurrido el bulto un poco porque me parecía que la entrevista se iba por campos que no tienen que ver con los ámbitos en los que soy experto. Pero yo he venido aquí a responder preguntas, así que disparen…
A mi es que me parece una cuestión de humanidad. Curar, lo que se dice curar, los médicos curamos pocas cosas. La mayoría de las enfermedades infecciosas bacterianas y poco más. La cirugía sí cura y ha avanzado una barbaridad. Pero la medicina cronifica, acompaña, alivia… Cuando alguien decide de forma razonable que ya se ha acabado su tiempo aquí lo sensato sería acompañarle y ayudarle en su tránsito al Más Allá, el Cosmos o la Nada…
Digo «de forma razonable» que porque todos los casos que yo he conocido (o en los que he intervenido de forma más o menos activa, independientemente de la ley) las demandas así lo eran o al menos según mi criterio de lo que es razonable. No sé lo que haría en el caso de que alguien joven y sano me dijera: «Hola, buenos días, hoy me he levantado con ganas de morirme y quiero que me ayudes». Pero no creo que sea lo habitual. Tampoco creo que lo habitual sea que Ramón se levante por la mañana, decida ser Ramona, haga todos los trámites y cambie de opinión al mes siguiente. El debate muchas veces se desvirtúa centrándolo en anécdotas improbables.
Desconozco los detalles de los casos de los que me hablan. En el ámbito en el que trabajo no se han presentado casos similares. Tampoco sé cuantos de mis compañeros serían objetores: es un derecho reconocido a nivel constitucional, pero también creo que se deben poner los recursos para que se cumplan el resto de las leyes, incluida la de eutanasia.

Dr. Xmor
Permítanos un cambio de tercio antes de dar por concluida la entrevista. En alguna ocasión le hemos escuchado decir que las drogas han venido a sustituir a la sexualidad como tabú social. ¿Acaso el funcionamiento de nuestra sociedad está supeditado a la existencia de tabús?
Creo que los tabús sociales son necesarios siempre que cumplan una función constructiva o de protección del tejido social. A lo mejor me estoy pasando de moralista, pero en mi humilde opinión los tabús hacia el canibalismo o la pedofilia proceden.
Podemos retorcer las cosas como el chico que se despertaba con ganas de suicidarse o el Ramón y Ramona del que acabamos de hablar. Podemos discutir si es el canibalismo mutuamente consentido. Pero zumbarse preescolares o comerse al vecino es muy reprobable desde mi punto de vista.
Si la sociedad necesita estos tabús para existir no me parece mal. Yo tampoco movería un dedo por luchar contra tabús como tirarse pedos en la mesa o la falta de higiene corporal.
Otra cosa es que el tabú conlleve la opresión de un grupo ya de por sí desfavorecido sea étnico, económico, farmacófilo, sexual o de cualquier otra índole. No creo que la estabilidad social dependa de que exista siempre una minoría capaz de ser pisoteada por una mayoría.
Tras esta instructiva y amena charla, damos por finalizada esta entrevista, no sin darle las gracias por atendernos con tanta paciencia y también transmitirle nuestra más sincera enhorabuena por el libro. No queremos robar más tiempo al Doctor X, quien nos confiesa, un tanto apurado que se encuentra inmerso en un tremendo «lío vital»…
Ya sé que «lío vital» suena muy mezzosoprano dramática (los del Equipo Ulises sabemos que se trata de una broma cómplice a costa de Manuela Trasobares)… El lío tiene que ver con la persona y el personaje, con el pudor y el exhibicionismo… ¿Es lo mismo que te entrevisten para la web Universo Ulises que hagan un reportaje sobre ti en El Mundo o El País? Porque los primeros son de mi bando; los otros… qué sabe nadie… y tienen todo el derecho, porque si uno se expone, pues puede que le critiquen. Pues no exponerse, oiga… Por otra parte, ¿qué hago yendo a ver a un conocido productor audiovisual? ¿De verdad quiero que hagan un documental sobre el libro? ¿O una serie? ¿O una película?… Tal vez un programa de televisión… Esto último no me lo ha propuesto nadie… de momento. Pero, sí, en el fondo me gustaría ser la Elena Ochoa o la Lorena Berdún de las drogas y provocar mucho escándalo. ¡Eso sí me gustaría!
A nivel cósmico no es grave, lo sé. A nivel personal probablemente tampoco, ya veremos. Lo más probable es que, en el mejor ―o peor― de los casos, todo se olvide en unas semanas…
¡Suerte, Doctor X!