Inhalo profundo. El vapor denso se desliza por mi garganta, y antes de soltar el humo, la realidad empieza a desmoronarse a una velocidad de vértigo. No hay transición, no hay aviso. Solo un tirón brutal que me arranca de mí mismo y salgo disparado.
Un zumbido se expande en mi cabeza, como si el universo estuviera sintonizando una frecuencia diferente. Todo a mi alrededor se fragmenta en patrones geométricos coloridos que laten y danzan en armonía. Mi cuerpo también se fragmenta, ya no lo percibo. Yo ya no existo como antes, empiezo a tenerlo claro.
Intento aferrarme a algo conocido, pero no hay nada. Mi nombre, mi historia, mis pensamientos, mi mundo… todo es arrastrado como hojas en un huracán cósmico. Siento miedo, la desesperación de quien está perdiendo todo lo que alguna vez creyó que era la realidad única.
Algo se me revela con rotundidad y me golpea: ese «yo» que estoy perdiendo nunca fue real y si quiero comprender todo con mas profundidad, toca dejarse llevar! A pesar del miedo, me dejo. Justo entonces siento un segundo tirón, como si tal actitud por mi parte fuera necesaria para seguir avanzando en la experiencia y poder adentrarme mas en todo lo que aquello me estaba ofreciendo.
Me entrego. No muestro resistencia. Quiero saber que tan lejos llega esta madriguera de conejos. Y en ese instante, toda la tensión psicológica que tenía se evaporó. Entonces experimenté algo a lo que me resulta muy difícil ponerle palabras pero que sin duda es de las experiencias mas importantes y bonitas que he tenido en mi vida, que se dice pronto. En ese estado me sentí auténtico y real de una forma que difícilmente puedes imaginar si nunca lo has experimentado. Yo era un mandala girando en armonía con todo el engranaje »mandálico-cósmico» desplegado frente a mi, sentía una paz y un amor infinito. Me sentí realmente amado de una forma no humana, realmente no hay palabra que haga justicia a lo que se siente, uso las que puedo porque no me queda otra para comunicarlo. En ese estado no había un nombre ni un concepto que pudiera definirme, yo era la voluntad de existir, de experimentar. Estaba totalmente liberado de todos aquellos relatos que se acoplan a nuestra mente para formar un ser que entendí que no era mas que un impostor, una distorsión de la verdad a la que había permitido entrar en mi mundo interior para poner todo patas arribas. Que idiota! Lo sentí como la peor de las traiciones, sentí mucha tristeza por saber que yo había corrompido todo aquello, pero al mismo tiempo sentí mucha compasión y gratitud de poder de nuevo traerlo de vuelta y recuperarlo, porque tenia la certeza de que no estaba revelándose ante mi nada nuevo, aquello siempre había estado conmigo de alguna manera, solo que ahora se estaba mostrando con todo su esplendor. Como cuando florece una flor. Valiente espectáculo. Gratitud de nuevo.
En ese estado comprendí que aquello era un asunto serio, ninguna alucinación, eran visiones acompañadas de sentimientos tan potentes que serían un antes y un después en mi vida. Quien en su sano juicio puede pasar por algo así y desecharlo? Me preguntaba seriamente. Aquello me estaba mostrado lo que de verdad llevaba dentro de mi. Casi ná! Sentí gratitud infinita por haber sido bendecido por aquella experiencia, y de ahí sabía que ya no podría ver las cosas igual, en el buen sentido.
Poco a poco comienzo a regresar. La sensación de un cuerpo reaparece. La terraza y el paisaje de mi mundo se reconstruye lentamente a mi alrededor. Pero algo ha cambiado en mí.
Ahora veo con mas claridad.
Me siento renovado, renacido.
Y nunca volveré a ser el mismo.
Gracias!!!!