José Camello Manzano

Entrevista realizada por Jonás Sánchez Pedrero. Agosto, 2025

De entre los ilustres «hombres libres» con que cuenta el Universo Ulises está José Camello Manzano. Nacido en Cáceres en 1965, es Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid. En 1988 fundó, junto a Fernando Moreiro, su propia productora audiovisual a la que llamaron (como no podía ser de otra manera viniendo de ellos): «Libre Producciones». Casi 40 años de trabajo donde ha firmado, junto a su equipo de irreductibles, un dilatado número de documentales, cortometrajes, vídeos musicales y producciones comerciales.

En el año 2013, José Camello filmó «El mal del arriero» un largometraje de ficción basado en su propia novela homónima, aunque es reconocido en la región por haber dirigido la serie documental «El lince con botas» de la que se han emitido hasta la fecha más de 750 episodios por Canal Extremadura Televisión.

Sin embargo, si por algo está hoy aquí José Camello Manzano es como autor del documental «Cielo e infierno: el concepto droga y las sustancias psicoactivas» (2002), del que hablaremos más adelante y cuyo guion está firmado a cuatro manos junto a la escritora y Licenciada en Filosofía Ana Baliñas (Santiago de Compostela, 1969) quien también hizo labores de documentación. Juntos forman un tándem libertario desde hace décadas.

Ana Baliñas y José Camello, un tándem libertario
Ana Baliñas y José Camello, un tándem libertario

Querido José, montar una productora audiovisual parece un riesgo en sí mismo. Hacerlo en Extremadura parece temerario, pero tener su sede en Herreruela (un pequeño pueblo cacereño de apenas trescientos habitantes rayano con Portugal y la provincia de Badajoz) lo convierte en toda una heroicidad.

¿Podrías contar a los lectores de Ulises el porqué del comienzo de «Libre Producciones»?

Je,je… El arranque tuvo que ver más con mi vocación por el cine, del que era espectador voraz, que por ejercer el periodismo, y más tras haber estudiado en aquella facultad, muy poco formativa por decirlo sutilmente. En realidad yo estudié periodismo para salir de Cáceres y vivir Madrid, de dónde saqué la conclusión de volver de inmediato a mi zona de confort y que lo mejor era montar la productora en casa, porque el audiovisual en Extremadura se reducía a la mínima expresión, literalmente además. Aprovechando la ceguera del entusiasmo y un mínimo colchón económico, más esa nada que nos rodeaba, Fernando y yo, y luego ya con la llegada de Ana, lo fuimos construyendo todo, pieza a pieza, con muchas dificultades, como cabía esperar, y no pocos frutos también. La cosa empezó a pintar bien. Y después de 18 años en Cáceres nos cansamos del desdén de la capital, empeñada en la autodestrucción, y nos mudamos a Herreruela, una aldea en la práctica, donde rehabilitamos una casa. Y doblamos la apuesta: los sobresaltos fueron mayores: hemos sido un paquebote ora en un río, ora en un pantano, ora en una charca, ora en el mar… dependiendo de las circunstancias, pero nunca varados. Como el «Marcovaldo» de Italo Calvino, que lo intenta y no siempre van las cosas bien, pero nunca se rinde. Toquemos madera. Ahora somos cinco, incluidos los imprescindibles Carmen Sierra y Alejandro García, que llevan 14 años con nosotros. Y cada uno trabajando desde su lugar de residencia, algo impensable hace años. El contexto de austeridad, cuando no de precariedad, en que nos hemos movido siempre, quizás explique haber alcanzado 37 años consecutivos de actividad, sin un solo día de paro, pandemia aparte. Realmente suena inexplicable, casi sobrenatural. Cada vez que sufrimos un revés profesional (y han sido muchos) salimos mi pareja (Ana) y yo al campo y nos paramos a pensar en cómo hemos conseguido vivir del audiovisual en una comunidad como esta -muy madrastra en la segunda acepción del diccionario-, sin otros ingresos que los propios, con un estilo de vida coherente con la decisión inicial, y se nos pasa el disgusto. Y creando empleo además… En fin, divago…

Grabación de El lince con botas
Grabación de El lince con botas

Todos vuestras producciones tienen un márchamo de crítica social y conciencia ecologista, lo que no siempre ha sido bien recibido por las autoridades de turno «de cuyos nombres no nos acordaremos». Por seguir con el símil cervantino, sé que vuestra quijotesca «libertad» se ha visto perjudicada, ¿podrías enumerar alguna de las consecuencias que os ha traído vuestro compromiso con la región?

Los años que vivimos entre 2006 y 2011, cuando se alentaban aquí con total desmesura política y mediática algunos desvaríos en forma de proyectos de «industrialización» de la región, fueron muy duros para nosotros, a nivel profesional y especialmente en la índole personal. Fueron difíciles de asumir, no ya el pensamiento único y el abuso de poder, más bien la mala educación, lo inmisericorde del trato en las altas instancias. Por entonces hicimos el documental «Mientras el aire es nuestro» en defensa y con el argumento de la movilización ciudadana, que no sentó bien en los despachos, y menos que se proyectara dentro y fuera de la región. Y varios episodios de El Lince con Botas con el mismo perfil directamente se censuraron en la televisión pública, con argumentos pueriles. Enfrentarnos nos costó cinco años de travesía por el desierto, de veto televisivo en la región, con una pérdida económica importante y un daño sicológico del que cuesta recuperarse. Fue una paliza. Nos cayó además una damnatio memoriae por parte de la prensa oficialista de la región que dura hasta la fecha, ya por costumbre. Contra quien se cree Roma es mejor no enemistarse, dirán ellos, aunque no sean ni un castrum, digo yo, Por lo demás, en contraposición a los agravios, recibimos un aluvión de reconocimiento, en público y en privado, que además contribuyó no poco a nuestra continuidad. En fin, quedó la etiqueta de conciencia y crítica como esparadrapos y se cerró la herida. Y además aquello se superó, volvimos a trabajar para la televisión pública y llevamos ya catorce años consecutivos contando la región desde nuestra óptica, colaborando con ella en buena sintonía, lo cual habla por sí solo de la mejora. Y queremos que siga así mucho tiempo.

Mientras el aire es nuestro «no sentó bien en los despachos»
Mientras el aire es nuestro «no sentó bien en los despachos»

Consuela saber que las aguas vuelven a su cauce. La obra queda y «la oficialidad» pasa. Entiendo que vuestro trabajo también os habrá reportado parabienes «en público y en privado». ¿Qué reconocimientos os ha reportado vuestro trabajo? ¿Qué os ha reconfortado más?

Lo reconfortante es que cuando viajas para hacer tu trabajo por Extremadura -que es demasiado enorme-, esencialmente la serie «El Lince», tantas personas con las que te cruzas lo conozcan, lo sigan o al menos les suene para bien. Y que, tal y cómo está el mundo televisivo, todo dios a quien invitas a participar en el programa y contar su relato conteste afirmativamente, y le parezca interesante y no un marrón. Es más que suficiente, siempre sienta estupendamente. Y no es postureo, porque aquí en la productora somos gente huidiza, muy, muy discreta, enseguida nos avergonzamos. Por lo demás, los premios en esta época no llegan porque no hacemos vida social, yo estoy dejando incluso la cerveza, y ya ni siquiera nos presentamos: festivales, certámenes, representan lo «exitoso», la «visibilidad», y ahora mismo casi hay uno por pueblo. Una pieza más en el engranaje neoliberal para facturar creando rivalidades: por ejemplo, ¿pagar por inscribir tu película en festivales, a través de plataformas? Es aberrante, como decirle al músico que toque no ya sin cobrar, sino pagando, con el argumento de que hay muchos, muchos, muchos más… En fin…Otros entran por la puerta grande porque no se cansan de hacer genuflexiones. A nosotros los reconocimientos nos llegaron en su día, hace tiempo. Nos premiaron asociaciones ecologistas, en defensa de los ríos o de los derechos humanos; gestores culturales, plataformas ciudadanas, ayuntamientos…o en festivales sobre la memoria rural, la paz, el patrimonio cultural o el medio ambiente. Vamos, un curriculum de influencers, je,je… Siempre, en cualquier caso, viniendo de personal o de organizaciones del entresuelo de la cultura, por no decir del sótano. Es decir, donde están y trabajan todos los que no saldrán en la vida en El País y que obviamente serán siempre los imprescindibles a los que aludía Bretch…Así que, por ahí, contentos.

Libre Producciones en el año del rodaje de Cielo e infierno: el concepto de droga y las sustancias psicoactivas (2002)
Libre Producciones en el año del rodaje de Cielo e infierno: el concepto de droga y las sustancias psicoactivas (2002)

Dentro de vuestros «linces» os habéis ocupado de algunos habitantes del Universo Ulises como Pedro Sánchez González o Jonás Sánchez Pedrero. Durante una de las grabaciones comentasteis a este último que si la producción audiovisual ya es complicada, tocar ciertos temas como las drogas se torna peliagudo. ¿Creéis que las drogas son el último tabú?

No creo que sea el ultimo tabú. Para la producción audiovisual hay otros grandes clásicos que el territorio mainstream no toca, como la salud mental, el suicidio, la prostitución, me atrevería a decir que la esclavitud laboral…(puedo citar la adicciones en general, o el desnudo frontal masculino en particular). Ciñéndonos a España y en cuanto a las drogas, las ficciones, si es que surgen, se vertebran en base a los tópicos: el hedonismo, el crimen, el gamberreo, la marginalidad… De divulgación e informativos, mejor no hablar, es la estrategia del silencio, como en la educación reglada. Y en el ámbito documental hay contadas excepciones, y por experiencia sabemos que significan veneno para la taquilla, eufemísticamente hablando. Hablar sobre drogas sin seguir el rumbo moral o el de los lugares comunes de la transgresión y el drama da mucha pereza a quien quiere hacer dinero con un documental, sea productor, distribuidor o emisor. Y a quien no le da pereza, le queda subirse al trapecio y hacer equilibrismos, y no tanto para grabar como para encontrar una pantalla. Resulta paradójico que en una sociedad como la española, donde el consumo de drogas, legales o no, es creciente y de fácil comprobación, te informes donde te informes y hagas lo que hagas en tu día a día, apenas sea motivo de conversación, no digamos ya en los medios. Hace poco leí que era una «conversación ausente», me quedé con el término, porque se puede aplicar a muchos temas.

Sin embargo, vosotros hicisteis una larga «conversación presente». Setenta y cinco minutos de documental por donde desfilan algunas de las autoridades en materia de drogas de este país. De dónde parte la idea de grabar «Cielo e infierno: el concepto de droga y las sustancias psicoactivas».

Sí, fue en el año 2002. El detonante fue la lectura minuciosa de la Historia general de las drogas de Escohotado, por parte de la guionista Ana Baliñas. Ello nos llevó a darnos cuenta del tremendo hueco que existía al respecto en la producción audiovisual. Tampoco es que hiciera falta mucha perspicacia, pero bueno…Así que nos propusimos filmar un documental que reaccionara contra lo compulsivo que, por entonces y aún hoy, sigue determinando la visión del mundo occidental sobre el tema. Es decir, ilustrar sobre los usos ancestrales, o los diferentes aspectos de las drogas, desde la etimología, que era un prólogo muy revelador, a las cuestiones culturales, médicas, éticas, psicológicas o sociales y políticas, como la perversión del concepto de salud pública, del que nunca saldremos de nuestro asombro. Intentando también no caer en el lugar común, tampoco visualmente. Así surgió el proyecto, nos pareció oportuno…El título era un obvio homenaje a Huxley y el subtítulo una declaración de principios, como la sinopsis, que tardamos medio siglo en redactar: «Frente al singular concepto de droga, la variedad de principios químicos psicoactivos… De los usos ancestrales a los que inauguró la historia médica y legal de nuestro mundo, una sociedad que forjó, noticia a noticia, nuestra propia connotación, nuestro característico prejuicio». Y repentinamente nos vimos viajando por la península a entrevistar al propio Escohotado (con quien habíamos colaborado meses antes en un cortometraje experimental), a Fericglá en su casa de Barcelona o a Juan Carlos Usó en Castellón, así como a expertos en ayahuasca como Marcelino Chumpí o el chamán Carlos Grefa, entre otros especialistas que lo dieron todo. Resultó una experiencia de lujo conversar con tanta gente lúcida, y nos abrió las ojos a poder seguir haciendo trabajos del estilo, un documental de creación en versión modesta, sin vanidad, y sobre todo lógico, muy dialéctico. Lo que se traduce en setenta y cinco minutos de materia estructurada por Ana, y dividida en capítulos, como el libro que no podía ser, je,je…

Cartel del documental
Cartel del documental

¿Podrías contarnos cómo era Antonio Escohotado en las distancias cortas? ¿Cómo fue el trato con el ilustre «ulisiano» Juan Carlos Usó? ¿Podrías contar alguna anécdota?

Tanto uno como otros fueron piezas claves para «Cielo e infierno…», por supuesto. Con Escohotado, que tenía una voz excepcional, habíamos colaborado un par de años antes: nos hizo una lectura admirable de un poema de Blas de Otero para uno de nuestros primeros cortometrajes, «El domador de palabras». Como la entrevista posterior para el documental, aquello lo grabamos en su casa, con total naturalidad. Y fue un anfitrión excelente en las dos ocasiones. Tanto él como Usó dan el perfil ideal que buscamos para nuestros programas, personas educadas en la conversación y a quienes no les inmutan las entrevistas amplias, muy largas, como fue el caso. Y sin el más mínimo reparo ante la cámara, ya procuramos también desenvolvernos sin artificio, que es lo que más incomoda en una grabación, en mi opinión. Para la entrevista con Juan Carlos nos hicimos 1.400 kilómetros entre ida y vuelta a Castellón, en octubre de 2002, y grabamos en la Biblioteca en la que trabajaba. Una persona de una amabilidad y predisposición fantásticas. Nos dedicó su libro «Drogas y cultura de masas» con una divertida alusión a que esperaba que su entrevista nos compensara tanto kilómetro, y ya entonces le dejamos claro que así había sido. Con él no cuentan las distancias. Antonio nos obsequió a su vez con una dedicatoria frugal en «El espíritu de la comedia», lo que ya es bastante, porque a menudo somos muy absorbentes y podemos grabar del orden de 3 ó 4 horas de bruto en una entrevista. En aquel tiempo aún se podía fumar ante las cámaras, y de hecho aparece fumando en plano. Y alguna vez se coló también el humo de los American Spirit de Ana, que preparó e hizo las entrevistas, para mi fortuna.

Dedicatorias autógrafas de Escohotado y Usó al equipo de Libre Producciones

A estas alturas de entrevista, la pregunta parece obligada: ¿Qué relación habéis mantenido con las drogas? ¿Probasteis en algún momento alguna «sustancia psicoactiva»?

Pues a pesar de mi apellido, quizás defraude aún más a los lectores de «Ulises», dado que personalmente no he mantenido la menor relación con ellas, al menos física, con la excepción de la cerveza y el vino. Soy hijo de tabernero, huidizo y nada impulsivo. Pero bueno, en «Venid a las cloacas», el documental sobre La Banda Trapera del Río se contaba que lo más problemático para afianzar a su bajista no eran el costo, la heroína, las rayas o los tripis, sino el enganche que tenía a la Voll Damm, que es la que bebo yo, así que quizás tuviera mucho que contar al respecto de esta sustancia, je,je…En fin, el resto de mujeres y hombres de la productora han nacido en los sesenta, los setenta y los ochenta, sui temporis sunt y han sido más sociables que un servidor, me consta mayor su experiencia en este sentido. Yo soy un anacronismo.

Este «decoración anacrónica» convive en armonía con el tándem libertario desde el año 2000
Esta «decoración anacrónica» convive en armonía con el tándem libertario desde el año 2000

También en lo audiovisual, en todo caso. Aparte del rodaje de «Cielo e infierno», dentro de tu desempeño audiovisual ¿a quien/quienes destacarías por su conocimiento farmacológico? Y en este sentido ¿no consideras que hay un saber rural que se está perdiendo?

Para la serie «El Lince con Botas» hemos tratado con hombres y mujeres expertos en plantas medicinales, sobre los principios activos en su estado natural, y su uso tradicional como remedios naturales para curar a nivel doméstico, pero también urbano y agrícola. En bastantes ocasiones, además, la mayor parte de las veces con gente local, nacida o residente en Extremadura. Con estudios o autodidactas. Uno de ellos, José Cárceles, era una institución, un auténtico especialista en botánica, de un saber y un trato exquisitos. Hemos tratado incluso acerca de los primeros boticarios, los Villalobos, que en el siglo XVIII daban noticia de los nombres vernáculos de las plantas, sus usos y virtudes, con un rigor científico admirable. Pero sí, los saberes se están perdiendo, es un hecho porque la gente muere y no le dejan a Caronte los tomos, porque además interesan a una minoría, una minoría enorme pero asediada por la monopolización del fármaco para la industria, el registro y la patente. Lo que no podían sospechar las generaciones anteriores es que todo iba a transformarse de manera tan radical y que los remedios antiguos perderían la consideración que tenían. Al fin y al cabo son fruto de un saber empírico, de ensayo y error, de la humildad y la prudencia. Y ahora despiertan curiosidad, pero sobre todo escrúpulo y abandono. Existe, desde luego, un esfuerzo de mucha gente por rescatar al recolector primitivo y la transmisión de la experiencia, pero no me extrañaría que perdieran la paciencia, porque cuesta mucho tiempo y esfuerzo y las recompensas son escasas.

Grabación El lince con botas
Grabación El lince con botas

Creo que poca gente debe conocer Extremadura como vosotros, tras casi cuarenta años de recorrerla para documentarla. De los innumerables viajes que habéis hecho por la región habréis conocido multitud de paisajes y paisanajes. Como sé que hay muchos lectores de Ulises que están deseando conocer vuestra tierra ¿qué lugar y qué personas, recomendarías a los lectores que no deberían perderse si vinieran a Extremadura?

Pues necesitaría una semana para hacer inventario, pero lo primero pararse en Hervás o Baños de Montemayor -donde se le encuentre-, con Jonás Sánchez Pedrero, a charlar de su obra o de la de Víctor Chamorro, a quien tanto conoció, y que sin duda fue uno de los mejores escritores de habla castellana. A partir de ahí todo se entenderá mejor, la naturaleza, la historia y la idiosincracia de Extremadura. Yo, uniéndolas, pues me atrevo a recomendar el puente de Alcántara, y de paso conocer la obra del fotógrafo local Remigio Mestre. El telúrico berrocal de Peraleda de San Román, el valle de los Tejos en las Hurdes o la Sierra de Alor, en el entorno de Olivenza, son parajes para echarles de comer aparte, como Cabañas del Castillo, en las Villuercas. Y para comer el asador de Jola, a un paso literal de Portugal. Parar a ver donde se pueda la obra plástica de Manuel Hernández en Cáceres o no perderse un segundo de la música de Milo Ke Mandarini en La Vera, o de Javi Teona en Plasencia. Coincidir con el historiador Chuchi de Azevo en su pueblo de la Sierra de Gata, acercarse a Bodonal de la Sierra para comprarle quesos a Mamá Cabra o detenerse en Badajoz para dedicar la tarde en la catedral a los tapices flamencos del siglo XVI y en el Arqueológico a las estelas de la protohistoria. La asombrosa biodiversidad microscópica de nuestras charcas puede enseñarlas Nacho Benvenuty. No olvidar las gárgolas onanistas de la iglesia de Montehermoso. O pararse en cualquier sitio a ver cualquier ave maravillosa. De lejos, lo mejor que tenemos. Y si se quiere saber de plantas y remedios, hacer una ruta con Carmen García Donoso en Alburquerque. ¿Más artistas? Juan M. Acevedo trabaja la madera en Torremayor, en su Estudio Taller Sierra: Azzurea diseña y fabrica joyas en Montijo y otro Sánchez, Pedro, pinta en Hornachos, y cerramos el círculo, porque es el padre de Jonás. En fin, hay un Lince con Botas para cada necesitado… Pero, venga quien venga, cuidadito con ensuciar, que se las verá conmigo…

Instantánea del rodaje El mal del arriero (2013)

Instantánea del rodaje El mal del arriero (2013)
Instantánea del rodaje El mal del arriero (2013)

¡Vaya! Quedamos abrumados por tantas referencias y tan precisas. El equipo Ulises toma buena nota de tus recomendaciones que no sabemos muy bien como agradecer. Solo nos queda congratularnos por el tiempo que nos has dedicado y el excelente trabajo que realizas por la región. El Lince con botas sea quizá el mejor archivo histórico, medioambiental, cultural y antropológico de Extremadura. No estaría de más que la Junta prestigiase sus Medallas adjudicándoles una a esta productora de hombres libres que llevan trabajando por recuperar el patrimonio humano y cultural, desde hace casi cuatro décadas.

Muchas gracias por todo José.

[Tras finalizar la entrevista el equipo Ulises recibió un mail con esta fotografía]
[Tras finalizar la entrevista el equipo Ulises recibió un mail con esta fotografía]

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