José Carlos Bouso
Retomamos esta errática bitácora, reflejo de un no menos errático rumbo que esperamos no conduzca a una errática deriva, con un paper que analiza las consideraciones conscientes e inconscientes de los usuarios regulares de ayahuasca con relación a la muerte. Este estudio descubrió una paradójica paradoja (si se me permite el pleonasmo): si bien los participantes refieren menos miedo explícito a la muerte (el nivel consciente), sus cerebros, a un nivel neurofisiológico automático e inconsciente, siguen mostrando fuertes marcadores de «negación de la muerte». En esencia, la ayahuasca parece cambiar lo que sentimos y decimos sobre la muerte, pero las defensas más profundas del «yo» ante la mortalidad permanecen intactas. Utilizando MEG, que es como un escáner que lee la actividad cerebral al milisegundo, pusieron a los participantes a ver secuencias rápidas de imágenes de sus propios rostros junto a palabras relacionadas con la muerte. Lo que buscaban era una reacción cerebral automática (llamada señal vMMR) que mostrara un “cortocircuito“ inconsciente en el cerebro cuando el yo se encontraba con la muerte, indicando que la defensa o negación seguía activa. No debe ser tan fácil desprenderse de esa sensación atávica de inmortalidad por mucho que racionalicemos la finitud o bebamos ayahuasca. Siguiente cuestión.
Seguimos con otro paper, esta vez con MDMA. Después de haberse ensayado para tratar el Trastorno de Estrés Post-traumático, la ansiedad social en el Trastorno del Espectro Autista, el alcoholismo y el distrés existencia en personas con enfermedades terminales, tarde o temprano tendría que llegar el turno del trastorno de moda para el que se están ensayando la mayoría de psiquedélicos: la depresión. Un estudio abierto (sin grupo placebo) en una muestra pequeña de 12 personas tras dos sesiones con MDMA con terapia antes, durante y después de cada sesión, ha encontrado reducciones altas y significativas en la sintomatología. Se abre la puerta pues a seguir explorando esta acción de la MDMA en estudios controlados con más sujetos. Veremos qué pasa.
Lucy es una herramienta de simulación interactiva basada en voz destinada a mejorar las habilidades clínicas de l@s terapeutas psiquedélic@s. Ha sido creada utilizando miles de conversaciones reales de la Línea de Apoyo psiquedélico (Psychedelic Support Line) del Fireside Project con diferentes sustancias incluyendo MDMA, LSD o psilocibina. Venga, a practicar.
MAHA (Make America Health Againe) es la sección de salud de MAGA. En su reunión reciente de 2025 participaron, aparte de su creador, el magufo Secretario de Salud Robert F. kenney Jr, el Vicepresidente de los EEUU J.D. Vance y el jefe de la FDA Marty Makary. El propósito fue discutir el futuro de la salud en EE.UU., pero las sesiones se caracterizaron por la ausencia de investigadores académicos y clínicos tradicionales y por las fuertes críticas al establishment médico y a las industrias farmacéutica y alimentaria. Por primera vez en la agenda se abordó el tema de los psiquedélicos, en lo que parece que será un espaldarazo a su regulación médica. No deja de ser sorprendente que precisamente la regulación de los psiquedélicos venga promovida precisamente por el MAHA Summit, que más bien podría rebautizarse en MADA (Make America Mad Again), por el elenco de personajes que lo componen. Y es que parece que ahora esta cosa de los psiquedélicos ya no es de jipis progres sino de católicos conservadores. Yo me bajo del barco, gente.
Aunque, ¿adónde vamos? De otro Summit (que es reunión o conferencia en inglés), esta vez el del COP30, la cumbre climática de Naciones Unidas recientemente celebrada en Belém, Brasil, concluyó con un resultado que los científicos calificaron en gran medida como decepcionante por no ofrecer hojas de ruta ambiciosas ni nuevos compromisos significativos para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, lo que mantiene al mundo en camino de un calentamiento superior a los 2.6 °C. A pesar de los esfuerzos para proteger los bosques tropicales y las negociaciones sobre ayuda financiera, el fracaso más notable fue la omisión de un plan para la eliminación progresiva de los combustibles fósiles, bloqueado por naciones productoras de petróleo. Eso, a pesar de que en 2025 se alcanzó el récord histórico de emisión de CO2 en el planeta. Aunque estimaciones optimistas predicen que dichas emisiones pronto empezarán a descender, pero al pinchar de nuevo la noticia no puedo acceder a ella (se me acabó el cupo de acceder a 3 artículos al mes gratuitos de la sección de noticias de la revista Science).
Mientras, de nuevo la ciencia se choca con las políticas sobre drogas. Llevamos años esperando que se reclasifique la hoja de coca. Tenemos experiencia en juicios donde a personas andinas por traer de sus países de origen cantidades ridículas de hoja de coca para sus propios consumos les piden años de cárcel. Por eso el comité de farmacodependencia de la OMS tenía la misión de estudiar la toxicidad de la hoja de coca. Un reciente artículo en Science aboga por una reforma urgente de la política internacional de drogas que separe legal y científicamente a la hoja de coca de la cocaína purificada, revirtiendo su clasificación conjunta como Sustancia Controlada de la Lista I bajo la Convención Única de las Naciones Unidas de 1961. Según dicho artículo, la evidencia científica y social demuestra un contraste sorprendente: mientras la cocaína representa riesgos y disrupción social, la hoja de coca es un estimulante benigno, no adictivo y un cultivo vital, sagrado y no dañino para más de 11 millones de personas, principalmente indígenas y mestizos, en los Andes y la Amazonía, donde ha sido usada por más de cinco milenios con fines medicinales, rituales, laborales y nutricionales. Los autores del artículo sostienen que la prohibición actual, impulsada por un informe sesgado de la OMS de 1952, criminaliza prácticas culturales y obstaculiza la investigación médica, mientras que la desclasificación de la hoja de coca permitiría políticas equitativas basadas en evidencia, protegería los derechos de los pueblos indígenas y facilitaría la transición del cultivo ilícito a economías rurales legales y sostenibles. Pues bien, nos hemos llevado la sorpresa de que el Comité de Farmacodependencia rechaza la reclasificación de la hoja de coca. Lo más flipante es que no lo hace porque la hoja de coca, efectivamente, sea peligrosa, sino porque es fuente de cocaína y reclasificar la hoja de coca sería seguir facilitando la presencia de cocaína en el mercado ilícito de drogas. Un sinécdoque tan absurdo como sería prohibir las uvas o la caña de azúcar basándose únicamente en la «fácil convertibilidad» de sus azúcares naturales en alcohol destilado puro.
Antes de irme, tenía guardada esta noticia de hace un par de semanas. Me fascina la evolución del cerebro, tanto en términos filogenéticos como ontogenéticos. Un estudio que analizó resonancias magnéticas de alrededor de 3800 personas, desde recién nacidos hasta los 90 años, identificó que el cableado cerebral (las conexiones de la materia blanca) experimenta cuatro grandes puntos de inflexión a lo largo de la vida, dividiéndola en cinco fases clave. Estas transiciones ocurren aproximadamente a las edades de 9, 32, 66 y 83 años. Inicialmente (0 a 9 años), las conexiones se vuelven menos eficientes; entre los 9 y los 32 años, la eficiencia aumenta rápidamente (favoreciendo la planificación y la toma de decisiones); la tercera fase (32 a 66 años) es la más estable, aunque con una ligera pérdida gradual de eficiencia; finalmente, las dos últimas fases (66 a 83 y 83 a 90 años) muestran un debilitamiento de las conexiones entre regiones, con el cerebro confiando más en «centros» de conexión, lo cual podría estar relacionado con el aumento del riesgo de demencia. Las evoluciones por tanto no parece que se den de manera continua, sino en forma de cambios rápidos y puntuales, como así parece ocurrir también en el desarrollo de las especies.
Para terminar, que ya se hace tarde, la gratitud se vincula consistentemente con un aumento de la felicidad, la resiliencia y el fortalecimiento de las relaciones. ¡Practíquenla!
Y, como despedida, las fotos científicas del mes.
Buen finde.