José Carlos Bouso
Día de besos y M, pero no de microdosis.
Empezamos la bitácora de hoy con unos besos, que nunca vienen mal para empezar una tarde de viernes otoñal soleado. Pues bien, un estudio, realizado por la Dra. Matilda Brindle y su equipo en la Universidad de Oxford, concluye que el beso en la boca evolucionó hace más de 21 millones de años en el ancestro común de los grandes simios y los humanos. Para llegar a esta conclusión, los científicos definieron el beso como «contacto oral sin transferencia de comida» y rastrearon su presencia en especies animales, desde primates hasta osos polares, construyendo así un árbol evolutivo que sitúa su origen mucho antes de lo que se creía. La investigación sugiere que esta práctica fue compartida con los neandertales, demostrando que no es un rasgo exclusivo del humano moderno. El siguiente paso sería investigar si también hay vestigios evolutivos del beso con lengua y, puestos a ello, si los hay también para besos en otras partes del cuerpo, como… bueno, mejor lo dejo antes de que esto derive en un microrrelato porno… En cualquier caso, me sonaba que lo de besarse en la boca (o en las partes medias del cuerpo, por afinar más) tampoco es algo universal entre las culturas humanas, así que he rastreado un poco y, efectivamente, parece que solo está documentado en el 46% de las sociedades muestreadas. Con la globalización, además, ya tenemos experiencias cercanas de romances entre indígenas y no indígenas y al menos conozco un caso que me ha confirmado empíricamente lo anterior.
Y de los besos a la MDMA, pues va un paso, obvio. En un pasaje del estupendo libro de la periodista científica Rachel Nuwer, I feel love, la autora explica una experiencia con MDMA que había tenido en un piso de Nueva York donde un señor de avanzada edad se dedicaba a facilitar encuentros de grupos con la sustancia para, como hace la MDMA, mediante el estrechamiento de los vínculos afectivos generar pequeños grupos que se transformaran en comunidades en una sociedad tan individualista donde los vínculos comunitarios son un anhelo a veces inalcanzable de muchas personas. El relato me maravilló y pensé que ahí había un buen guión para una película de Woody Allen. Ya he recomendado en otras bitácoras entrevistas del podcast del Dr. Richard L. Miller, un psicólogo clínico que tuve la suerte de conocer (y convivir) hace muchos años y que pese a su edad ya avanzada sigue en activo y con una excelente forma intelectual (la última vez que le vi fue en la conferencia de Denver de este año y ya necesitaba un bastón para andar). Bien, el Dr. Miller entrevista a este personaje neoyorkino que ahora he descubierto que se llama Charley Wininger en la que nos cuenta su proyecto llamado “La comunidad es la medicina”. Me parece flipante. Hace unos años nadie se atrevería a confesar públicamente en los Estados Unidos que tomaba drogas ilegales. Te podía causar un problema legal importante (aún puede seguir ocurriendo según dónde). Y hoy ya no solo no se esconden, sino que hablan abiertamente de proyectos tan aparentemente osados (por la situación política, no porque el proyecto lo sea) como este. Por cierto, uno de los libros del Dr. Miller ha sido recientemente editado en España.
Seguimos con la MDMA. O, más precisamente, con un sucedáneo. Recordarán ustedes la fatídica fecha del 8 de agosto de 2024 en que la FDA tenía que haber autorizado la MDMA como medicina para tratar el trastorno de estrés postraumático, pero finalmente fallaron negativamente. Sí, lo sé, no canso de repetirlo, ¡qué pesao! Pues bien, impulsados por la incertidumbre de qué pasará con la MDMA la empresa Arcadia está desarrollando un compuesto similar, el AM-1002, que promete beneficios terapéuticos con menores riesgos, y ha captado el crucial respaldo de figuras como Sam Altman (CEO de OpenAI), quien es inversor y promotor público. La participación de Altman no solo facilita la captación de fondos, sino que también pretende funcionar como un sello de legitimidad que ayude a normalizar la medicina psiquedélica entre audiencias escépticas, consolidando una tendencia donde líderes tecnológicos (como Peter Thiel o Sergey Brin) están invirtiendo fuertemente en este campo. Le preguntaron a la hija de Ann Shulgin, en un especial sobre los Shulgin que hicieron una tarde en la conferencia de Denver, qué pensarían ellos de toda esta carrera frenética por monetizar la MDMA y dijo que probablemente no les gustaría nada. Ellos trabajaron para que todo el mundo tuviera acceso a estas medicinas, cosa que, al menos en el corto plazo, no va a ser el caso. Aunque, bueno, en el mercado ilícito no falta suministro barato y de calidad. Así que más que para el que no se lo puede permitir estas sustancias son de acceso difícil para quien no sabe buscarse la vida en los laberintos, cada vez menos complejos, por cierto, del mercado ilícito.
Y, ahora sí, para terminar con la MDMA, Australia se ha convertido en el primer país del mundo en aprobar la financiación federal para la psicoterapia asistida con MDMA o psilocibina a través del Departamento de Asuntos de Veteranos (DVA), ofreciendo tratamiento sin coste a veteranos elegibles con trastorno de estrés postraumático (TEPT) y depresión resistente al tratamiento. Así que esto ya no solo va a ser cosa de ricos. Si te alistas lo mismo también pillas cacho cuando vuelvas de hacer la guerra.
En mi reciente libro, Medicina Psiquedélica. Manual para… (lo siento, voy a estar ahora un tiempo haciéndome publicidad, pero trankis, se me pasará), dedico un capítulo a analizar la evidencia que existe sobre la eficacia de las microdosis, concluyendo que no sirven para mucho. Aun así, es una conclusión que va en dirección contraria a la experiencia de mucha gente, por lo que sigo indagando y pendiente de nuevos estudios que refuten mis conclusiones. Pero no hay manera. Cada cosa nueva que se publica que está hecha con un mínimo de rigor, los resultados vuelven a ser los mismos: no hay diferencia con el placebo. Así concluyen dos nuevos estudios controlados de corte longitudinal, es decir, donde se hace un seguimiento en el tiempo de los sujetos. Nada, ¡seguiremos esperando!
Y ya, para terminar, si vives en Madrid, el próximo miércoles 26 de noviembre estaremos presentando mi susodicho libro. Por si te quieres pasar. ¡Buen finde!