Pihkal y Tihkal: Un mapa hacia otras dimensiones

Missa Megías. Agosto, 2025

Pihkal y Tihkal: Un mapa hacia otras dimensiones. Las llaves del alma que nos regalaron Alexander y Ann Shulgin.

Missa. Primer día de agosto de 2025

 

Si PiHKAL y TiHKAL te encuentran, es que ya estabas buscando. No es casualidad.

No llegas a PiHKAL ni a TiHKAL por accidente. No los sacas de una estantería como quien escoge un libro cualquiera. Esos libros te encuentran cuando algo dentro de ti ya está buscando. Cuando estás listo —aunque no lo sepas— para empezar a mirar distinto. A veces es un artículo el que te los cruza. A veces una frase perdida en un foro de internet o en un video en YouTube. A mí me pasó en 2015 leyendo el artículo “La última entrevista de Alexander Shulgin” en VICE, y sin saber bien por qué, algo en el pecho me dijo: ahí hay algo para ti.

No sabía muy bien si eran libros de química, de autoexploración o de locura compartida. Solo supe que tenía que leerlos. Y nada volvió a ser igual después. Lo sorprendente es que no hablan solo de efectos de sustancias, sino que también hablan de lo invisible, del cuerpo, de la sombra y del alma humana cuando deja de huir de sí misma, pero también de política, de filosofía, y de integración del ser.

PiHKAL y TiHKAL son más portales que libros. Los atraviesas y sales distinto. Porque no solo explican moléculas, sino que relatan la vida de sus autores alrededor de ellas. No están escritos solo por expertos para expertos, sino por dos personas que hicieron de su relación, de su cuerpo, de su intimidad y de su conciencia… un laboratorio de amor y verdad. Recuerdo que la primera vez que los leí, lo que más me marcó no fue la cantidad de recetas de sustancias que incluyen, ni la escala para medir las experiencias, ni la elegancia de sus registros.

Fue el coraje de no separar nunca la química del alma y de no callar, porque si hay algo de defina a los Shulgin, es su compromiso visceral en compartirlo todo sin filtros y de poner el conocimiento al servicio de la exploración de la conciencia universal. Si hoy se habla de la MDMA en contextos terapéuticos, es en gran parte porque Alexander abrió esa puerta y Ann la sostuvo con extraordinaria integridad. Si hoy contamos con cientos de sustancias como herramientas de autoconocimiento, es también porque Sasha, —así llamaban a Alexander en su círculo privado—, insistió en seguir escribiendo y publicando incluso después de que la DEA (Drug Enforcement Administration) le quitara el permiso de investigar.

Y si tú has llegado hasta aquí, probablemente es porque estás listo para dejar de mirar a los psiquedélicos como objetos prohibidos y empezar a verlos como espejos. No para escapar de uno mismo, sino para profundizar en los rincones másescondidos de la psique. No para elevarse con la falsa sensación de estar por encima de nadie, sino para abrazar las propias sombras desde la vulnerabilidad. Este no es un artículo para convencerte de nada. Es solo un gesto de gratitud. Y una invitación a leerunos libros que, si los dejas, pueden devolverte a ti mismo de una forma que jamás habrías imaginado antes.

 

Mucho más que libros de química

Cuando uno escucha el nombre de PiHKAL (Phenethylamines I Have Known and Loved) o TiHKAL (Tryptamines I Have Known and Loved) —fenetilaminas y triptaminas que he conocido y amado— puede imaginar que está frente a dos manuales técnicos, aburridos o ilegibles para cualquiera que no sea químico o farmacólogo. Y sí, contienen rutas de síntesis difíciles de descifrar para quien no tenga un extraordinario manejo de la química. Y sí, incluyen estructuras moleculares, compuestos, dosis y tiempos de acción. Pero esos no son solo los libros de los Shulgin, ellos fueron mucho más allá.

La verdadera magia, además de compartir las recetas de varios centenares de compuestos, con comentarios incluidos según dosis, también está en la primera mitad de cada uno. La que casi nadie se atreve a leer, donde se narra una verdadera historia de amor, de búsqueda, de libertad y de alquimia existencial. Ann y Alexander Shulgin no eran solo una pareja de investigadores. Eran exploradores de lo invisible. Y juntos escribieron dos autobiografías entrelazadas, profundas y conmovedoras, que no solo describen los efectos de muchas sustancias psiquedélicas, sino el modo en que la conciencia humana puede expandirse, tocar fondo, volver a levantarse… y hacer de esas heridas lugares sagrados.

Ann habla con una voz clara, sabia y maternal. Cuenta los detalles de sus experiencias desde sus propios procesos mentales, su infancia, sus miedos y su forma de mirar al mundo. Y lo hace con una honestidad y vulnerabilidad que desarma. Sasha narra con humor, a veces, incluso con cierto toque de sarcasmo e ironía —especialmente cuando se refiere a la guerra contra las drogas—, con precisión técnica, pero sin arrogancia. A veces parece un niño jugando con las moléculas. Otras, un alquimista rescatando el alma de la ciencia. Siempre, un hombre que ama profundamente lo que hace.

Lo que estos libros dejan ver no es solo lo que las sustancias hacen, sino lo que pueden revelar si uno se atreve a mirar con radical honestidad. Porque lo importante no es solo la parte química, sino la integración. Y eso, ellos lo sabían.

 

Lo que despiertan cuando los lees

PiHKAL y TiHKAL no solo se leen, se viven. No son libros solo para entender. Son libros para sentir. Por eso, cuando los abres por primera vez siendo consciente de su valor, sientes algo parecido a estar cruzando una puerta sin saber qué hay al otro lado. Hay momentos que te hacen reír, o llorar y otros que te dejan sin aire esperando el siguiente párrafo. Pero te aseguro que no se parecen a nada que hayas leído antes.

No están escritos con neutralidad científica. Están escritos con la piel, con cuerpo y con alma. Desde lo más visceral de las entrañas, por eso tocan tanto. Porque puedes ver cómo Ann explora su sombra en medio de una crisis existencial en la que decide tener una sesión de MDMA, hasta encontrarse con la niña que se escondía dentro de un pozo disfrazada de gusano, y rescatarla y abrazarla, y lo narra con una delicadeza imposible de fingir.

Porque escuchas a Sasha describir cómo el contacto con una sola molécula puede cambiar el modo en que uno percibe el mundo para siempre. Porque ambos se desnudan, y no para impresionar, sino para mostrar que el camino hacia uno mismo no está hecho de certezas, sino de vulnerabilidades. Quien los lea sin prejuicios, los sentirá como espejos. Y a veces —como me pasó a mí— estos libros te despiertan más que cualquier experiencia psiquedélica. Porque te recuerdan una imagen tuya más honesta y más rota, quizás. Pero también mucho más real.

 

PiHKAL: un regalo íntimo al mundo

En 1991, Ann y Alexander Shulgin hicieron algo sin precedentes: publicaron PiHKAL (Phenethylamines I Have Known and Loved), un libro mitad novela autobiográfica, mitad tratado de química psicodélica. Pero no era cualquier libro. La primera parte era una historia de amor. Una historia de almas. Una especie de diario espiritual compartido, donde relatan desde su infancia y sus experiencias antes de conocerse, hasta cómo se encontraron y decidieron compartir el resto de su vida juntos, cómo exploraron la conciencia, y cómo las sustancias, lejos de alejarlos, los acercaron al centro de sí mismos.

La segunda parte era una bomba. Incluía las síntesis completas de casi 200 fenetilaminas explicadas paso a paso, como si fuesen recetas de cocina para un químico experimentado. Esto, hasta entonces, era información restringida o fragmentada, disponible solo en publicaciones científicas especializadas o en entornos muy cerrados. Y Alexander las ofreció al mundo de forma altruista. ¿La intención? No promover la fabricación de drogas, sino democratizar el conocimiento mientras le quitaba el aura de misterio y elitismo. Ponerlo al alcance de quien quisiera entender. Y, sobre todo, protegerlo del olvido o la manipulación.

PiHKAL fue un acto de confianza radical en la humanidad. Muchos lo han considerado una irresponsabilidad. Pero, para los Shulgin, era un deber ético. Si se habían descubierto compuestos que podían ayudar al ser humano a conocerse, a sanar, o a abrir puertas interioresque invitaban a descifrar los misterios del universo… entonces había que compartirlo a toda costa. Y lo hicieron.

 

El día que intentaron silenciarlos… y sus voces se volvieron más fuertes

Al principio PiHKAL pasó desapercibido para la DEA —incluso después de haber recibido las copias en sus oficinas por parte de los mismísimos Shulgin—, inmediatamente después de su primera publicación. Y durante un tiempo, las aguas parecían en calma. Pero un par de años después, las alarmas saltaron: algunos laboratorios clandestinos habían empezado a utilizar las rutas de síntesis descritas en el libro para fabricar sustancias y venderlas en la calle.

Entonces llegó la reacción: La DEA irrumpió de malas formas en la granja de los Shulgin pidiendo explicaciones y disfrazando su visita de inspección rutinaria, legitimados en la relación que Alexander mantenía con ellos como colaborador y poseedor de los permisos gubernamentales como investigador independiente. Aquella invasión fue una operación quirúrgica, diseñada para hacer daño sin armar mucho escándalo, pero descargando toda la furia reprimida de la famosa institución que sostiene todo el entramado mundial de la mafia de la guerra contra las drogas.

Le retiraron a Sasha su licencia para investigar, lo multaron con una cifra disuasoria, y le cerraron el acceso legal a laboratorios y reactivos. No podían encarcelarlo —no había hecho nada ilegal—, pero sí hacerle la vida imposible. Fue un golpe devastador. Y, al mismo tiempo, un despertar. Lo que en un principio empezó como un acto de generosidad de los Shulgin, seconvirtió en un acto de resistencia ética y política. Y lo que parecía el final, fue solo el inicio de una nueva etapa.

En lugar de parar, decidieron seguir escribiendo mucho más libres y profundos. Sin pedir permiso, pero con propósito. Y así nació TiHKAL (Tryptamines I HaveKnown and Loved), en 1997. Esta vez, con más determinación, y con la certeza de que el conocimiento debía seguir su curso, pese a quien le pese. El mensaje implícito en la publicación fue claro: ningún organismo gubernamental podía detener la expansión de la conciencia.

TiHKAL no fue solo un libro. Fue una respuesta. Una manera de decir: nos habréis quitado los viales, pero no la voz. Nos vetasteis los compuestos, pero no los relatos. No podrán evitar que lo humano siga buscando lo que le pertenece. Sin duda estos libros leídos desde una perspectiva enfocada a la expansión —y no a la represión— del pensamiento, te abren universos infinitos por dentro.

 

Hay libros que se leen. Y hay libros que te leen a ti

PiHKAL y TiHKAL no se limitan a informar o a narrar una secuencia de acontecimientos: te invitan a mirar hacia adentro y a cuestionar muchas de las creencias aprendidas que se dan por hecho en la actualidad —incluida la teoría más famosa y aceptada actualmente en la comunidad científica sobre el origen del universo, sí, la teoría del Big Bang—. Te invitan a traspasar la frontera entre el yo y lo que hay más allá.

Y cuando entras en ellos con la disposición adecuada, sucede la magia de la alquimia como forma de transmutación. No se trata solo de entender los compuestos o sus efectos subjetivos, sino de empezar a intuir que la conciencia no es fija ni estática, que uno puede, si quiere, reconfigurarse desde dentro, y que hay heridas que no basta con curar, sino que hay que integrar. Y eso fue lo que me pasó a mí.

Años después de haber leído estos libros, tuve queenfrentarme a explorar mi sombra bajo el efecto de MDMA, en un entorno íntimo y contenido. Lo que viví fue una especie de ceremonia sin altar. Un descenso lúcido hacia lo que siempre había evitado mirar. En esa sesión, la parte monstruosa que me habita —aquella que había rechazado durante años— tomó forma. Y al sostenerla sin juicio, se transformó ante mí en una niña pequeña y asustada que solo necesitaba atención. La representación de mi yo reprimido. La que hacía mucho tiempo había quedado atrapada en algún rincón oscuro del alma y a la que sin ser consciente había encerrado bajo siete llaves. Para mí, esa experiencia fue un renacimiento.

Meses después, volví a experimentar con MDMA, esta vez junto a la famosa 2C-B creada por Sasha y su colega David Nichols, y que Ann integró con maestría en sus sesiones intensivas de acompañamiento. Y, aunque fue diferente, pues me encontraba en una etapa vital más integradora, fue igual de reveladora. Lo que PiHKAL y TiHKAL me habían mostrado como posibilidad, se volvió vivencia, encarnación y camino. Y lo que he descubierto es que estas sustancias, cuando se usan con responsabilidad, no son atajos, sino que,con la intención definida, son como mirarte al espejo sin los filtros de la realidad cotidiana. Y muchas veces, son llaves.

Llaves que abren habitaciones del laberinto de la psique humana que llevaban décadas cerradas, o que incluso nunca se han abierto. Llaves que no funcionan si no hay un mínimo de coraje, valentía y determinación. Llaves que, una vez usadas con propósito, ya no te permiten volver a la ignorancia de antes. Por eso estos libros no caducan y nunca lo harán.

Porque, aunque sus fórmulas puedan algún lejano día quedar obsoletas por dar paso al refinamiento de futuras moléculas, lo que enseñan seguirá vivo para siempre: la importancia de mirar con verdad, la necesidad de integrar lo vivido y el valor de hacer del viaje interior un acto sagrado y necesario para compartirlo con el mundo.

 

La escala Shulgin: midiendo lo inefable

Uno de los legados más fascinantes de Alexander Shulgin es su escala de evaluación de sustancias, una herramienta que ideó para clasificar los efectos subjetivos de cada compuesto psicoactivo en función de su intensidad. Pero no te confundas: no es una tabla científica impersonal. Es, en realidad, una forma de dar lenguaje a lo invisible.

La escala va desde el nivel “–” (sin efectos) hasta el legendario “++++”, reservado solo para aquellas experiencias en las que la realidad se disuelve por completo y uno entra en estados místicos o trascendentales imposibles de describir. Tienes el +/, que son efectos apenas detectables, como un susurro interior. El + marca un cambio claro pero sutil, sensaciones aumentadas, un ligero brillo en lo cotidiano. Con ++ el mundo ya no es el mismo, los efectos son intensos y ya no puedes ignorarlos. En +++ el viaje domina completamente y toda gira en torno a los efectos de la sustancia.

Y luego está el mítico ++++, que Shulgin describía como una experiencia cumbre o trascendental, el contacto con lo absoluto. No depende de la dosis, sino del estado del alma, y no se puede prever. Esta escala, más allá de lo técnico, es un reflejo de su sensibilidad. Shulgin no solo quería saber qué hace una sustancia, sino cómo se siente vivirla, cómo se despliega en el cuerpo y cómo transforma los pensamientos dejando huellas, en muchos casos, imborrables, y cambiando la relación con uno mismo.

Por eso su escala no es solo una medición. Es un lenguaje común entre muchos psiconautas. Una manera de comunicar lo inefable. De decir: “esto fue profundo”, sin tener que explicarlo todo. Hoy en día, la escala Shulgin se sigue usando, no solo en contextos científicos o recreativos, sino en entornos terapéuticos donde se busca evaluar con precisión el impacto emocional y cognitivo de una experiencia. Es, en cierto modo, una brújula para navegar los estados no ordinarios de conciencia. Y, como toda buena brújula, no señala el norte… Señala hacia dentro.

 

Un legado que atraviesa generaciones

Alexander Shulgin no solo escribió los libros junto a su esposa Ann, ni solo sintetizó centenares de compuestos. Sino que ambos juntos abrieron caminos. Y lo hicieron con una mezcla única de rigor, sensibilidad y coraje. En el plano científico, su trabajo ha sido clave para entender cómo pequeñas modificaciones moleculares pueden generar experiencias profundamente distintas. Shulgin exploró sistemáticamente series completas de compuestos —como los 2C, los DOx o los ALEPH— documentando cada paso con meticulosidad, pero también con poesía entre matraces.

Muchos de los compuestos que hoy forman parte de terapias experimentales, como 2C-B, tienen su origen directo en su laboratorio doméstico. Es curioso como el contenido de sus publicaciones circula como reliquias entre investigadores independientes, terapeutas psiquedélicos y psiconautas de todo el mundo, mientras que las instituciones oficiales púbicas se empeñan en marginar y criminalizar gran parte de su trabajo.

Pero su legado va más allá de lo químico. Ann Shulgin, en especial, fue una pionera del acompañamiento emocional bajo los efectos de la MDMA para trabajar el concepto de la sombra desde la perspectiva Jungiana, mucho antes de que existieran protocolos clínicos. Ella entendía el alma humana. Sabía que algunas heridas no se curan con palabras, sino con presencia. Y, que a veces, una sola sesión puede cambiar el curso de una vida si está bien sostenida y cuidada.

Sus relatos sobre el trabajo con la sombra, recogidos en PiHKAL y TiHKAL, siguen siendo hoy una referencia ética y emocional para quienes usan sustancias, no desde la evasión, sino desde el deseo de conocer-se. Y es que,en todos sentidos, los Shulgin hicieron de lo psiquedélico algo profundamente humano y atemporal.

Y por eso su legado perdurará eternamente. No se tratan solo de compuestos fabricados en un laboratorio. Se trata de lo que esos compuestos nos muestran cuando sabemos escucharlos, y de lo que decidimos hacer con lo que descubrimos a través de ellos.

 

Si decides seguirles el rastro…

PiHKAL y TiHKAL no están hechos para hojearse de primeras como libros de consulta. Están pensados para leerse como se vive una narrativa histórica: de principio a fin. Los dos autores lo dejaronmuchas veces claro: no querían que se separara la parte narrativa de las síntesis químicas. Para ellos, ambos bloques eran una unidad inseparable. Lo vivido y lo investigado, lo emocional y lo molecular, formaban parte de un mismo viaje.

Y ese viaje solo puede entenderse cuando se recorre entero, como un mandala que solo se comprende del todo cuando se revela en su totalidad. La primera parte de ambos libros —que consta de relatos, diarios íntimos, reflexiones filosóficas y críticas a las políticas que restringen las libertades— es la puerta de entrada al universo personal, espiritual y ético que da sentido al resto. Solo después tiene sentido abrir el índice de compuestos, leer una síntesis o explorar los comentarios cuantitativos y experienciales al final de ellas.

Primero el alma, luego la estructura. Primero el porqué, luego el cómo. Después sí. Después puedes volver a cualquier entrada, releer un compuesto, o buscar una experiencia concreta que te resuene con un momento vital. Pero antes hay que comprender desde dónde nació todo esto. Por eso, si decides aceptar la invitación, empieza como ellos lo vivieron: con el corazón abierto, la mente dispuesta y el orden que da sentido. Léelos con respeto. No para saber, sino para recordar quién podrías llegar a ser.

 

Los mapas hacia otras dimensiones

Los Shulgin no ofrecieron respuestas cerradas. Ofrecieron preguntas bien formuladas. Y una lista de moléculas que podían acompañarlas, sin los filtros propios de los condicionamientos sociales establecidos. No construyeron un dogma, sino que diseñaron mapas hacia lo invisible, hacia lo no dicho y hacia lo que no se puede expresar sin cambiar de estado de conciencia. Pero ningún mapa sirve si uno no decide caminar. Y ningún compuesto vale si uno no está dispuesto a sentir. Por eso este artículo no busca homenajearlos desde la distancia. Busca que te acerques. Que los leas. Que los conozcas y que te reconozcas.

PiHKAL y TiHKAL no son libros para coleccionar. Son herramientas vivas para construir la conciencia. Y aunque algunas de sus síntesis ya no puedan sintetizarse legalmente, y sus nombres hayan sido eliminados de muchos papers científicos, no hay forma humana de eliminar una molécula del mundo una vez que ha sido descubierta. Como tampoco se puede eliminar un legado que ya está sembrado en miles de corazones.

Este artículo es mi forma de darles las gracias. De decirles que su fuego sigue encendido. Aunque sé que, por más que escribiera, nunca haría justicia al legado que nos dejaron. Alexander y Ann Shulgin fueron —y seguirán siendo— una pareja que cambió el rumbo de la humanidad, aunque la humanidad aún no sea consciente de ello.

 

Dedicatoria final

A Alexander y Ann Shulgin,

con todo el respeto de quien ha sido tocada por su obra

y ha decidido no quedarse callada.

Gracias por cartografiar el alma humana

con la precisión de un químico y la ternura de una terapeuta.

Por enseñarnos que el conocimiento sin experiencia es solo teoría,

y que la experiencia sin integración es solo ruido.

Gracias por hacer alquimia con vuestras vidas,

por no separar nunca la ciencia del corazón,

por defender la libertad interior como derecho sagrado.

Aunque este texto intente rendiros homenaje,

sé que no alcanza a reflejar el alcance real de vuestro legado.

Tal vez nada pueda.

Pero hoy, gracias a vosotros,

hay moléculas que laten en cuerpos humanos

y recuerdos que respiran en el silencio de los que han vuelto distintos.

Y eso, ya no se puede des inventar.

Nos dejasteis moléculas.

Nos dejasteis relatos.

Nos dejasteis mapas hacia otras dimensiones.

La humanidad aún no se ha dado cuenta del todo,

pero cuando lo haga,

recordará vuestros nombres como quienes sembraron las llaves del alma

en las páginas de dos libros que no deberían guardarse como reliquias,

sino usarse como brújulas.

Con gratitud feroz,

desde este lado del espejo,

 

Algunos recursos de interés relacionados con sus obras

 

https://www.muscaria.com/pihkal-tihkal-espanol-castellano.htm

https://www.vice.com/es/article/the-last-interview-with-alexander-shulgin-423-v4n5/

https://ulises.online/testimonio-psiconau/mdma-y-la-sombra/

https://ulises.online/testimonio-psiconau/trip-report-mdma-y-2c-b/

https://shulginfoundation.org/

https://maps.org/

ulises.online
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