Este es el reporte de viaje de mi última experiencia psicodélica con 4-bromo-2,5-dimetoxifeniletilamina (2C-B). Compré a mi proveedor de confianza una dosis de 10 mg, de una pureza total, el formato fue en capsula. Planifiqué el viaje para el final de mis vacaciones.
El viernes cerré asuntos y me preparé para dormir bien. Me desperté el sábado a las 09:00 de la mañana, procedí a ponerme mis gafas soporte de Realidad Virtual (RV), dónde enganché el smartphone ejecutando la aplicación llamada DreamMachine, con los ajustes de binaurales en 8 Hz/s, los pulsos estroboscópicos en 8 Hz/s y el audio de meditación guiada de método autógeno.
Dejé un libro de colorear mandalas y uno de aforismos sobre meditación que siempre me calma al leerlo, básicamente es un distractor. Pero son útiles. Aunque al final no los usé.
Me tapé con la manta en la cama, dejé la persiana puesta para reducir los estímulos al máximo y tomé suplementos antioxidantes (para reducir el estrés oxidativo que puede provocar una anfetamina como puede ser la 2C-B) junto con la capsula de 2C-B con un vaso de agua tibia. La sesión se programó para 45 minutos.
Durante la sesión no noté indicios de efectos psicodélicos del fármaco. Pero 15’ después de terminar, mientras decidía si tomar una infusión o un café frente al armario de las especias, noté la primera oleada, como una fuerte ola física de subida del pulso y presión sanguínea. Un breve mareo.
Por la visión periférica percibía que algunos objetos se rizaban y revertían en el típico proceso algorítmico que muestra la 2C-B. Decido dirigirme a la cama, ponerme mis cascos inalámbricos, ponerme almohadas bajo las piernas para mejorar la circulación al torso (porque recordemos que las anfetaminas son estimulantes y producen vaso-constricción), me pareció lógico contrarrestar la estimulación con relajación tanto postural como respiratoria.
Puse música diversa al principio porque la primera fase de éste fármaco me induce melomanía, (vinculado con la liberación de adrenalina y dopamina) pasión por la música, al rato me saturó. Y pasé a la fase pro-social inducida por la parte empatógena (oxitocina, serotonina).
Después pasé a una especie de utopía de abejas espaciales donde era una de ellas. Todo era orden lógico e instinto. Pero me sentía feliz y seguro, eran multicolores y bonitas, transparentes. Por dentro tenían masas de colores fluyendo y costillas de cristal. Todo vibraba periódicamente con hermosos zumbidos eléctricos-pastel. En una parte de mi paisaje interior aparecieron brevemente arañas, un animal al cual tengo fobia porque lo asocio con la muerte, pero incluso en mi mundo éstas no pudieron medrar y fueron devoradas y absorbidas por densos y amorfos agujeros negros de gelatina negro-azul.
Finalmente miré a un desierto de arena infinitamente fina e infinitamente amplio, el horizonte se curvaba hacia arriba. Mire a un cielo de yeso de color crema dónde por el sol se asomaba un Apolo que miraba desesperado hacia arriba. Y el cielo se quebró y reveló estrellas y éstas se alejaron rápidamente.
Mostrando que uno nunca alcanzará sus sueños. Y después el paisaje interno cambió a un machinescape donde se mostraba en forma de pequeña singularidad negra y oscura que irradiaba profundidad que nunca podría ser algo grande, que el universo es inconmensurablemente vasto. Cosa que se representó gráficamente con una esfera translucida azul rodeando la singularidad. Y luego a los lados de la esfera aparecieron otras en fila, representando el consuelo metafísico de que si hubiera hipotéticos universos paralelos siempre habrá, por pura repetición, alguien igual a mí para decir que no estoy sólo en unidad pero sí alejado por un infinito espacio de distancia. Y en ese pasillo donde se apilaba esa grandiosidad se revelaban arcos y columnas de colores sobre una bóveda de carga que revelaba las estrellas que nunca se alcanzan.
Es un hecho triste, pero saberlo te pone en perspectiva y te orienta. Es una lección de humildad.
Luego pude abrir los ojos y toda mi vista seguía fluctuando pero ya empezaba, poco a poco, a aterrizar.
Desayuné, almorcé y comí. Debo de ser de las pocas personas que puede comer tranquilamente bajo los efectos de un estimulante.
En los próximos días reflexionaré sobre cómo puedo tomar una dirección correcta en mi vida personal sobre éstas revelaciones personales. Alguno se sorprenderá de mi sensibilidad ante ésta dosis de psicodélico pero siempre recuerdo que soy una persona con una sensibilidad farmacológica un 20% superior a la media. Si tomamos como regla de tres que una dosis de 2C-B de 5 mg es estimulante, 10 mg es empatógeno-melómano, y por encima es psicodélico, entonces si tomé 10 mg en mi contexto psicobiológico son 12 mg. Y con la 2C-B la relación dosis-efecto a partir de 10 mg es multiplicador, no aditivo, y por tanto subidas muy pequeñas en la dosis escalan rápido en sus efectos.