María Villatoro

Entrevista realizada por Equipo Ulises.
Abril, 2025

María Villatoro, azteca a carta cabal, es desde hace años una de las más firmes colaboradoras de la revista Ulises al otro lado del Atlántico. Por eso, hoy queremos acercar su polifacética y más que interesante figura a todas las almas nobles que pueblan el Universo Ulises.

Licenciada en Biomedicina y especializada en Neurofarmacología y Terapéutica Experimental, estudió y trabajó en el Instituto de Fisiología de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP) y en el Centro de Investigación y Estudios Avanzados del Instituto Politécnico Nacional (CINVESTAV). Todo esto entre 2006 y 2012 de forma académica, y a partir de ese último año orientado, digamos, de una manera «holística», más enfocada hacia la Etnomedicina, la Etnofarmacología y el conocimiento, mantenimiento y defensa de las prácticas ancestrales con plantas sagradas en México, sin perder la objetividad y precisión de la base científica.

Supongo que eso te habrá granjeado fama de «mística» entre la comunidad científica y, a la vez, que las personas consideradas como místicas te vean como demasiado «científica»…

María Villatoro con Ulises (foto de de Anthony Rocton)
María Villatoro con Ulises (foto de Anthony Rocton)

Esa dualidad, antes percibida como contradictoria, entre el pensamiento «místico» y el «científico» ha sido algo muy particular de mi forma de entender el mundo. Creo que la «mística» y la ciencia son dos formas distintas de explicar lo mismo y que de ningún modo se contraponen. Desde luego que esta postura no solía ser bien recibida entre la comunidad científica, sobre todo, quienes, en efecto, creían que era una mezcla extraña entre «hippie» y «fracasada» por hablar de chamanismo, estados alternativos de conciencia, experiencias estáticas, espiritualidad y demás temas, hasta ese momento considerados «charlatanería» y por llevar esas ideas al campo de la investigación. Fue muy difícil que aprobaran mi proyecto sobre la psilocibina. Un trabajo clandestino que no se podía publicar en revistas, por ejemplo, pues ningún investigador, de los que dirigían el laboratorio o los institutos, quería poner su nombre y aval en investigaciones de ese tipo. En esa época sólo el Dr. Roland Griffiths del Instituto John Hopkins de Baltimore, en Maryland, y el Dr. Dave Nichols de la Universidad de Purdue, en Indiana, hacían trabajos con enteógenos, concretamente con dimetiltriptamina o DMT. Ellos fueron los únicos que me «guiaban» y «me daban consejo» vía remota. Pero, sí, tengo que decir y agradecer que, aunque con menos fervor, encontré algunos científicos que me apoyaron a discreción, como el Dr. Enrique Soto en la BUAP y el Dr. Fernando Peña en el CINVESTAV.

Por otra parte, la ciencia es también un acto místico. Nadie ha visto un átomo o partículas subatómicas, como un quark, un bosón o un gravitón, y, sin embargo, todo el conocimiento sobre la materia y la antimateria se basan en su existencia. Conocemos modelos que encajan en nuestro entendimiento y nos ayudan a entender lo existente, exactamente lo mismo que ocurre con conceptos como espíritu, alma, magia, astralidad, etcétera. Pero los científicos tradicionales no están listos para ese debate (risas).

Del otro lado, los «místicos» que sí entiende no han sido nunca el problema. Han sido los «místicos» que confunden poder con servicio los que consideran que si tratas de entender la espiritualidad como una consecuencia de nuestras habilidades biológicas, en particular de nuestro encéfalo y sistema nervioso entérico (SNE), para percibir la realidad desde otros sentidos y a otros niveles, le estás «quitando la magia a la magia». Creen que por dar una explicación científica estás revelando el «truco» del acto. Y no es como cuando los magos sacan un conejo de un sombrero donde no había nada y luego te explican que había un doble fondo donde el conejo siempre estuvo, y la magia se acaba. No. Más bien la ciencia te ayuda a entender que no hay truco y que el conejo, el mago y el sombrero son reales y que la magia la has hecho tú al observarles. A los chamanes, digamos reales, con los que he podido compartir, de hecho les gusta saber de cosas biológicas o químicas, pero los puristas, ellos sí que no creen que uno puede entender la naturaleza del mundo y no dejar de ver la grandeza del espíritu que habita en todo.

Hoy el panorama es diferente. Ya existen líneas de investigación científica que rodean temas en torno a la Neuroteología, los estados alternativos de conciencia, las experiencias de tipo místico, las Neurohumanidades, la Etnomedicina, entre otras, que me han permitido ir encajando más. Estoy convencida que en algún tiempo, magia y ciencia serán un mismo lenguaje hablado por la misma cofradía de brujos.

María Villatoro en el laboratorio
María Villatoro en el laboratorio

¡Qué interesante todo eso que nos cuentas! Ciertamente, los trabajos que realizaste en el CINVESTAV estuvieron enfocados en la psilocibina y, en particular, en sus efectos sobre el sistema nervioso. Y, si no estamos mal informados, esas investigaciones sobre los estados de consciencia y las moléculas químicas con las que la psilocibina interactúa te costaron pasar una temporada a la sombra…

Es correcto. En aquellos tiempos, el presidente Felipe Calderón declaró una «guerra contra el narcotráfico», que más bien fue una guerra entre cárteles, aquellos cobijados por el gobierno, aquellos que hacían negocio con el gobierno y aquellos que querían hacer negocio con él. De pronto, había retenes militares en todo México, te revisaban de «cabo y rabo», a su antojo, buscando armas o drogas que te pudieran señalar como un «enemigo» de los cárteles protegidos. Pero había un problema: si la guerra era en contra del narcotráfico, ¿por qué no había detenciones de narcotraficantes? Así que el gobierno empezó a llenar las cárceles de inocentes para aumentar las cifras de «detenidos» por delitos contra la salud y por crimen organizado. Yo seguía haciendo experimentos con psilocibina, pero tuve que empezar a hacerlo de forma clandestina. Extraía psilocibina de hongos y en un viaje para recolectarlos en Oaxaca, junto con otros compañeros, efectivos del Ejército nos detuvieron y nos remitieron a la Fiscalía junto con algunos kilos de mariguana y opio, que desde luego ellos mismos se habían sacado de la manga (era el modo en el que «apresaban traficantes»), para iniciar el proceso en mi contra acusada de un «delito contra la salud por posesión de drogas con fines de venta y suministro». Tuve mucha, muchísima suerte, pues mi estancia en la penitenciaría fue de sólo dos meses… y fue un viaje más intenso que el de cualquier «colocón» loco, debo decir. Pude salir libre de cargos gracias al CINVESTAV, del que formaba parte como estudiante de posgrado, quienes dieron fe de que mi trabajo no era el de narcotraficante, a los colectivos culturales de mi ciudad, Puebla, quienes se contactaron con artistas e intelectuales mediáticos que también intercedieron en mi favor y a Emilie De Wolf, activista belga radicada en Oaxaca, quien al enterarse de mi caso hizo todo para que a través de la organización donde colaboraba ―Brigadas Internacionales de Paz (BIP)― se hiciera aún más presión para que la Fiscalía de Oaxaca retirara los cargos y me dejara en libertad. Insisto, fui muy afortunada. En la cárcel conocí abuelitas de 80 años, peluqueras con hijos, cocineras de restaurantes y hasta mujeres que no hablaban ni entendían español, acusadas de ser narcotraficantes y condenadas a años de sentencia, contando historias sobre el día que los militares llegaron y les dejaban maletas o simplemente se las llevaban. Terrible. Ahí también conocí chamanas que estaban presas por llevar medicina (hongos) a algún paciente de otra comunidad y que la Ley les consideraba como delincuentes, por llevar «drogas». Fue entonces que se abrió un nuevo horizonte sobre mi lucha y mi difusión: defender a toda costa que las «plantas de poder» y los enteógenos no son drogas y que no deberían estar considerados como tal en la Ley General de Salud, ni en los códigos penales, además de defender su uso como parte de tradiciones y conocimientos ancestrales de mi gente y de mi pueblo. Entonces me impliqué en un activismo menos científico y más social, de la mano de gente como Julio Glockner, que en México peleó por la despenalización y legalización de la marihuana y sus derivados así como la despenalización de la psilocibina.

 

Entendemos que todo período de confinamiento obligatorio es una experiencia dura y amarga, pero ¿pudiste sacar algo positivo de aquella vivencia carcelaria?

Definitivamente. Creo que uno no puede controlar lo que ocurre fuera, pero uno siempre puede controlar lo que ocurre dentro, de uno mismo, me refiero. Ahora estoy convencida de que fue una «prueba de fuego», así como cuando te hacen un examen para saber si aprendiste bien o sólo de oídas, y es que hasta ese momento yo me movía en un campo delimitado, el de lo académico y las instituciones, y cuando te mueves en un pequeño y elitista sector es fácil caer en el ego de que «eres alguien» o de que «eres mejor que otros». Aunque me niego a aceptarlo, estoy segura que en ese tiempo pensaba así y, de pronto, ¡pum!, estaba durmiendo en el piso de una celda cuando mujeres que ni siquiera habían ido a la escuela, dormían en las planchas de cemento que servían de cama, ellas con cobijo y yo, «la doctora», no. O de pronto estás en un restaurante eligiendo a dónde te quieres ir de vacaciones y, de repente, ¡zas!, estás devorando la comida medio echada a perder que te dan en la cárcel, pensando en si un día saldrás de ahí. Creedme, eso te reinicia el cerebro, y la vida, cual si fuera un viaje de DMT. Así lo tomo: como un viaje que me enseñó el valor de las cosas, que me deshizo el ego, que me dejó curada de toda soberbia o ambición, que me quitó esa venda de los ojos que te obliga a usar el mundo «cotidiano» porque allí nadie tiene nada y todos somos nadie. Allí solo tienes y eres lo que verdaderamente tienes y eres, que es nada material o ilusorio, sino todo lo puro que viene de ti. Y eso nadie te lo quita y ahí, en eso, siempre eres libre.

Lo que más agradezco haber perdido ahí es el miedo. Me di cuenta que las personas siempre tienen miedo a perder cosas que no tienen. Temen perder casas que son del banco, trabajos que son de las empresas, salarios que son para financiar a los poderosos, posesiones que son de los intereses bancarios, hasta personas que son ajenas porque nadie es de nadie ¡Tienen miedo! Allí, cuando no tienes nada, te das cuenta. Yo ya no tengo miedo a perder, por eso soy capaz de arriesgarlo todo y si no sale como esperaba, nada, seguir en pie. Como dice esa canción: «cuando las cosas salen como no las espero, la vida me hace más guerrero». Y ahora, bueno, sé que sigo siendo una nadie, pero al menos una «gran nadie» (risas).

 

Sin embargo, ni esa amarga experiencia, ni las medidas prohibicionistas adoptadas por las autoridades gubernativas mexicanas te detuvieron en tu labor de difusión científica con pláticas, conferencias, clases y artículos…

Bueno, hubo un tiempo en que sí, paré un poco. Necesité un rato para «reponerme» del susto y del «viaje», pero luego empecé a hacer la «guerra» por otro frente, el de la poesía y el de la docencia. Después del escándalo, me prohibieron rotundamente seguir con investigaciones en el CINVESTAV. Y lo entendí. Así que entré en el mundo de la docencia a nivel universitario en carreras como Medicina, Nutrición y Medicina Veterinaria y ahí, en contacto con jóvenes llenos de ganas de aprender y con mentes abiertas, pude ir haciendo otro tipo de labor y una difusión científica realmente «difundible» entre la comunidad académica y docente. Poco a poco, fui consolidándome como ponente, escritora y difusora de temas relacionados con los enteógenos, la Etnomedicina, la Etnofarmaclogía, las culturas prehispánicas de México y la cultura en general. Cambié de trinchera, pero la lucha siempre está y siempre estará, a veces en el frente, a veces desde el cuartel y otras veces, cuando eres veterano retirado, desde tu jardín sabiendo que peleaste y que, aunque perdiste una pierna, abriste camino. A mi aún me queda rato, y pierna, antes de la retirada. O esa, es la intención.

 

Nos consta que durante años has puesto énfasis en la distinción entre lo que podríamos considerar drogas heroicas o estupefacientes y los denominados enteógenos, en la importancia de mantener la medicina sagrada como medicina sagrada, en el conocimiento de las «plantas de poder»… ¿Se ha producido algún cambio en este sentido desde 2018, a raíz de la nueva corriente política en México?

¡Qué pregunta más compleja y con tantas maneras de responder! Empecemos por la siempre constante confusión que existe entre drogas narcóticas o estupefacientes, estimulantes, depresoras, alucinógenas, psiquedélicas y los enteógenos. Sólo la farmacología tiene la última palabra y, por desgracia, nadie recurre a esas definiciones, excepto los farmacólogos. Aún en la Ley General de Salud en México, se asume como «narcótico» a cualquier droga, cualquiera. De tal suerte que la cocaína, el GHB o éxtasis líquido, disolventes, inhalantes, mezcalina o las anfetaminas, farmacológicamente hablando, no están siendo contempladas dado que son estimulantes, depresoras o alucinógenas. Pero eso seguirá ocurriendo, hablando en términos de cultura, es decir, hoy en día, esa confusión sigue vigente.

Desde luego, actualmente existe una mayor apertura, no sólo legal sino popular, al uso de enteógenos, y eso ha dado pie a que ya se respeten y protejan las prácticas rituales y medicinales ancestrales de los pueblos originarios, que para mí era de orden prioritario, a que estas prácticas se validen aún por la medicina «ortodoxa», a que haya interés por parte de investigadores en las propiedades farmacológicas y terapéuticas de moléculas específicas presentes algunas drogas y enteógenos, al punto de que actualmente ya se han aceptado e implementado como coadyuvantes farmacológicos en diversos tratamientos. Muy familiar nos sonarán los derivados de CBD y THC (cannabinoides) o las microdosis de psilocibina, ibogaína o bufotenina, que ya empiezan a ser recomendados por médicos, terapeutas y hasta veterinarios ¿Esto es conveniente? Bueno, creo que sí mientras se mantenga en un terreno exclusivo de la farmacología y la terapéutica para su utilización adecuada. En México se está cuidando mucho todo este tema y se está tomando como modelo lo que ocurre justamente con los derivados cannábicos. Faltan algunos años para saber si las directrices son las adecuadas, pero al menos van marchando de la mano de profesionistas especializados y adecuados.

Ahora bien, llegó el momento que tanto se temía con la «aceptación», apertura y legalización de enteógenos: el uso incorrecto. Como digo, la gente no sabe diferenciar un alucinógeno de un estimulante, mucho menos siquiera conoce la palabra «enteógeno», ¡ya me diréis! Al ser productos naturales que se ingieren de forma muy natural (se preparan infusiones, se secan y fuman, etcétera), la gente se cree que su uso es para todos y para cualquiera y que no se debe tomar ninguna precaución. Al ser productos de uso común entre pueblos originarios indígenas, la gente piensa cosas por el estilo de «si esas personas sin educación pueden usarlo y curar, ¿por qué no yo con mi licenciatura en turismo?» (risas) o «como ya hice un viaje con el chamán mazateco, y no es tan complicado, voy a ofrecer la experiencia en el jardín de mi casa, pues ya soy experto» (más risas). O lo que más me preocupa: como en esta modernidad la gente está ávida de experiencias profundas, este tipo de experiencias que involucran la espiritualidad, la conciencia, el autoconocimiento y el misticismo, se está volviendo un negocio para gente fraudulenta que se aprovecha del desconocimiento de las personas que buscan algo trascendente. Muchas veces, algunos pacientes me preguntan si es conveniente usar microdosis de «honguitos» pues han visto en internet frascos disponibles. Lo primero que hago es contactar al proveedor para saber si en realidad lo que ofrecen son microdosis de psilocibina, si tienen los registros ante la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (COFEPRIS) ―la institución que permite la venta de este tipo de fármacos― y los estudios de laboratorio pertinentes y corroborar que las dosis sean las adecuadas ¿Sabes con qué me he encontrado en todos los casos, al menos en los que he investigado? Que de entrada son microdosis hechas con hongos chinos alucinógenos cuyas esporas compran por internet y cultivan en sus bañeras, y que muchos no cuentan con registros oficiales. Esto me parece gravísimo. Porque cuando empiecen a salir a la luz todos los problemas desatados por esta falta de responsabilidad, todos los avances que se han hecho para defender el uso de enteógenos y derivados se van a venir abajo. La gente está confundiendo «circo» con «mimo». Así que claro que ha habido un cambio al respecto de los que es una «droga» y la medicina tradicional tan arraigada en mi cultura pero, se nos está yendo de las manos en términos de que su desproporcionada popularidad no avanza a la par de las investigaciones farmacológicas, de las medidas de regulación para su uso, preparación, práctica y distribución y de la necesidad de reconocerlas como algo sagrado. Que, ya que es una entrevista y puedo dejar aquí mi postura personal, es válido decir que soy una persona un poco «estricta» y «purista» al respecto. Entiendo que debería ser más abierta y aflojar un poco al respecto de mantener intacto el concepto y respeto que tuvieron los nahuas, pero, me temo que soy anacrónica y por haber tenido abuela y madre sabias con las que crecí y que me enseñaron todo lo que sabían de todo esto, me cuesta mucho trabajo. Es parte de mi esencia y mi historia familiar y personal haber visto a los enteógenos (los honguitos) como medicina, como aliados de poder, como sagrados, así que me es difícil, si os soy muy sincera, no ser rigurosa en cuanto a cómo se usan y cómo se consideran. Pero quizá es necesario que alguien tenga esta postura ¿No os parece? Se requiere de un extremo y otro para encontrar el punto medio y justo.

Así os lo pongo: antes el uso de enteógenos estuvo satanizado y prohibido por los conquistadores españoles, pero el espíritu sobrevivió; después estuvo penalizado e ilegalizado por intereses políticos y económicos, pero el espíritu sobrevivió. Ahora que es aceptado y que hay una amplia apertura, se está saliendo de control, pero sin duda el espíritu sobrevivirá… al Estado, a Dios y al Amo. Leí, y no recuerdo dónde ni a quién, algo así como «tan peligroso es desacramentalizar lo sagrado como no hacerlo».

 

Tu prolija respuesta ofrece muchos elementos interesantes para la reflexión. En este sentido, más no se puede pedir… Los seguidores y seguidoras de Ulises te conocen por los interesantes artículos ―cinco en concreto― que has publicado en la revista durante estos últimos años, concretamente desde 2020. Pero probablemente desconocen que, aparte de tu faceta científico-mística o científico-mágica, también eres una mujer profundamente admiradora de las letras, poeta y escritora. Por qué no nos hablas un poco de esta otra vertiente tuya, en la que pareces moverte como pez en el agua y que, además, fue la que indirectamente te puso en contacto con el Universo Ulises…

Efectivamente, además de los temas ya abordados, la literatura, en particular la poesía, ha sido parte de mi vida. Desde adolescente encontré gusto y refugio en la poesía. Veréis, nunca fui muy bien aceptada entre las personas del colegio. Reconozco que fui un poco «rara» y, sí, era una niña y luego una adolescente hasta solitaria. Mi primer encuentro con la poesía fue a través de Mario Benedetti y la bestia de los poetas «malditos» latinoamericanos: Oliverio Girondo. El primer poema que leí de Benedetti se llama «Las soledades de Babel». Tenía 13 años, y aún recuerdo la sensación en el estómago, en la piel y en los ojos ―literal― al leerlo. Era como una pequeña explosión por dentro que te conmueve a más no poder. Creo que es como cuando consumes drogas (risas) y te da el «colocón» y quieres más. Y luego el «Espantapájaros 18», de Girondo, ¡ya!, me hizo una yonki de la poesía. Por cierto, ambos poemas me los sé de memoria y ¡no me deis un chupito de lo que sea porque os los recito! (risas).

Por ellos conocí a otros poetas latinoamericanos, no los «clásicos», como Neruda, Gabriela Mistral o Rubén Darío, sino a los underground, como Enrique Lihn, Roque Dalton, Nicanor Parra, Gonzalo Rojas y el más sublime de todos, Pedro Lemebel. Al leer sus biografías o al leer sus textos, me enterneció mucho saber que varios de ellos eran o se sentían tan «extraños» como yo. Que esas mentes y esos sentires eran hermanos de los míos. Que esa gente sabía sentir como yo. Sonará un poco ridículo, pero ahí me sentí «pertenecer» a un grupo, a un clan. Este interés me hizo tomar cursos y talleres de poesía, de los que se ofertan gratuitamente en mi ciudad. Cada año esperaba con ansia que hubiera una nueva convocatoria. Había años que sí había, había otros que no, pero en esos espacios conocí gente con la que pude construir un «clan» de carne y hueso. En alguno de esos cursos conocí a unos chicos de mi edad, creo éramos los únicos adolescentes en esos talleres, eran músicos y escribían sus propias canciones. Con ellos empezamos a frecuentar lugares bohemios de Puebla, barecitos, cantinas y un concepto alucinante para unos adolescentes que era «Foro Cultural». Estos templos, ya sabéis, tienen siempre personajes míticos y por demás interesantes, así que los adoptamos como «oficina» y, de todos aquellos devotos, hicimos una especie de cofradía. Eran como esos poetas, pero en vivo. Hasta llegamos a tener nuestros días, yo tenía los «Miércoles de Poesía», de 7:00 a 8:00 p.m., y ahí recitaba a estos poetas que admiraba mis propios textos. Así empezó todo. Poco a poco fuimos armando un grupo de ya no tan adolescentes, que hacíamos cosas culturales en Puebla y organizábamos muchos eventos culturales de forma independiente y en lugares alternativos, apoyados por muchos otros artistas, algunos ya de más renombre y otros emergentes. Puedo afirmar que se generó un buen ambiente cultural en mi ciudad, que vaya que hacía falta, pues éramos parte de un movimiento contracultural muy alejado de la moralidad, santurronería y clasismo de una ciudad como Puebla… con 365 iglesias, nomás, porque es una ciudad muy católica y conservadora. De esto hace más de veinte años. Hoy en día Iván García y Arturo Muñoz «Carcará», mis hermanos de toda la vida, tienen proyectos musicales en torno al rock, al folk, la canción crítica y la protesta, que son un ícono y referente de la canción independiente en México. Yo, pues aquí me tienen, dando una entrevista para el Equipo Ulises, siendo nadie… ¡pero una gran nadie!

Ahora, el tener contacto con esta corriente y este movimiento independiente, tirado más bien por la rebeldía y colectivos culturales anarquistas, me hizo conocer no sólo otra clase de literatura, mucho menos popular y mucho más comprometida, sino también conocer otros personajes que tenían el mismo instinto y filosofía que yo. Así conocí a los Poetas del Infrarrealismo, Roberto Bolaño, Mario Santiago Papasquiaro, Edgar Altamirano, Piel Divina, Pita Ochoa y demás. Conocí a Pita Ochoa en un recital, nos hicimos grandes amigas. Ella me apoyó mucho en proyectar mis textos y mi voz a un nivel más «visible», menos «under», pero aún en la línea rebelde. Publicaron mi primer libro formal, Peces crueles, y fue un éxito. Gané algún concurso de poesía, participé en algunos festivales, me invitaban a dar ponencias y conferencias, es decir, salí de los bares y foritos culturales, para presentarme en escenarios más «formales». Gracias a esa «fama», si es que tengo que ponerle un nombre, conocí a otro personaje que fue parteaguas en mi vida, no sólo en la parte poética, sino de vida, como te digo. Lo conocéis, se llama Antonio Orihuela. Aprendí muchísimo de él, me contagió de su pensamiento, de sus gustos, de sus luchas y fue una influencia muy importante. Por el llegué al Festival EDITA, el que se hace en Punta Umbría gracias a la mano mágica de Uberto Stabile. Allí, de nuevo, conocí a más miembros de mi «clan» (así como a los poetas que leía, así como a los hermanos que encontré, así como los cómplices de los que te cuento). De nuevo estaba en «casa», en comunidad, en la hermandad, pero al otro lado del mundo. De ahí tengo gente muy entrañable a quienes adoro y que también me han aportado mucho. Todo esto, porque gracias a Antonio Orihuela, quien me recomendó la revista Ulises y posteriormente que escribiera a Juan Carlos Usó, fue que comenzó nuestra conexión. Después encontré que teníamos otras amistades en común, como Jonathan Ott, que vive en México, y encontré a otra comunidad, más «clan», interesada ¡en todo los que me interesaba!: enteógenos, poesía, misticismo, contracultura y demás. Os digo, la realidad es una señora muy loca que le gusta armar rompecabezas, puzzles dicen ustedes. Siempre me ha puesto a encajar con piezas igual de únicas, siempre me ha puesto en el camino correcto para encontrar a mis «hermanos» de «clan», siempre me ha guiado a encontrarme en otros que son como yo. Todos somos uno, dicen, y creo que sí. Y somos más que uno. La poesía y la magia no son cosas distintas. Cuando te dejas llevar por la magia no hay modo de equivocarte porque todos los caminos te llevan a alguna parte, pero no todos los caminos tienen corazón. Cuando lo sigues, llegas justo a dónde quieres estar, y con quien quieres estar. Así Ulises, camina con magia, por eso sus viajes y su tripulación, son ya la mía.

María Villatoro a punto de recitar

¡Gracias por la parte que nos corresponde! Pero, fíjate, nos invade la curiosidad, ¿cómo se relaciona en los distintos foros sobre drogas una persona como tú, que se declara «rojilla» y rebelde, cuando coincide con personas antiprohibicionistas de ideología conservadora o de derechas?

¡¡¡Ayyyy!!! Bueno, como estoy siendo muy honesta, no os voy a mentir: no tengo las mejores formas de discutir cuando mi paciencia se ha agotado (risas). En los foros sobre drogas tengo siempre una estrategia que suele ser poderosa: hablar en términos neurocientíficos. Difícilmente alguien que acude a los foros es docto en temas de Neurociencias, Neurofarmaclogía o Neurobioquímica, así que esos argumentos son sumamente rotundos. ¿Cómo refutas que no hay muerte por sobredosis de enteógenos o cannabinoides dado que no hay receptores químicos para estas moléculas en el tallo cerebral o tronco encefálico, que es el que controla la frecuencia cardiaca y la respiración? Lo dice la Anatomía, la Fisiología y la Farmacología. Imposible refutar eso, sin verse inocente o ridículo. Así que por ahí, esas armas del conocimiento científico comprobable son granadas detonadas. Cuando llegan médicos o psicólogos, la discusión se pone más «ávida», pero siempre llega el argumento que le refuta. Sobre todo médicos son los que me llegan a cuestionar más inquisitivamente, pero ni los médicos ni los psicólogos son expertos y casi nunca están actualizados en temas de neurotransmisores o procesos cognitivos superiores. Trato siempre de defender mi punto desde la postura de un profesional especializado en el tema, eso de algún modo te da más «credibilidad» ante el auditorio. Cuando quienes cuestionan, lo hacen desde una perspectiva más moral o basándose en argumentos menos rigurosos y personales, mi estrategia es responder con un «voy a dar mi opinión como neurofarmacóloga» para evitar discusiones a título personal. Y cuando me dicen «pero, a título personal, ¿qué opina? », suelo tener cuidado. Y es que cuando te invitan a un foro participando como profesional experto, debes mantenerte siempre en tu postura. Ahora, cuando voy en calidad de «yo misma», ahí sí, me suelto. Y puedo ser muy apasionada en defender lo mío. Pero no os voy a mentir, ser defensora tan apasionada me ha costado estar en la cárcel y perder empleos porque, ya os digo, soy una fiera y cuando me defiendo soy buena, pero cuando ataco soy la mejor. Mucha gente me aconseja ser más «discreta», no poner siempre la cabeza, manejar un «perfil bajo», atacar a discreción. Pero no se me da. No puedo ser incongruente entre mi ideología, mi discurso y mis actos. No de manera consciente, al menos… y ese es mi gran defecto. No es un misterio que para vivir tranquilo hay que quedar bien con todos, ceder, ser un poquito hipócrita, cuidarse las espaldas, no confrontar pero eso a mí no se me da. Yo, lo pongo a doble o nada, y las «medias tintas» jamás. No soy una persona diplomática, ni política, es más, ¡yo me quedo con Durruti!

 

Antes te has referido a tu ciudad, Puebla de Zaragoza, también conocida como Puebla de los Ángeles, Ciudad de los Ángeles o Angelópolis, porque según la leyenda su urbanismo fue trazado directamente por estos espíritus celestes, como un feudo muy católico y conservador. Pero estamos hablando de una urbe de más de un millón y medio de habitantes… ¿Pueden encontrarse vestigios de chamanismo indígena precolombino entre tanta moralina, beatería y clasismo o ha sido erradicado por completo?

¿Saben por qué México es un lugar tan mágico y único? Porque no existe sitio alguno que no sea producto de un verdadero mestizaje, unilateral, desde luego, porque mientras nosotros tenemos mucho heredado de ustedes, ustedes no tienen nada nuestro. Pero así ocurría en aquellos tiempos cuando la monarquía creía que era dueña de todo, aunque en España sí es así, ¿no? (risas) En fin, tenemos que a pesar de la invasión e imposición de fe, religión y creencias, nosotros nunca dejamos de ser aztecas, jamás pudieron conquistar nuestros orígenes y nuestra cosmovisión tan profundamente arraigada. Sepultaron nuestros templos con iglesias católicas desde 1521, y hoy, en 2025, en los atrios de las catedrales, aún vamos vestidos con plumas y pieles a danzar a Huitzilopochtli y Quetzalcóatl. Es en serio, basta con ir cualquier día a la catedral de Ciudad de México y estar en el Templo Mayor o en la explanada de la Gran Pirámide de Cholula, aquí en Puebla, justo debajo de la iglesia de la Virgen de los Remedios. Impusieron con espadas y violencia su fe en una iglesia opulenta, pero aún así cada mexicano reza a la virgen de Guadalupe que no es otra más que nuestra Toci Tonantzin, vestida de otra forma y cada 1 de noviembre prendemos velas a nuestros muertos, como lo hacían los aztecas, para que el viaje desde el Mictlán sea bueno. Aquí, no importa si eres rico o pobre, o tienes doctorado o educación elemental, tu mamá te limpia con hierbas y un huevo para curarte «del mal de ojo», del «mal aire», tal cual lo hacían los Ticitl (médicos) aztecas. No existe mexicano que no cure los males estomacales o los dolores con tés de epazote, tlanepa, hierba santa, hierba maestra, herencia de la medicina nahua. Hoy en día, hasta ofrecen baños de Temazcalli (práctica de baños de vapor medicinales prehispánicos) como tratamientos en SPA de lujo, y todo mexicano disfruta de un baño de vapor, atendiendo a la importancia de esa tradición. Y eso pasa en todo México.

Aquí, en Puebla, si bien es cierto que fuimos una ciudad fundada netamente para ser habitada por españoles, 32 familias para ser exactos, que venían de Sevilla, Extremadura, Huelva y Toledo, convivían con millones de indígenas que se encargaron de edificar las maravillosas casonas, iglesias, catedrales, calles y palacios. Indígenas que tenían muy arraigado, hasta su lenguaje y cuyas prácticas sobrevivieron y siguen existiendo, claro, entre los descendientes de indígenas o mestizos. Los pobladores españoles de ningún modo aceptaron estas tradiciones, pero eran 32 familias contra miles de indígenas de distintas villas alrededor de Puebla que trajeron para construir la ciudad, así que toda la tradición de medicina, chamanismo y espiritualidad, está muy arraigada, aún en ciudades como Puebla. ¿Por qué creéis que hay 365 iglesias aquí? Porque Puebla, fue un lugar con muchos centros ceremoniales importantes para las culturas nahuas y había que combatir tanta «herejía», porque aquí, jamás dejamos de ser los adoradores de Tezcatlipoca, Xipe Tótec, Coatlicue, Chalchiuhtlicue y demás energías que nos permiten la vida, y la medicina. Aquí, antes de ver al médico, vas a consultar al brujo, y si te dice que vayas al médico, vas. Claro, la gente que se piensa muy superior, por ser directamente descendientes de aquellas 32 familias españolas, o creen serlo (que es algo muy común del clasismo que hay en Puebla, aquí todos se dicen descendientes de españoles y aquellos con rasgos o apellidos indígenas, son vistos como «inferiores»), están lejísimo de todo eso. Pero son los menos. O aquellos que se creen que el doctorado, y la intelectualidad, o la soberbia intelectual, obligan a dejar las «supersticiones» porque eso es para gente «ignorante» (volvemos al tema de que son indígenas), pues también, alejados de todo esto. Pero, también, son los menos.

Aquí en Puebla existen muchas comunidades y pueblos a escasos 40 minutos de Puebla, que siguen acudiendo a dejar ofrenda y a hacer rituales a las faldas del volcán Popocatépetl y del Iztaccíhuatl para mantener tranquilo al volcán, y hace tres años, en mayo, lo prohibieron y entonces, ¡increíble!, entró en erupción el volcán y nos cubrió de ceniza por una semana, al grado de que nadie podía salir de casa. Las autoridades decidieron permitir de nuevo esta tradición, «no vaya siendo», y desde entonces todo tranquilo ¡Ya me diréis! Hasta las autoridades tuvieron que ponerse místicas y evitar una tragedia. En la misma ciudad, se pueden encontrar calles enteras con puestos y locales donde exclusivamente se venden hierbas, santos, piedras y fetiches para prácticas mágicas, hasta iglesias y templos a la Santa Muerte (Mictlantecuhtli, para nosotros) que abarcan una acera entera y diariamente recibe flores y velas por sus devotos y en su día una gran baile y fiesta con comida y trago que hasta se tiene que cerrar la calle y la policía cuida del festejo, porque te digo, hasta las autoridades tienen que entrarle a lo místico aquí.

Amigos y colegas, como Julio Glockner y Antonella Faguetti, del Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades de la BUAP, tienen líneas de investigación sobre las prácticas tradicionales y rituales prehispánicos que se realizan hasta hoy en día en las cercanías de la ciudad y el Estado: Antonella con el culto y tiro a la Santa Rosa, justo en las regiones de los volcanes, y Julio respecto a los enteógenos y los caminos sagrados del maíz. Entonces, sí, hay mucha práctica en Puebla de estas tradiciones aunque se confina a las poblaciones originarias indígenas, no tanto en el área urbana, pero con esta nueva etapa tan New Age en el perímetro urbano se empiezan a poner de moda mezclas entre tradición prehispánica y actividades holísticas que tienen su base justo en medicina azteca, insisto, aún practicada. Yo misma la practico.

Así que Puebla no os engañe, sí, es la ciudad de los Ángeles, pero son angelitos de piel morena, rasgos indígenas y que vienen no del cielo, sino del Tlalocan.

Tenemos muchas iglesias donde justamente es alucinante ver que los angelitos son morenos y están decoradas con colores muy brillantes y ornamentos de frutas mesoamericanas, se llama Barroco Mexicano, justo porque como eran los indígenas quienes construían y pintaban las iglesias, aquellas que eran franciscanas, permitían que los indígenas metieran de su cosecha e imaginario, así que son un mix entre el cielo católico y el cielo azteca, ¡impresionante!, la iglesia de Santa María Tonantzintla, las más representativa aquí, en Puebla. Ojalá un día podáis venir a México y os pueda mostrar esta magia. Esta tierra tan española pero tan indígena. No os miento si digo que Puebla es la ciudad donde mejor se puede observar esta construcción de un pueblo nuevo mestizo. ¡Podéis alucinar!! Veniros un día de estos…

 

¡Pues no descartes la idea! Porque después de lo que nos cuentas nos has abierto el apetito de conocer ese país tan fascinante… Por lo demás, acabas de reconocer que tú misma practicas la medicina azteca y antes nos has dicho que tu abuela y tu madre eran mujeres «sabias», una forma poco estridente de presentarte como nieta de una chamana e hija de una vidente… ¿Cómo contempla una persona con tus antecedentes fenómenos como la globalización de los enteógenos y el turismo chamánico en general y de la ayahuasca en particular?

Es un panorama complicado que se puede ver desde muchas aristas, muchísimas. Quizá las más obvias son aquellas que tienen que ver con ¿quién es un verdadero «chamán» y quién no?, ¿cómo reconocer a un farsante?, ¿el chamán nace o se hace?… Quizá antes era sencillo de responder, pues el término «chamán» no era tan popular ni tomado tan a la ligera. El chamán era una figura misteriosa que apenas aparecía en el mundo occidentalizado y encontrarse con uno era algo excepcional o bien había que ir a lugares muy específicos. Antes también ocurría que esos chamanes venían de una tradición y herencia familiar o les habían ocurrido fenómenos extraordinarios. Hoy en día hay «chamanes» por doquier y pareciera que cualquiera puede ser chamán. Os juro que he visto cursos y diplomados no sobre chamanismo, sino de ¡cómo ser chamán! Risible y ridículo, me parece, pero así es hoy en día. No niego que la Verdad y las Revelaciones y la Epifanía pueden llegar a cualquiera, y de muchas maneras, pero dudo mucho que lleguen a través de cursos, talleres o de un par de viajes de LSD mezclado con peyote y honguitos. Lo dudo. Creo que ante tanta ignorancia, porque estos temas estuvieron condenados a lo contracultural y a lo «oscuro» durante décadas, y de pronto hubo un boom que hizo que ahora el tema esté en boca de muchos y hasta como negocio. Si para uno que ha estado más o menos involucrado y que hemos hecho investigaciones, el chamanismo es un tema complejísimo, imaginad para quienes por tomar un curso online de tres horas sobre plantas medicinales ya se creen chamanes. Desde luego que no. Pero también creo que para quien en verdad busca de la esencia del Espíritu, hasta un impostor puede guiarlo a Él, porque claro, el Espíritu es más grande que cualquier persona o dios y quien está destinado a la comunión, la va a tener y la va a encontrar.

Con lo de la cartomancia, lo mismo. Mi abuela aprendió viendo de su abuela, fue hija única. Mi madre aprendió viendo a mi abuela (fue el primer hijo y mujer). Yo aprendí viendo a mi madre, soy hija única. Nadie me dijo cómo, no tuve que tomar un curso, no me tuvo que dar consejos mi madre, ni mi abuela, si acaso consejos de cómo protegerme al hacer lecturas o ciertas recomendaciones, pero sólo eso. Y de pronto encuentro cursos de Tarot, curso de Baraja Española, Tarot Osho, Tarot de Gatitos (es en serio)… ¿Cursos?… No sé qué tanto se puede adquirir un don a través de cursos. Pero a veces pienso que la gente que está realmente interesada en hacer este tipo de actividades, es porque tiene el don y el don quiere expresarse y, de pronto, al haber en esta modernidad cursos hasta por internet, el don puede salir. No dudo que haya casos así, pero ¿cuántos? Vi a una amiga de mi abuela soplándole a un muñequito de trapo y ver como este muñequito empezaba a moverse; vi a una amiga de mi madre haciendo una limpia con un huevo y ver cómo del huevo salía tierra, sal y ¡chile!; vi a mi madre dando fechas exactas advirtiendo de un evento que pasó justo en la fecha que predijo y tal y como lo predijo, creedme, no creo que cualquiera, por mucho que lo desee, pueda llegar a eso. Creo que como en el caso de los chamanes, son dones que se traen, que se heredan, que desde luego se pueden pulir o trabajar pero creo que no es una decisión de uno. Uno no lo elije, y lo más importante, hay que saber manejarlo porque esos dones siempre tienen que tratarse de manera cuidadosa, para uno y para los otros.

En cuanto a la medicina azteca, pues como cualquier medicina, sí, hay que tener conocimiento. Sí, hay que estudiar, y aquí sí que se pueden tomar cursos, clases, talleres y hasta ir a la universidad holística para hacerse terapeuta holístico. Por ejemplo, la práctica del Temazcal, estos baños de vapor ancestrales con infusiones de plantas medicinales, tan de moda y globalizados hoy en día, son parte de la medicina tradicional prehispánica y de otras culturas no sólo Mesoamericanas, y hay quienes no tienen ningún cuidado ni ninguna consideración de los asistentes que harán el baño de vapor en el que se alcanzan temperaturas muy altas y que sí tiene contraindicaciones médicas, que quienes lo hacen sólo por negocio, ni se enteran. O bien creen que cualquier planta que se utilice en el Temazcal da igual, pero no. Hay plantas que no se usan si alguna participante está en gestación o si alguno tiene problemas de vías respiratorias; hay plantas que no se usan si alguien tiene problemas de coagulación o padece hipotensión; hay plantas que usas si alguien está enfermo y hay plantas que usas si todos están sanos y, por desgracia, hay quienes no se informan y hacen esta práctica hasta peligrosa. Eso es inadmisible porque aquellos que sí lo hacemos de forma profesional, por desgracia los menos, caemos en esa categoría de charlatanes e irresponsables y nuestras aportaciones se invisibilizan. Estoy segura que las prácticas de medicina tradicional, no sólo azteca, cualquiera y de cualquier cultura, deben estar cobijadas por estudios en torno a la Etnomedicina y deben ser practicadas por personas con ciertos conocimiento al respecto. Son prácticas que deberían estar regularizadas, pero, como aún no es negocio para las trasnacionales o para los gobiernos, pues no han metido mano en eso ¡Y no sé qué sea peor! Que metan mano para regular o que lo dejen así (risas).

De la ayahuasca no soy experta, no es endémica de México ni es originaria, ni siquiera se encuentra fácilmente. Aquí en México encuentras ceremonias de ayahuasca con shipibos que vienen de Perú, Ecuador o Colombia y traen el brebaje con el yagué y el yopo y la ceremonia tradicional de ese poderosísimo Espíritu, cuando bien te va. Cuando no son extractos de plantas mezclado con DMT y eres guiado por el que tomó el curso online. Ahora bien, lo que si os puedo decir es que los extractos con ayahuasca en México son cada vez más comunes dentro de los tratamientos farmacológicos de adicciones, depresión y ansiedad, como coadyuvantes claro, y están dando muy buenos resultados. Lo mismo que las microdosis de psilocibina, que ya existen clínicas que ofertan estas terapias. No dudo de su efectividad farmacológica al tratar estas alteraciones y trastornos, después de todo, ¿de dónde vienen todas las medicinas y fármacos?… ¡De la naturaleza! La aspirina viene de la raíz de los sauces, los antibióticos vienen de los hongos, muchos antiinflamatorios se extraen de plantas, así que no me extrañaría que dentro de 90 años ya haya cápsulas de liberación prolongada de ayahuasca como esquema de tratamiento básico para tratar la depresión, claro, si es que no se opone a algún fármaco que la Food and Drug Administrarion (FDA) y la ONU quieran probar o promover o si no representa riesgo alguno para las grandes industrias farmacéuticas. O en una de esas Novartis o Pfiezer hacen la patente y entonces sólo podremos tener ayahuasca pagando a estos grandes laboratorios y si se nos ocurre tomarla de forma «natural» directo de la fuente vegetal, ¡cuidado!, porque estará prohibido y será ilegal. Y no me extrañaría que pasara. Ya ha pasado antes. O bien la FDA decide que no sirve como medicina y entonces la Philip Morris International compra la patente para elaborar cigarrillos con tabaco impregnado con ayahuasca que se podrán adquirir en cualquier tienda pagando una cantidad exagerada de impuestos. Ya ha pasado antes, también. Esperemos que la ayahuasca o la psilocibina tengan destinos diferentes y que la historia no esté condenada a repetirse. Creo que al menos, hoy por hoy, se tiene una oportunidad ya que ahora la ciencia está más al pendiente de estas plantas y sus poderes, está más interesada y hay más información, está más abierta y creo que ahí se tendría un aliado para no permitir historias que terminen por desvirtuar todo.

Me da gusto que estos temas estén resurgiendo con fuerza y con potencia, de verdad, lo celebro. Pero creo aún falta mucho por madurar al respecto esta relación entre una sociedad tan posmoderna, tan siglo XXI, tan «progre», tan Inteligencia Artificial, tan soy no-binario e interespecie, tan votamos por Trump y odiamos a Putin, con el uso de «plantas de poder» que son tan la Verdad es una, es absoluta y está en ti, porque vienes de lo Sagrado y de aquello que es Eterno porque eres uno con Él y en Él.

Y el turismo chamanico ¿Por qué no? Yo hago turismo chamánico aquí en México. Cuando alguien quiere acercarse a esto que alcanza mi conocimiento, y me lo piden, sí, hago tours a lugares, vamos a decir mágicos, y hacemos Temazcal Azteca y les cuento cómo es que es una ceremonia sumamente simbólica que representa el renacimiento, limpias con plantas que recolectamos y les explico qué son, para qué sirven y cómo se usan, y que viven de cerca ciertas experiencias que, así, sin pretender que yo soy chamana o soy muy «chingona» (como decimos en México), ni darles extractos de hongos chinos que crecen en mi tina de baño como medicina espiritual, sí pueden ofrecer un acercamiento a esta cosmovisión y filosofía. Esa clase de «turismo» sí. Pero si con turismo chamánico os referís a eso de que voy a buscar en internet dónde hay o quién organiza una ceremonia de peyote para ir y la próxima semana me voy a una ceremonia de ayahuasca y luego tengo planeada una ceremonia de cacao en una intención más como que «hoy estoy aburrido así que tomo el auto y me voy al paradisíaco estado alternativo de conciencia», pues no. Creo que eso es más producto de un aburrimiento profundo que de una necesidad de auto conocimiento o búsqueda, ahí sí, que cierren esas agencias.

 

Tú misma has mencionado la Inteligencia Artificial (IA) y, desde luego, no pensamos hacer un spoiler del artículo tuyo que aparecerá en el próximo número de la revista Ulises, o sea, no queremos destriparlo. Pero sabemos que le has dado el sugerente título de «La involución del pensamiento por nuevos paraísos artificiales: dispositivos móviles»… Crees que efectivamente, las llamadas «nuevas tecnologías digitales» han venido a sustituir en nuestro imaginario colectivo a los «paraísos artificiales» tradicionales, es decir, a las drogas?

¡Por supuesto! Se ha demostrado, gracias a las Neurociencias, que el uso de dispositivos móviles, por ejemplo, y el abuso de redes sociales provoca adicción en la misma medida y consecuencias que las drogas. Mismas áreas cerebrales relacionadas, mismos mecanismos, mismos circuitos de refuerzo positivo y mismos cambios bioquímicos. Y también hay datos que revelan que la población joven ha disminuido el consumo de alcohol y drogas en la medida que ha aumentado el uso de tecnologías y modernización de teléfonos inteligentes. Y no creo que nos parezca algo extraño. De pronto la gente vive pegada al teléfono, cada dos minutos revisando nuevas notificaciones o nuevos mensajes, dejando de atender reuniones, conversaciones o interacciones sociales, por estar interactuando con los dispositivos móviles. Personas tomando fotos de qué comen, qué hacen, a dónde van, esperando por los likes de la gente y así sentirse, de algún modo «colocados» y muy felices ¿No os parece una descripción que podría obedecer, sin problema, a la del consumo de drogas? La gente deja de trabajar, deja de atender a su familia, deja de hacer cosas importantes, por vivir en su mundo artificial donde «son felices» en su «fantasía». ¿No os parece una situación similar a lo que ocurre con las drogas? Justo para el artículo que estoy preparando para la revista Ulises, estoy revisando las áreas cerebrales que se modifican cuando una población determinada, como la población joven, abusa del uso de tecnologías y son justamente las áreas relacionadas con la interacción social, la autopercepción y la interpretación y planeación de respuestas ante estímulos de tipo emocional ¡Igual que las drogas! Estoy segura que las nuevas tecnologías son las drogas del siglo XXI. Si bien, hablando de alteraciones en la percepción y efectos sobre la conducta a corto y largo plazo habían sido del reino farmacológico hasta el siglo XX, en este siglo XXI el reino pertenece a las nuevas tecnologías. Ahora bien, tenemos enteógenos que han ayudado a la evolución del espíritu, tenemos drogas que han ayudado a la evolución del pensamiento, tenemos drogas que han favorecido la evolución de la cultura, pero todos estos han estado bajo la sombra o de la prohibición, o del miedo, o del desconocimiento o de la dificultad para su acceso, y cuando se descontrola su uso, resulta en afectaciones graves para los individuos y el colectivo. Ahora imaginad una «droga» que está en todas partes, al alcance de todos, gratuita o muy económico, de fácil acceso, que todos aceptan, que todos usan, que se presenta como inofensiva y como una solución a todo ¿Qué pasará cuando su uso se salga de control? Bueno, creo que lo estamos viendo, creo que está pasando y va de inicio. Los seres humanos estamos hechos para adaptarnos, y eso nos hace más resistentes, nos garantiza la supervivencia. Para ello deben ocurrir cambios físicos. Bueno, nos estamos adaptando a este mundo de los avances tecnológicos, y los cambios que están ocurriendo, no estoy muy segura estén siendo para la evolución de la mente, sino todo lo contrario.

Hablaba recién con varios buenos amigos sobre esto de la Inteligencia Artificial y cómo pareciera ser capaz de sustituir al ser humano, no sólo en cuanto a la productividad o eficacia laboral (como la revolución industrial), sino en ejecuciones y procesos más sublimes como la creación, la imaginación y las emociones. Hablamos de los robots, que ya no se necesitan médicos para diagnosticar una enfermedad o indicar un tratamiento, que ya no se requiere de un banquero para hacer transacciones o movimientos, que ya no se requieren pintores o poetas para hacer arte, y que hasta se hacen robots para que sean los novios o las novias «perfectos». Y entonces pensando en que ahora un robot o un programa puede sustituir todo lo que humano puede dar a otro y todo lo que un humano es capaz de hacer entonces ¿En qué seguiremos siendo únicos y exclusivos los humanos? Y allí, enfrente de esa botella de ron y esas líneas ¡Lo entendí todo! Y le dije: «No creo que un robot sienta la necesidad de beber o tomar algún psicotrópico con el único fin de alterar su conciencia. No creo que un robot, algún día, pueda experimentar lo que es una borrachera o un trip de MDMA». Así que concluimos que, al final, las drogas y nuestra relación con ellas, será lo único que nos podrá diferenciar de los androides y lo que nos seguirá distinguiendo como humanos. ¿No os parece hermoso? Claro, todo esto dicho a manera de broma y entre risas, pero si lo piensas no es tan descabellado.

¡Vamos a drogarnos y vivir el «colocón!», que es lo único en lo que no podrían ganarnos o imitarnos las IA (risas). Porque inteligencia no es lo mismo que conciencia, y la inteligencia crece, pero la conciencia se expande. Una vez más, las drogas serán nuestra conexión con la realidad ¿No os parece hermoso?

 

No solo nos parece hermoso, sino tremendamente sugestivo e interesante, como todo lo que nos ha contado en esta entrevista. No nos duele confesar que estaríamos conversando con María Villatoro hasta el Día del Juicio Final, pero tampoco queremos robarle más tiempo. De modo que optamos por concluir esta entrevista, no sin antes brindarle la oportunidad de añadir cualquier cosa que se le haya quedado en el tintero…

¡Y para finalizar, pues, creo que de mí ya saben todo, todo! Al menos lo que vale la pena contar. Pero, siempre agradecer por esta hermandad y esta comunidad, tribu, como dicen ustedes, que se logra a través de Ulises. Es increíble cómo a pesar de las distancias, las ausencias y la poca convivencia, al menos “en vivo”, todos los colaboradores y tripulantes de este proyecto nos sentimos cerca, en confianza y con cariño de sobra. Eso es que toda la energía alrededor de este viaje llamado Ulises es linda, es cálida, es poderosa y mágica. Creo que es una palabra que utilicé mucho en esta entrevista “magia” y es que creo que la magia existe y que esa magia siempre reúne a sus practicantes o creyentes a su alrededor. La magia, según el diccionario, es “un acto que se produce al recitar o escribir ciertas palabras o por la intervención de seres inimaginables, con resultados contrarios a las leyes naturales”. Y en Ulises, cumplimos con todo lo que esa definición requiere.

María Villatoro en las Barrancas del Cobre (Chihuahua)
María Villatoro en las Barrancas del Cobre (Chihuahua)

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